miércoles, 30 de diciembre de 2009

Cuestión de confianza y optimismo

Como estas líneas se publicarán a escasas horas de las campanadas de fin de año, quisiera referirme a un artículo que Fernando Fernández publicaba en El economista y que, bajo el título de “Ya casi no quedan optimistas”, realiza un repaso a la coyuntura económica y social del último año y a las nubes que todavía permanecerán en el cielo durante 2010.

Comparto su diagnóstico y sin entrar en tecnicismos vayan a continuación nuestras coincidencias: 2009 ha sido un año horrible, en la próxima primavera la tasa de paro estará en el 20%, habremos perdido mas de un año discutiendo si estamos en crisis o en desaceleración, la deuda pública ya es un problema, la reforma laboral continúa pendiente, se desperdició la oportunidad de hacer la reestructuración bancaria, tres de cada cuatro españoles califican la situación económica de mala o muy mala y siete de cada diez piensan que el 2010 será igual o peor. Lo dejamos aquí.

Cuando el articulista afirma que “se podía haber hecho peor, pero era difícil”, lo que hace es, en pocas palabras, expresar lo que muchos ciudadanos piensan desde hace meses. Ahora que se anuncian medidas, algunas disparatadas, nos preguntamos muchos por qué no se tomaron antes, por qué se dejó pasar tanto tiempo, y la verdad es que sólo el hecho de que al gobierno se le pusieran las cosas algo más cuesta arriba ha provocado su reacción, y me refiero especialmente a una cuestión leída en el citado artículo: el endurecimiento de las condiciones financieras a los países con altos o crecientes niveles de endeudamiento, caso de España.

Sin duda, muchos lectores no necesitarán de la lectura de diarios económicos ni de artículos como el aquí comentado para darse cuenta que, por mucho optimismo que se pida desde el gobierno, será difícil contagiarse de tan necesaria cualidad cuando, al meter la mano en el bolsillo, cada vez salen menos euros, cuando las dificultades para llegar a final de mes ya surgen antes de superar el día 15, cuando el puesto de trabajo se ha perdido, peligra o resulta misión casi imposible para los que aspiran a encontrarlo. Al presidente del gobierno le he escuchado repetidas veces decir, desde la tribuna del Congreso de los Diputados, que la economía es cuestión de confianza. Y si así fuera, muy mal nos irá la economía en los próximos meses, porque las encuestas oficiales dicen que los ciudadanos españoles han perdido mucha confianza en su gobierno. Posiblemente esta sea una de las razones por las que ya casi no queden optimistas entre nosotros, y así resulte todavía más complejo salir de esta situación a la que nunca deberíamos haber llegado de tener al mando de la nave a un responsable capitán y a una experta tripulación.

Que termine ya el 2009 y para vosotros, optimistas y pesimistas, un feliz 2010 que ante todo nos traiga felicidad y salud.


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Cuestión de confianza e optimismo

Como estas liñas publicaranse a escasas horas das badaladas de fin de ano, quixese referirme a un artigo que Fernando Fernández publicaba no economista e que, baixo o título de "Xa case non quedan optimistas", realiza un repaso á conxuntura económica e social do último ano e ás nubes que aínda permanecerán no ceo durante 2010.

Comparto o seu diagnóstico e sen entrar en tecnicismos vaian a continuación as nosas coincidencias: 2009 foi un ano horrible, na próxima primavera a taxa de paro estará no 20%, perdemos mais dun ano discutindo se estamos en crise ou en desaceleración, a débeda pública xa é un problema, a reforma laboral continúa pendente, desperdiciouse a oportunidade de facer a reestruturación bancaria, tres de cada catro españois cualifican a situación económica de mala ou moi mala e sete de cada dez pensan que o 2010 será igual ou peor... Deixámolo aquí.

Cando o articulista afirma que "podíase facer peor, pero era difícil", o que fai é, en poucas palabras, expresar o que moitos cidadáns pensan desde hai meses. Agora que se anuncian medidas, algunhas disparatadas, preguntámonos moitos por que non se tomaron antes, por que se deixou pasar tanto tempo, e a verdade é que só o feito de que ao goberno puxésenselle as cousas algo máis costa arriba provocou a súa reacción, e refírome especialmente a unha cuestión lida no citado artigo: o endurecemento das condicións financeiras aos países con altos ou crecentes niveis de endebedamento, caso de España.

Sen dúbida, moitos lectores non necesitarán da lectura de diarios económicos nin de artigos como o aquí comentado para darse conta que, por moito optimismo que se pida desde o goberno, será difícil contaxiarse de tan necesaria calidade cando, ao meter a man no peto, cada vez saen menos euros, cando as dificultades para chegar a final de mes xa xorden antes de superar o día 15, cando o posto de traballo perdeuse, periga ou resulta misión case imposible para os que aspiran a atopalo. Ao Presidente do goberno escoiteille repetidas veces dicir, desde a tribuna do Congreso dos Deputados, que a economía é cuestión de confianza. E se así fóra, moi mal nos irá a economía nos próximos meses, porque as enquisas oficiais din que os cidadáns españois perderon moita confianza no seu goberno. Posiblemente esta sexa unha das razóns polas que xa case non queden optimistas entre nós, e así resulte aínda máis complexo saír desta situación á que nunca deberiamos chegar de ter ao mando da nave a un responsable capitán e a unha experta tripulación.

Que termine xa o 2009 e para vós, optimistas e pesimistas, un feliz 2010 que ante todo nos traia felicidade e saúde.

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