miércoles, 24 de junio de 2026

7 de cada 10

Una de esas noticias que llamaron mi atención, lejos de las relacionadas con todos los escándalos que afectan a la política, ha sido la relacionada con una cifra, la que da título a este artículo: 7 de cada 10 peregrinos a Santiago de Compostela inician su peregrinar en la Villa de Sarria. Esta cifra adquiere un significado especialmente revelador en la provincia de Lugo.

Las razones son varias, entre ellas la logística, la tradición y el hecho de que la distancia a recorrer hasta Santiago se corresponde con los 100 Kilómetros necesarios para obtener la Compostela.

Lejos de ser un detalle menor, esta cifra se convierte en un pilar sobre el que descansa buena parte del impacto cultural, social y económico de este Camino en nuestra provincia. Lo que sucede en Sarria se proyecta a muchas otras localidades convirtiendo este territorio en una infraestructura viva de un fenómeno internacional.

El fenómeno encerrado en esta cifra no es un caso aislado. En otros lugares y en diferentes contextos históricos, se dan situaciones similares que marcan economías enteras. Un ejemplo de ello lo he podido conocer recientemente al visitar la región de Normandía, donde el famoso desembarco del 6 de junio de 1944, ha generado una fuerte actividad turística en aquella zona costera de Francia. Allí, al igual que en este tramo del Camino, un porcentaje muy alto de visitantes han terminado por potenciar la economía de la región.

En este contexto, 7 de cada 10 supone un alto nivel de concentración, dejando de ser un dato numérico y convirtiéndose en un dato estructural. Así en Sarria esa cifra ha supuesto que pase de ser una pequeña Villa a convertirse en un referente universal del Camino, un punto de paso señalado en las rutas de peregrinación.

Algunas cifras ayudan a entender mejor lo que representa hoy el Camino para Lugo. En apenas nueve días llegaron en tren a Sarria 1.821 viajeros. En un solo día llegaron en un mismo tren más de doscientas personas, casi todas peregrinos. Hace no tanto pocos podrían pronosticar esta escena.

Pero este porcentaje del 70%, que 7 de cada 10 personas hagan lo mismo no es solo una preferencia, sino una tendencia dominante. Lo podemos ver en otros ejemplos: siete de cada diez europeos viven en ciudades. No son cifras equivalentes, pero si representan un mismo fenómeno: la capacidad de algunos lugares para concentrar y redefinir el territorio que los rodea.

En nuestra provincia no abundan las oportunidades económicas y durante décadas han sido demasiadas las aldeas y núcleos rurales las que han vivido esforzándose en no desaparecer. En este escenario el Camino ha adquirido un valor que supera las estadísticas. Antiguas casas cerradas o abandonadas se están convirtiendo en albergues turísticos y cada peregrino que llega pone en marcha una cadena de actividad que genera empleos. No resuelve el reto demográfico ni el económico, pero nos recuerda algo importante, que el Camino no solo trae visitantes, sino que nos devuelve posibilidades. Y Lugo no anda sobrada de ellas. 

La ciudad de Lugo comparte con Sarria el privilegio de ser el punto en que se cumplen los 100 kilómetros requeridos para obtener la Compostela. Si a eso le sumamos el aliciente de tener la Exposición Permanente del Santísimo Sacramento, la Muralla Patrimonio de la Humanidad, y ser un referente del Camino Primitivo, es difícil comprender por qué en lo que va de siglo el Ayuntamiento no se ha molestado en potenciar este tema más allá de poner unas letras grandes en una avenida.

Confío en que el nuevo gobierno local se esfuerce en esta dirección, porque aumentar el flujo de peregrinos que eligen Lugo para iniciar el Camino también influirá en poner fin a la vieja demanda de mejorar las abandonadas y olvidadas conexiones ferroviarias. 


7 de cada 10

Unha desas noticias que chamaron a miña atención, lonxe das relacionadas con todos os escándalos que afectan á política, foi a relacionada cunha cifra, a que dá título a este artigo: 7 de cada 10 peregrinos a Santiago de Compostela inician o seu peregrinar na Vila de Sarria. Esta cifra adquire un significado especialmente revelador na provincia de Lugo.

As razóns son varias, entre elas a loxística, a tradición e o feito de que a distancia para percorrer ata Santiago correspóndese cos 100 Quilómetros necesarios para obter a Compostela.

Lonxe de ser un detalle menor, esta cifra convértese nun piar sobre o que descansa boa parte do impacto cultural, social e económico deste Camiño na nosa provincia. O que sucede en Sarria proxéctase a moitas outras localidades convertendo este territorio nunha infraestrutura viva dun fenómeno internacional.

O fenómeno encerrado nesta cifra non é un caso illado. Noutros lugares e en diferentes contextos históricos, danse situacións similares que marcan economías enteiras. Un exemplo diso púideno coñecer recentemente ao visitar a rexión de Normandía, onde o famoso desembarco do 6 de xuño de 1944, xerou unha forte actividade turística naquela zona costeira de Francia. Alí, o mesmo que neste tramo do Camino, unha porcentaxe moi alta de visitantes terminaron por potenciar a economía da rexión.

Neste contexto, 7 de cada 10 supón un alto nivel de concentración, deixando de ser un dato numérico e converténdose nun dato estrutural. Así en Sarria esa cifra supuxo que pase de ser unha pequena Villa a converterse nun referente universal do Camiño, un punto de paso sinalado nos roteiros de peregrinación.

Algunhas cifras axudan a entender mellor o que representa hoxe o Camiño para Lugo. En apenas nove días chegaron en tren a Sarria 1.821 viaxantes. Nun só día chegaron nun mesmo tren máis de duascentas persoas, case todas peregrinos. Fai non tanto poucos poderían prognosticar esta escena.

Pero esta porcentaxe do 70%, que 7 de cada 10 persoas fagan o mesmo non é só unha preferencia, senón unha tendencia dominante. Podémolo ver noutros exemplos: sete de cada dez europeos viven en cidades. Non son cifras equivalentes, pero se representan un mesmo fenómeno: a capacidade dalgúns lugares para concentrar e redefinir o territorio que os rodea.

Na nosa provincia non abundan as oportunidades económicas e durante décadas foron demasiadas as aldeas e núcleos rurais as que viviron esforzándose en non desaparecer. Neste escenario o Camiño adquiriu un valor que supera as estatísticas. Antigas casas pechadas ou abandonadas están a converterse en albergues turísticos e cada peregrino que chega pon en marcha unha cadea de actividade que xera empregos. Non resolve o reto demográfico nin o económico, pero lémbranos algo importante, que o Camiño non só trae visitantes, senón que nos devolve posibilidades. E Lugo non anda sobrada delas. 

A cidade de Lugo comparte con Sarria o privilexio de ser o punto en que se cumpren os 100 quilómetros requiridos para obter a Compostela. Se a iso sumámoslle o aliciente de ter a Exposición Permanente do Santísimo Sacramento, a Muralla Patrimonio da Humanidade, e ser un referente do Camiño Primitivo, é difícil comprender por que no que vai de século o Concello non se molestou en potenciar este tema máis aló de poñer unhas letras grandes nunha avenida.

Confío en que o novo goberno local se esfuerce nesta dirección, porque aumentar o fluxo de peregrinos que elixen Lugo para iniciar o Camiño tamén influirá en poñer fin á vella demanda de mellorar as abandonadas e esquecidas conexións ferroviarias.


miércoles, 10 de junio de 2026

Cloacas

Fiel a mi costumbre de citar y buscar referencias en el diccionario de la Real Academia Española, he buscado la definición de cloaca y me quedo con esta parte de la definición: alcantarilla destinada al desagüe de inmundicias. No sé a ustedes, pero a mí esta definición inmediatamente me trajo a la mente una imagen desagradable, la de unos conductos oscuros por los que transitan toda clase de residuos malolientes y que por tradición en las sociedades avanzadas se prefieren mantener ocultos bajo tierra.

Lo cierto es que desde hace años esta palabra ha pasado de formar parte de la terminología urbanística a la política, utilizándose para referirse a toda clase de maniobras desarrolladas a espaldas de la luz pública, sin transparencia, y en los márgenes de la legalidad democrática.

Las reiteradas noticias relacionadas con los ya insoportables casos de alteración de las normas de conducta democrática en el entorno personal y político de quien vino con la excusa de acabar con la corrupción y regenerar la vida política en España, ha vuelto a situar esta palabra, cloacas, en el centro del debate político. Lo que se está conociendo, fruto de rigurosas investigaciones policiales, no es otra cosa una presunta trama, organizada desde el partido en el poder, destinada a obstaculizar, interferir o desacreditar actuaciones judiciales, periodísticas y policiales que afectan al partido socialista, al Gobierno o a su presidente.

Con independencia de lo que finalmente determinen los tribunales encargados de juzgar estos graves acontecimientos, lo que ya existe entre muchos ciudadanos es la sensación de ser testigos, día tras día, de una sucesión de informaciones que desprenden un olor cada vez más difícil de soportar. Al igual que lo que sucede cuando una alcantarilla rebosa o un colector revienta, el problema deja de estar oculto y el tufo de los malos olores apesta a todo el entorno.

Pienso que las democracias no pueden funcionar ni conducirse por conductos ocultos, redes subterráneas, destinadas a proteger los intereses de unos perjudicando al resto, a la mayoría de ciudadanos. Cuando afloran indicios más que evidentes de que los principios fundamentales que sustentan una democracia, como la separación de poderes, y el respeto por las instituciones, resulta intolerable que la respuesta esté siendo la de intentar silenciarlos, minimizar o descalificar a quienes los investigan.

Y todo ello acontece mientras España registra una de las tasas más elevadas de pobreza infantil de toda la Unión Europea, el acceso a la vivienda es una quimera para miles de familias, o la cesta de la compra se ha encarecido un 40% en estos últimos cinco años. Problemas que deberían ocupar la prioridad de cualquier gobierno decente, en lugar de dedicar energías, recursos y toda clase de esfuerzos a esta clase de alcantarillado político, causante del olor nauseabundo generado no sólo en estas operaciones de cloacas, sino también por la sensación de abandono que producen unas instituciones más preocupadas en protegerse a sí mismas que en afrontar los problemas reales de los españoles.

Las cloacas tarde o temprano terminan por desprender olor, y cuando se haga irrespirable, la única solución será la ventilación democrática: abrir ventanas, esclarecer hechos y exigir asunción de responsabilidades donde corresponda. Es la única manera de dejar atrás este ambiente enrarecido y comenzar una nueva etapa basada en la ejemplaridad pública y el fortalecimiento de nuestras instituciones.
Cloacas

Fiel ao meu costume de citar e buscar referencias no dicionario da Real Academia Española, busquei a definición de cloaca e quédome con esta parte da definición: sumidoiro destinado ao desaugadoiro de inmundicias. Non sei a vostedes, pero a min esta definición inmediatamente tróuxome á mente unha imaxe desagradable, a duns condutos escuros polos que transitan toda clase de residuos pestilentes e que por tradición nas sociedades avanzadas prefírense manter ocultos baixo terra.

O certo é que desde hai anos esta palabra pasou de formar parte da terminoloxía urbanística á política, utilizándose para referirse a toda clase de manobras desenvolvidas ás costas da luz pública, sen transparencia, e nas marxes da legalidade democrática.

As reiteradas noticias relacionadas cos xa insoportables casos de alteración das normas de conduta democrática na contorna privado e político de quen veu coa escusa de acabar coa corrupción e rexenerar a vida política en España, volveu a situar esta palabra, cloacas, no centro do debate político. O que se está coñecendo, froito de rigorosas investigacións policiais, non é outra cousa unha presunta trama, organizada desde o partido no poder, destinada a obstaculizar, interferir ou desacreditar actuacións xudiciais, xornalísticas e policiais que afectan o partido socialista, ao Goberno ou ao seu presidente.

Con independencia do que finalmente determinen os tribunais encargados de xulgar estes graves acontecementos, o que xa existe entre moitos cidadáns é a sensación de ser testemuñas, día tras día, dunha sucesión de informacións que desprenden un cheiro cada vez máis difícil de soportar. O mesmo que o que sucede cando un sumidoiro excede ou un colector rebenta, o problema deixa de estar oculto e o tufo dos malos cheiros apesta a toda a contorna.

Penso que as democracias non poden funcionar nin conducirse por condutos ocultos, redes subterráneas, destinadas a protexer os intereses duns prexudicando ao resto, á maioría de cidadáns. Cando afloran indicios máis que evidentes de que os principios fundamentais que sustentan unha democracia, como a separación de poderes, e o respecto polas institucións, resulta intolerable que a resposta estea a ser a de intentar silencialos, minimizar ou descualificar a quen os investiga.

E todo iso acontece mentres España rexistra unha das taxas máis elevadas de pobreza infantil de toda a Unión Europea, o acceso á vivenda é unha quimera para miles de familias, ou a cesta da compra encareceuse un 40% nestes últimos cinco anos. Problemas que deberían ocupar a prioridade de calquera goberno decente, en lugar de dedicar enerxías, recursos e toda clase de esforzos a esta clase de rede de sumidoiros política, causante do cheiro nauseabundo xerado non só nestas operacións de cloacas, senón tamén pola sensación de abandono que producen unhas institucións máis preocupadas en protexerse a si mesmas que en afrontar os problemas reais dos españois.

As cloacas tarde ou cedo terminan por desprender cheiro, e cando se faga irrespirable, a única solución será a ventilación democrática: abrir fiestras, esclarecer feitos e esixir asunción de responsabilidades onde corresponda. É o único xeito de deixar atrás este ambiente enrarecido e comezar unha nova etapa baseada na exemplaridade pública e o fortalecemento das nosas institucións.