miércoles, 7 de septiembre de 2011

¿Conveniente o imprescindible?

“Como todos sabemos la Constitución es una Ley que se cambia fácilmente y en un plis-plas va a acabar con la crisis”.  Estas palabras fueron pronunciadas en tono descalificatorio, de mofa, con chanzas y gracejas. Se burlaba así de alguien que acababa de proponer reformar la Constitución española para que recogiera los principios de estabilidad presupuestaria. La propuesta la hacía Mariano Rajoy el 25 de junio de 2010, y la contestación burlona era, como no, de Alfredo P. Rubalcaba el 26 de aquel mismo mes.

Conviene recordar que en las últimas semanas hemos sido testigos de grandes convulsiones en los mercados y en nuestra moneda, que han obligado a los dirigentes europeos a plantear inexcusables medidas de control, necesarias para acabar con tanto desequilibrio presupuestario. Ésta ha sido la verdadera y única razón para acometer la reforma de la que estamos hablando, conseguir que la estabilidad presupuestaria deje de ser una opción para convertirse en una obligación constitucional, o dicho con las palabras de nuestra portavoz en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, “el compromiso de unas cuentas públicas equilibradas no puede ser coyuntural, sino que ha de ser permanente. Sean tiempos de bonanza o de crisis, gobiernen unos o gobiernen otros, al final, nadie podrá gastar más de lo que tiene”.

Estamos pues hablando de obligar a todas las administraciones publicas y a sus respectivos gobiernos a ser austeros, para, entre otras cosas, no poner en riesgo el estado de bienestar que tanto trabajo nos ha costado construir.

Cuestión diferente es el procedimiento y momento elegido. ¿Por qué ahora y no hace unos años, cuando lo propuso el PP? Durante el debate del 23 de agosto en el que Zapatero anunciaba esta medida, el líder del Partido Popular le preguntaba hasta en dos ocasiones si el gobierno había recibido una carta del Banco Central Europeo  y si esta medida se debía a exigencias o indicaciones del citado BCE por verse obligados a comprar deuda publica española. Zapatero se negó a contestar. Pero no tardó en saberse la verdad, porque el pasado 29 de agosto el Sr. Trichet, Presidente de dicha entidad, desvelaba que el BCE impuso esta reforma al gobierno español.

Mientras Zapatero callaba su portavoz, el lucense Sr. Blanco, decía que “no le constaba la existencia de esta carta”.  El sorprendente portavoz también nos ha dicho estos días que al gobierno le gustaría compartir la decisión con los ciudadanos mediante un referéndum pero que no hay tiempo porque ahora la situación es gravísima y exige medidas urgentes.

No hay tiempo porque no quisieron tomar en serio la situación económica española, negaron mil veces la existencia de la crisis,  y se mofaron de los que proponían las medidas que ahora salen adelante de forma atropellada.

Si hace unos años esta medida era conveniente, hoy es necesaria, oportuna y responsable.  Aunque sea en un plis-plas, ahora es imprescindible.

 

Conveniente ou imprescindible?

“Como todos sabemos a Constitución é unha Lei que se cambia facilmente e nun plis-plas vai acabar coa crise”. Estas palabras foron pronunciadas en ton descalificatorio, de mofa, con chanzas e gracejas. Burlábase así de alguén que acababa de propor reformar a Constitución española para que recollese os principios de estabilidade orzamentaria. A proposta facíaa Mariano Rajoy o 25 de xuño de 2010, e a contestación burlona era, como non, de Alfredo P. Rubalcaba o 26 daquel mesmo mes.

Convén recordar que nas últimas semanas fomos testemuñas de grandes convulsións nos mercados e na nosa moeda, que obrigaron aos dirixentes europeos a expor inescusables medidas de control, necesarias para acabar con tanto desequilibrio orzamentario. Esta foi a verdadeira e única razón para acometer a reforma da que estamos falando, conseguir que a estabilidade orzamentaria deixe de ser unha opción para converterse nunha obrigación constitucional, ou dito coas palabras da nosa portavoz no Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, “o compromiso dunhas contas públicas equilibradas non pode ser conxuntural, senón que ha de ser permanente. Sexan tempos de bonanza ou de crise, gobernen uns ou gobernen outros, ao final, ninguén poderá gastar máis do que ten”.

Estamos pois falando de obrigar a todas as administracións publicas e aos seus respectivos gobernos a ser austeros, para, entre outras cousas, non pór en risco o estado de benestar que tanto traballo nos custou construír.

Cuestión diferente é o procedemento e momento elixido. Por que agora e non fai uns anos, cando o propuxo o PP? Durante o debate do 23 de agosto no que Zapatero anunciaba esta medida, o líder do Partido Popular preguntáballe ata en dúas ocasións se o goberno recibira unha carta do Banco Central Europeo e se esta medida debíase a esixencias ou indicacións do citado BCE por verse obrigados a comprar débeda publica española. Zapatero negouse a contestar. Pero non tardou en saberse a verdade, porque o pasado 29 de agosto o Sr. Trichet, Presidente de devandita entidade, desvelaba que o BCE impuxo esta reforma ao goberno español.

Mentres Zapatero calaba o seu portavoz, o lucense Sr. Branco, dicía que ?non lle constaba a existencia desta carta?. O sorprendente portavoz tamén nos dixo estes días que ao goberno gustaríalle compartir a decisión cos cidadáns mediante un referendo pero que non hai tempo porque agora a situación é gravísima e esixe medidas urxentes.
Non hai tempo porque non quixeron tomar en serio a situación económica española, negaron mil veces a existencia da crise, e se mofaron dos que propuñan as medidas que agora salguen adiante de forma atropelada.

Se fai uns anos esta medida era conveniente, hoxe é necesaria, oportuna e responsable. Aínda que sexa nun plis-plas, agora é imprescindible.

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