miércoles, 2 de noviembre de 2016

La nueva singladura

Por fin después de largos meses sin clarificar quién debería capitanear el barco para la nueva singladura, ya tenemos al preferido por la mayoría de españoles en el puente del barco. Ya está trazando en las cartas de navegación el mejor de los rumbos para llegar a buen puerto, evitar colisionar con los muchos arrecifes previsibles y esquivar las tempestades que no han de faltar.

Las cosas han tardado en esclarecerse más tiempo del deseado, pero bien pensado, también han servido para ir poniendo a cada uno en su sitio, para ir conociendo mejor la forma de ser y pensar de algunos recién llegados y sus recetas mágicas basadas en hacernos creer que los recursos del Estado son ilimitados y que las cosas se solucionan por la fuerza y con violencia, verbal y si fuese necesario física.

De las muchas galernas a las que habrán de enfrentarse nuestro capitán y su tripulación, es posible que las económicas y todas aquellas que tengan que ver con garantizar nuestro estado del bienestar sean las que ocupen más noticieros. Sin embargo hay peligrosos huracanes en el horizonte que me inquietan algo más.

Durante las jornadas que duró el ultimo debate de investidura fueron muchos los gestos, las miradas, las palabras, en definitiva los mensajes de odio, rencor y amenazas a la democracia. Todavía resuenan en mis oídos las alusiones a las Brigadas Internacionales, los calificativos de “golpe parlamentario”, “partidos del régimen”, “violencia judicial”, “tramposos”, las amenazas independentistas diciéndonos que “si vienen a buscarnos a nuestras casas habrán perdido por goleada” y un largo etcétera que tuvieron como denominador común el enfrentamiento.

Intervenciones que pretenden volver a dividirnos entre buenos y malos, que tienen un claro tiente de guerracivilismo y que rezuman dosis mayores de odio cuanto peores resultados electorales obtienen.

Si gestionar la gobernabilidad será complicado, estoy convencido que con diálogo y actitudes constructivas entre los responsables políticos de los partidos que hoy se mantienen firmes en defensa de la Constitución y de los principios de respeto y convivencia entre los españoles, esa tarea podrá completarse con éxito.

Me inquieta la gestión de las amenazas y odios que como digo ya asoman en un horizonte cercano. Cuánta razón tiene nuestro presidente Rajoy cuando dice que “hay que dejar de lado los esfuerzos por distanciarse del adversario político”, y que “hoy ya no es creíble la demonización del adversario”. Lo malo es que una cosa son los adversarios políticos y otra bien diferente los enemigos de la democracia. Estos últimos no suelen aceptar los resultados electorales salvo cuando les favorecen, se sitúan por encima del bien y del mal y encajan con malos modos y maneras las criticas.

De todas las galernas y dificultades que habrá que sortear en esta singladura histórica, la manera en que se haga frente y aborde la bravura de las olas de odio que escupiendo espuma ya vienen hacia nuestro barco, será la clave para garantizar nuestra convivencia pacifica. Confío en la templanza y experiencia de nuestro capitán y ayudemos en todo cuanto podamos.

A nova singradura

Por fin despois de longos meses sen clarificar quen debería capitanear o barco para a nova singradura, xa temos ao preferido pola maioría de españois na ponte do barco. Xa está a trazar nas cartas de navegación o mellor dos rumbos para chegar a bo porto, evitar chocar cos moitos arrecifes previsibles e esquivar as tempestades que non han de faltar.

As cousas tardaron en esclarecerse máis tempo do desexado, pero ben pensado, tamén serviron para ir poñendo a cada un no seu sitio, para ir coñecendo mellor a forma de ser e pensar dalgúns recentemente chegados e as súas receitas máxicas baseadas en facernos crer que os recursos do Estado son ilimitados e que as cousas se solucionan pola forza e con violencia, verbal e se fose necesario física.

Das moitas galernas ás que haberán de enfrontarse o noso capitán e a súa tripulación, é posible que as económicas e todas aquelas que teñan que ver con garantir o noso estado do benestar sexan as que ocupen máis noticieros. Con todo hai perigosos furacáns no horizonte que me inquietan algo máis.

Durante as xornadas que durou o ultimo debate de investidura foron moitos os xestos, as miradas, as palabras, en definitiva as mensaxes de odio, rancor e ameazas á democracia. Aínda resoan nos meus oídos as alusións ás Brigadas Internacionais, os cualificativos de “golpe parlamentario”, “partidos do réxime”, “violencia xudicial”, “tramposos”, as ameazas independentistas dicíndonos que “se veñen buscarnos ás nosas casas perderían por goleada” e un longo etcétera que tiveron como denominador común o enfrontamento.

Intervencións que pretenden volver dividirnos entre bos e malos, que teñen un claro tente de guerracivilismo e que rezuman doses maiores de odio canto peores resultados electorais obteñen.

Se xestionar a gobernabilidade será complicado, estou convencido que con diálogo e actitudes construtivas entre os responsables políticos dos partidos que hoxe se manteñen firmes en defensa da Constitución e dos principios de respecto e convivencia entre os españois, esa tarefa poderá completarse con éxito.

Inquiétame a xestión das ameazas e odios que como digo xa asoman nun horizonte próximo. Canta razón ten o noso presidente Rajoy cando di que “hai que deixar de lado os esforzos por distanciarse do adversario político”, e que “hoxe xa non é crible a demonización do adversario”. O malo é que unha cousa son os adversarios políticos e outra ben diferente os inimigos da democracia. Estes últimos non adoitan aceptar os resultados electorais salvo cando lles favorecen, sitúanse por encima do ben e do mal e encaixan con malos modos e maneiras critícalas.

De todas as galernas e dificultades que haberá que sortear nesta singradura histórica, a maneira en que se faga fronte e aborde a bravura das ondas de odio que cuspindo escuma xa veñen cara ao noso barco, será a clave para garantir a nosa convivencia pacifica. Confío na temperanza e experiencia do noso capitán e axudemos en todo canto podamos.

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