domingo, 30 de agosto de 2009

Regresos

Estos días una de las palabras que más escuchamos y leemos es la de “regreso”. Regresamos de las vacaciones, regresamos a la normalidad... En otras ocasiones, queriendo decir lo mismo utilizamos expresiones como el comienzo del curso político, la vuelta al colegio...

El verano a algunos les sirve para aparcar temporalmente sus principales preocupaciones, a otros para descansar merecidamente, aunque también los hay que trabajan más que nunca en estas semanas porque hacen su agosto.

En julio y agosto los medios de comunicación nos distrajeron con reportajes variopintos, que en estos últimos días comienzan a cargarse nuevamente de contenido económico, político y en esta ocasión también de salud, por lo de la gripe A.

Pero hay muchos españoles que estos días desearían más que nunca regresar a la normalidad, a su vida de siempre, y sin embargo no podrán hacerlo. Me refiero a los muchos que han perdido en los últimos meses sus trabajos y ven agotar los tiempos de ayudas y de nuevas promesas. La falta de respuesta a sus solicitudes, al envío de currículum, a las llamadas telefónicas, causa en ellos un desasosiego y una enorme desmoralización. Para ellos no ha sido verano. Han sido meses de incertidumbre, de preocupación y en muchos casos de desesperación. No necesitan vacaciones, quieren trabajar.

Me pregunto cómo verán y sentirán las declaraciones de un Presidente de Gobierno, que tras sus vacaciones en las islas Canarias, con semblante moreno y aparentemente relajado, pide a sus ciudadanos que acepten y crean en sus nuevas promesas: “Los impuestos subirán temporalmente y aunque nos esperan tiempos duros, saldremos pronto de la crisis”. No perdía Zapatero la oportunidad y nos avisaba que en otoño tendremos que soportar nuevos repuntes en la cifras del paro, y en esta ocasión también de los casos de gripe A.

Siempre se escucha hablar de un otoño caliente, pero en esta ocasión serán muchos los hogares españoles donde el otoño será frío, muy frío. Y lo será porque en muchas familias todos sus miembros estarán en el paro, sin trabajo, y ni la liga de fútbol, ni la esperada concesión de los Juegos Olímpicos a Madrid, ni las Fiestas de San Froilán calentarán sus emociones porque sencillamente les faltará la manera de ganarse la vida, de ser como sus vecinos, de sentirse útiles y valorados en esta sociedad injusta e insolidaria.

Con este panorama cada día me resultan más grotescas las grandes afirmaciones, las frases huecas, los discursos demagógicos, los debates estériles, en definitiva la falta de rigor y de rumbo en los responsables de esta situación. Se engañó y se sigue engañando y por ello estamos donde estamos.

Gobernar es tomar decisiones, y al tomarlas es lícito equivocarse. Lo que es imperdonable, y espero que así sea, es que no se diga la verdad, no se tomen las medidas necesarias aunque duelan y no se sepa hacia dónde vamos y cuánto tiempo nos queda por delante para regresar a la normalidad.


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Regresos

Estes días unha das palabras que máis escoitamos e lemos é a de "regreso". Regresamos das vacacións, regresamos á normalidade... Noutras ocasións, querendo dicir o mesmo utilizamos expresións como o comezo do curso político, a volta ao colexio...

O verán a algúns lles serve para aparcar temporalmente as súas principais preocupacións, a outros para descansar merecidamente, aínda que tamén os hai que traballan máis que nunca nestas semanas porque fan o seu agosto.

En xullo e agosto os medios de comunicación distraéronnos con reportaxes variadas, que nestes últimos días comezan a cargarse novamente de contido económico, político e nesta ocasión tamén de saúde, polo da gripe A.

Pero hai moitos españois que estes días desexarían máis que nunca regresar á normalidade, á súa vida de sempre, e con todo non poderán facelo. Refírome aos moitos que perderon nos últimos meses os seus traballos e ven esgotar os tempos de axudas e de novas promesas. A falta de resposta ás súas solicitudes, ao envío de currículos, ás chamadas telefónicas, causa neles un desasosego e unha enorme desmoralización. Para eles non foi verán. foron meses de incerteza, de preocupación e en moitos casos de desesperación. Non necesitan vacacións, queren traballar.

Pregúntome como verán e sentirán as declaracións dun Presidente de Goberno, que tras as súas vacacións nas illas Canarias, con aspecto moreno e aparentemente relaxado, pide aos seus cidadáns que acepten e crean nas súas novas promesas: "Os impostos subirán temporalmente e aínda que nos esperan tempos duros, sairemos pronto da crise". Non perdía Zapatero a oportunidade e avisábanos que no outono teremos que soportar novos repuntes na cifras do paro, e nesta ocasión tamén dos casos de gripe A.

Sempre se escoita falar dun outono quente, pero nesta ocasión serán moitos os fogares españois onde o outono será frío, moi frío. E o será porque en moitas familias todos os seus membros estarán no paro, sen traballo, e nin a liga de fútbol, nin a esperada concesión dos Xogos Olímpicos a Madrid, nin as Festas de San Froilán quentarán as súas emocións porque sinxelamente faltaralles o xeito de gañarse a vida, de ser como os seus veciños, de sentirse útiles e valorados nesta sociedade inxusta e insolidaria.

Con este panorama cada día resúltanme máis grotescas as grandes afirmacións, as frases ocas, os discursos demagóxicos, os debates estériles, en definitiva a falta de rigor e de rumbo nos responsables desta situación. Enganouse e séguese enganando e por iso estamos onde estamos.

Gobernar é tomar decisións, e ao tomalas é lícito equivocarse. O que é imperdoable, e espero que así sexa, é que non se diga a verdade, non se tomen as medidas necesarias aínda que desbastan e non se saiba cara a onde imos e canto tempo quédanos por diante para regresar á normalidade.

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