miércoles, 1 de abril de 2020

Moral de victoria

Emociones y sentimientos contradictorios saturan nuestras vidas en las largas jornadas de confinamiento. Los telediarios y las portadas de los periódicos no cesan de reproducir cifras, estadísticas, gráficas… todas relacionadas con la crueldad de la pandemia.

Cabalgamos a diario todas estas emociones y todos queremos hacer más, más y más por salir cuanto antes de este encierro forzoso .

Nos dijeron que esta lucha era como la de una guerra y puede que la comparación sea válida, lo cual me lleva a incrementar todavía más mi propio estado de alerta emocional. La victoria en las guerras se produce al final como consecuencia de aplicar durante un tiempo las estrategias correctas que diseñan los mandos expertos, acompañadas de las correctas transmisiones y coordinación de las órdenes a las tropas, la eficacia de las armas utilizadas y la moral de victoria. En las guerras también cuenta mucho la actitud e implicación de la sociedad civil desarrollando tareas de apoyo económico, social y moral.

En esta particular guerra contra el coronavirus, ya salió la palabra, nuestras tropas son de auténtica élite, su empeño en la lucha que libran a diario algún día se compensará mucho más que con el puñado de aplausos de todas las tardes. Pero las dificultades para la victoria final están en otros lugares del campo de batalla, quizás en los cuarteles generales. Seguramente en este particular alto estado mayor.

Quien tiene todos los poderes desde la entrada en vigor del estado de alarma y sus respectivas prórrogas ha enviado al frente, a la primera línea de combate, a magníficas personas sin los medios necesarios para combatir un virus y al tiempo protegerse de su contagio. Soldados sin metralletas, o con ellas pero sin munición. Soldados sin cascos ni chalecos, o quizá sin botas para caminar en el barro. ¿Y la sociedad civil?. Confinada en sus casas con paralización de todas las producciones “no imprescindibles”, sin poder aportar a esta pelea más que el quedarse en casa.

Si a esta situación de simulación bélica añadimos generales que cada día improvisan sobre la táctica adecuada, que a cada orden emiten una contraorden, y que en cada arenga a la tropa en lugar de transmitir con empatía palabras de aliento y animo, se limitan a lanzar soflamas vacías de contenido, frases enlatadas incapaces de llegar al corazón de la población, si solamente añadimos estas variables, nunca habrá moral de victoria.

Se está diciendo que no es momento de reproches, pero es posible que todavía estén permitidas las reflexiones en voz alta. La mía no puede ser más que la de pedirle al mando que deje de culpabilizar a otros de sus desatinos y que permita ayudar a quienes tienen experiencia y conocimiento en situaciones similares, que los hay. Que no engañen a la población con mensajes poco creíbles y cambiantes, y lo más importante, que doten YA a la primera línea del frente de las herramientas necesarias para protegerse y así poder proteger con eficacia a los demás. Que nos dé motivos para compartir todos una moral de victoria.

Moral de vitoria


Emociones e sentimentos contraditorios saturan as nosas vidas nas longas xornadas de confinamento. Os telexornais e as portadas dos xornais non cesan de reproducir cifras, estatísticas, gráficas… todas relacionadas coa crueldade da pandemia.

Cabalgamos a diario todas estas emocións e todos queremos facer máis, máis e máis por saír canto antes deste peche forzoso .

Dixéronnos que esta loita era como a dunha guerra e poida que a comparación sexa válida, o cal me leva a incrementar aínda máis o meu propio estado de alerta emocional. A vitoria nas guerras prodúcese ao final como consecuencia de aplicar durante un tempo as estratexias correctas que deseñan os mandos expertos, acompañadas das correctas transmisións e coordinación das ordes ás tropas, a eficacia das armas utilizadas e a moral de vitoria. Nas guerras tamén conta moito a actitude e implicación da sociedade civil desenvolvendo tarefas de apoio económico, social e moral.

Nesta particular guerra contra o coronavirus, xa saíu a palabra, as nosas tropas son de auténtica elite, o seu empeño na loita que libran a diario algún día compensarase moito máis que co puñado de aplausos de todas as tardes. Pero as dificultades para a vitoria final están noutros lugares do campo de batalla, quizais nos cuarteis xerais. Seguramente neste particular alto estado maior.

Quen ten todos os poderes desde a entrada en vigor do estado de alarma e as súas respectivas prórrogas enviou á fronte, á primeira liña de combate, a magníficas persoas sen os medios necesarios para combater un virus e ao tempo protexerse do seu contaxio. Soldados sen metralletas, ou con elas pero sen munición. Soldados sen cascos nin chalecos, ou quizá sen botas para camiñar no barro. E a sociedade civil?. Confinada nas súas casas con paralización de todas as producións “non imprescindibles”, sen poder achegar a esta pelexa máis que o quedarse na casa.

Se a esta situación de simulación bélica engadimos xenerais que cada día improvisan sobre a táctica adecuada, que a cada orde emiten unha contraorde, e que en cada arenga á tropa en lugar de transmitir con empatía palabras de alento e animo, limítanse a lanzar soflamas baleiras de contido, frases enlatadas incapaces de chegar ao corazón da poboación, se soamente engadimos estas variables, nunca haberá moral de vitoria.

Está a dicirse que non é momento de reproches, pero é posible que aínda estean permitidas as reflexións en voz alta. A miña non pode ser máis que a de pedirlle ao mando que deixe de culpar a outros dos seus desatinos e que permita axudar a quen ten experiencia e coñecemento en situacións similares, que os hai. Que non enganen á poboación con mensaxes pouco cribles e cambiantes, e o máis importante, que doten XA á primeira liña da fronte das ferramentas necesarias para protexerse e así poder protexer con eficacia aos demais. Que nos dea motivos para compartir todos unha moral de vitoria.

miércoles, 18 de marzo de 2020

La hora de obedecer

En pocos días hemos pasado de la sorpresa a no dar crédito a la situación que se nos ha venido encima como una ola gigante, un tsunami que deja efectos devastadores a su paso. Muchos hablan de lo que se tenía que haber hecho y no se hizo, otros de lo que todavía queda por hacer y es urgente acometer. Tiempo habrá de analizar y enjuiciar aciertos y errores, no lo duden.

Pero hoy estamos en la hora de la verdad, en la que toda sociedad demuestra, como ya lo hizo en situaciones similares a lo largo de la historia, si es madura, si está a la altura de las circunstancias, aunque puedan fallar los que más responsabilidades ostentan.

En toda situación crítica está demostrado que la salida y la respuesta es más rápida y eficaz cuando quienes lideran esa sociedad son capaces de transmitir confianza y determinación con sus mensajes y medidas, también con su ejemplo. Pero tampoco es menos cierto que en ausencia de esas circunstancias deseables son los ciudadanos y los colectivos profesionales más directamente implicados en la lucha contra estas eventualidades los que, con su saber estar y dedicación profesional, no solo suplen sino que enderezan los rumbos erráticos provocados por la falta de liderazgos.

En plena guerra por atajar y vencer al enemigo común, este maldito virus con nombre de campaña de marketing, en estas horas muy difíciles, que sin duda preceden a otras muchas también complicadas, toca obedecer, demostrar todo nuestro civismo y responsabilidad. No es momento para cuestionar a quienes dirigen a la tropa, a nuestros generales, por muchos errores y desatinos que puedan cometer. Eso solo agravaría más esta situación de la que todos estamos deseando salir con los menores daños posibles.

Primero centrémonos en colaborar acatando las instrucciones que se nos están dando para que los problemas de salud, los auténticamente prioritarios, se atajen eficazmente y para que la curva de contagios y fallecidos se invierta cuanto antes. En esta fase cumplir con las indicaciones del Gobierno está en nuestras manos.

La reclusión en los hogares, para aquellos que no tengan la obligación de acudir a centros de trabajo o a prestar servicios esenciales, es una tarea que no representa un castigo, tan solo una incomodidad. No se está pidiendo mucho más. Si con seguir estas normas liberamos los hospitales para que sus profesionales centren todos sus esfuerzos y recursos en atender a los verdaderamente enfermos, será mucho lo conseguido.

Superada la parte relativa a nuestra salud, deberemos hacer frente a las graves consecuencias económicas provocadas por la paralización de muchas actividades, algo que puede llevarse por delante miles de puestos de trabajo, especialmente de autónomos y pequeños negocios. El coste será muy alto y las medidas para paliarlo no deben hacerse esperar.

Los buenos marineros saben perfectamente como hacer frente a las malas condiciones de la mar. Hoy nos enfrentamos a un escenario similar a la tormenta perfecta, y solo obedeciendo las ordenes y remando todos en la misma dirección podremos salir con el menor daño posible para nosotros y cuantos nos rodean. Ya lo hicimos antes, hagámoslo una vez más.


A hora de obedecer

En poucos días pasamos da sorpresa a non dar crédito á situación que se nos veu encima como unha onda xigante, un tsunami que deixa efectos devastadores ao seu paso. Moitos falan do que se tiña que facer e non se fixo, outros do que aínda queda por facer e é urxente acometer. Tempo haberá de analizar e axuizar acertos e erros, non o dubiden.

Pero hoxe estamos na hora da verdade, na que toda sociedade demostra, como xa o fixo en situacións similares ao longo da historia, se é madura, se está á altura das circunstancias, aínda que poidan fallar os que máis responsabilidades ostentan.

En toda situación crítica está demostrado que a saída e a resposta é máis rápida e eficaz cando quen lidera esa sociedade son capaces de transmitir confianza e determinación coas súas mensaxes e medidas, tamén co seu exemplo. Pero tampouco é menos certo que en ausencia desas circunstancias desexables son os cidadáns e os colectivos profesionais máis directamente implicados na loita contra estas eventualidades os que, co seu saber estar e dedicación profesional, non só suplen senón que endereitan os rumbos erráticos provocados pola falta de liderados.

En plena guerra por atallar e vencer ao inimigo común, este maldito virus con nome de campaña de márketing, nestas horas moi difíciles, que sen dúbida preceden a outras moitas tamén complicadas, toca obedecer, demostrar todo o noso civismo e responsabilidade. Non é momento para cuestionar a quen dirixe á tropa, aos nosos xenerais, por moitos erros e desatinos que poidan cometer. Iso só agravaría máis esta situación da que todos estamos a desexar saír cos menores danos posibles.

Primeiro centrémonos en colaborar acatando as instrucións que se nos están dando para que os problemas de saúde, os autenticamente prioritarios, atállense eficazmente e para que a curva de contaxios e falecidos invístase canto antes. Nesta fase cumprir coas indicacións do Goberno está nas nosas mans.

A reclusión nos fogares, para aqueles que non teñan a obrigación de acudir a centros de traballo ou a prestar servizos esenciais, é unha tarefa que non representa un castigo, tan só unha incomodidade. Non se está pedindo moito máis. Se con seguir estas normas liberamos os hospitais para que os seus profesionais centren todos os seus esforzos e recursos en atender aos verdadeiramente enfermos, será moito o conseguido.

Superada a parte relativa á nosa saúde, deberemos facer fronte ás graves consecuencias económicas provocadas pola paralización de moitas actividades, algo que pode levar por diante miles de postos de traballo, especialmente de autónomos e pequenos negocios. O custo será moi alto e as medidas para palialo non deben facerse esperar.

Os bos mariñeiros saben perfectamente como facer fronte ás malas condicións da mar. Hoxe enfrontámonos a un escenario similar á tormenta perfecta, e só obedecendo ordénelas e remando todos na mesma dirección poderemos saír co menor dano posible para nós e cuantos rodéannos. Xa o fixemos antes, fagámolo unha vez máis.

miércoles, 4 de marzo de 2020

Esto huele bien

Escuchando este domingo en Ourense a tres líderes políticos no he podido evitar que durante el viaje de vuelta a casa mis pensamientos repasaran varios capítulos de la historia de la ultima década.

Conmemoramos los 11 años (parece que fue ayer) de la primera victoria de Feijoo en Galicia. Una victoria rotunda, contra pronóstico, que desalojó del gobierno autonómico a un bipartito (PSOE + BNG) que no será recordado como positivo para los gallegos.

Si algo resulta innegable es que en estos 11 años el presidente Feijoo ha ido forjando su personalidad política, quedando reflejado en su tarea y capacidad de trabajo, también en su liderazgo.

A Galicia también le han venido muy bien estos 11 años en que los gallegos hemos comprobado que nuestro gobierno se dedica solo a resolver los problemas que nos preocupan y nunca a enredar ni a generar tensiones territoriales.

Durante ese acto nos fueron desveladas anécdotas que para algunos no resultaron sorpresivas. Así supimos que Feijoo pudo ser ministro de Rajoy y no quiso, que pudo ser vicepresidente del PP de España y no quiso, que pudo ser candidato serio a presidir el PP de España y no quiso. No quiso porque, como dijo, prefiere ser el presidente de Galicia, de su tierra.

También nos enteramos de algo que podíamos presuponer, que Rajoy tiene buen olfato político, y nos lo desveló Feijoo recordando que cuando Rajoy había venido a Galicia a participar junto a él en la última campaña electoral de las gallegas, lejos de interesarse por las encuestas diarias y su interpretación, Rajoy le decía “esto me huele bien”, vaticinando lo que luego sería un nuevo triunfo electoral de Feijoo.

Estableciendo un símil con otro tipo de actividades y sensaciones, algo más culinarias, pienso que cuando uno entra en una cocina donde los expertos trabajan con máximo cariño productos de primera calidad, vigilando la temperatura y los tiempos de preparación en las ollas al fuego, el aroma que allí nos embriaga nos abre el apetito y vaticina una deliciosa comida.

Siguiendo con la comparación, en estas elecciones se presentan varios “cocineros” . Los hay de nueva factura que hablan mucho de lo que van a hacer pero que carecen de currículo y experiencia en los fogones. Llevan cosido en su delantal las mismas letras que el partido que hoy ¿gobierna? España, lo que nos hace temer por el resultado de su guiso.

También los hay que se presentan coaligados discutiendo permanentemente sobre qué aceites y en qué cantidades deben utilizar para un sofrito, y qué añadir a lo que otros compañeros de viaje están cocinando. Lo peor sería que si Feijoo no consigue hacerse de manera clara y rotunda con la dirección de la cocina, y lo hacen los cocineros perdedores poniéndose de acuerdo, es muy posible que el ambiente que allí se respire sea parecido al del camarote de los hermanos Marx, con el resultado previsible que están imaginándose, tirándose los trastos a la cabeza y sirviendo platos intragables.

Por suerte esto “huele bien” y si el sentidiño de los gallegos no se pierde, nuestro experto cocinero seguirá siendo 4 años más el mismo que ha puesto, con mucho esfuerzo, orden y empeño en la cocina gallega. 

Isto arrecende

Escoitando este domingo en Ourense a tres líderes políticos non puiden evitar que durante a viaxe de volta a casa os meus pensamentos repasasen varios capítulos da historia de ultímaa década.

Conmemoramos os 11 anos (parece que foi onte) da primeira vitoria de Feijoo en Galicia. Unha vitoria rotunda, contra prognóstico, que desaloxou do goberno autonómico a un bipartito (PSOE + BNG) que non será lembrado como positivo para os galegos.

Se algo resulta innegable é que nestes 11 anos o presidente Feijoo foi forxando a súa personalidade política, quedando reflectido na súa tarefa e capacidade de traballo, tamén no seu liderado.

A Galicia tamén lle viñeron moi ben estes 11 anos en que os galegos comprobamos que o noso goberno dedícase só a resolver os problemas que nos preocupan e nunca a enredar nin a xerar tensións territoriais.

Durante ese acto fóronnos desveladas anécdotas que para algúns non resultaron sorpresivas. Así soubemos que Feijoo puido ser ministro de Rajoy e non quixo, que puido ser vicepresidente do PP de España e non quixo, que puido ser candidato serio a presidir o PP de España e non quixo. Non quixo porque, como dixo, prefire ser o presidente de Galicia, da súa terra.

Tamén nos decatamos de algo que podiamos presupoñer, que Rajoy ten bo olfacto político, e desvelóunolo Feijoo lembrando que cando Rajoy viñera a Galicia a participar xunto a el na última campaña electoral das galegas, lonxe de interesarse polas enquisas diarias e a súa interpretación, Rajoy dicíalle “isto úleme ben”, vaticinando o que logo sería un novo triunfo electoral de Feijoo.

Establecendo un símil con outro tipo de actividades e sensacións, algo máis culinarias, penso que cando un entra nunha cociña onde os expertos traballan con máximo agarimo produtos de primeira calidade, vixiando a temperatura e os tempos de preparación nas potas ao lume, o aroma que alí nos embriaga ábrenos o apetito e vaticina unha deliciosa comida.

Seguindo coa comparación, nestas eleccións preséntanse varios “cociñeiros” . Hainos de nova factura que falan moito do que van facer pero que carecen de currículo e experiencia nos fogóns. Levan cosido no seu mandil as mesmas letras que o partido que hoxe goberna? España, o que nos fai temer polo resultado do seu guiso.

Tamén os hai que se presentan coaligados discutindo permanentemente sobre que aceites e en que cantidades deben utilizar para un sofrito, e que engadir ao que outros compañeiros de viaxe están a cociñar. O peor sería que se Feijoo non consegue facerse de maneira clara e rotunda coa dirección da cociña, e fano os cociñeiros perdedores poñéndose de acordo, é moi posible que o ambiente que alí se respire sexa parecido ao do camarote dos irmáns Marx, co resultado previsible que están a se imaxinar, tirándose os trastes á cabeza e servindo pratos intragables.

Por sorte isto arrecende e se o sentidiño dos galegos non se perde, o noso experto cociñeiro seguirá sendo 4 anos máis o mesmo que puxo, con moito esforzo, orde e empeño na cociña galega.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Intervención de Joaquín García Díez en la Comisión de Agricultura, Pesca y Alimentación



miércoles, 19 de febrero de 2020

La mejor decisión

La vida de cada uno se compone de un conjunto de etapas y en el paso de una a la otra siempre resultan determinantes las decisiones que tomamos ante las opciones o caminos que se nos ofrecen o buscamos.

Para escribir sobre lo que hoy es actualidad, tengo que remontarme a momentos vividos ahora hace cuatro años. Corría el año 2016 y en el panorama político eran muchas las especulaciones en torno a la decisión que adoptaría el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, sobre su futuro político y personal. Las quinielas y cábalas sobre el camino que elegiría eran noticia diaria en aquellos momento. Así hasta que un sábado 2 de abril despejo la incógnita. Lo hizo en un discurso sentido y sincero, entrecortado por una enorme emoción que se desbordaba por momentos, lo que ponía en evidencia la enorme responsabilidad que pesaba en su cabeza y la certeza de saber que no podía elegir el camino más cómodo por el compromiso contraído con su tierra y por no querer defraudarla. 

En aquel momento y desde estas mismas páginas el 8 de abril de aquel año tuve ocasión de escribir que me alegraba la decisión que había tomado ya que eligió “ponerse a disposición de los gallegos, porque a pesar de las renuncias piensa que la política merece la pena por el mero echo de poder ayudar a las personas con dificultades, porque no está para lucir el cargo ni para acomodarse, porque cree en sus errores y aciertos, porque entiende y practica que cuanta más alta es la responsabilidad mayor debe ser la humildad, porque tiene la cabeza y el corazón en Galicia”. Estas fueron mis palabras recogidas de aquel emotivo discurso.

Aquel año, el domingo 25 de septiembre Feijoo conseguía el premio a todo su esfuerzo personal y político. Conseguía su tercera mayoría absoluta en unas elecciones gallegas. Lo hacía en un escenario muy complicado, donde a pesar de la precariedad presupuestaria a la que obligaba la grave crisis económica y social a la que nos habían llevado los gobiernos socialistas, a pesar de un escenario donde el prestigio y reputación de la política tocaba suelo, Feijoo había cumplido con la palabra dada a los gallegos, y por ello el mérito y el premio de las urnas era suyo.

Hoy, cuatro año después, Feijoo ha vuelto a tomar una decisión difícil y comprometida. Ha vuelto a renovar su compromiso con Galicia con el aval de casi 12 años de políticas certeras que han conseguido que los gallegos notasen la recuperación, al tiempo que se convertía en referente y ejemplo para muchos dentro y fuera de Galicia.

El próximo 5 de abril tengo la seguridad de que los gallegos nuevamente, y por cuarta vez, otorgaremos la confianza a la persona que mejor puede seguir rigiendo los destinos de Galicia unos años más. Porque la alternativa asusta más que inquieta y porque cada día quedan menos lideres comprometidos con su tierra y con los problemas reales que demandan soluciones reales. 

Feijoo ya tomó su decisión. La nuestra se la diremos el 5 de abril y estoy seguro que tomaremos la mejor decisión.

A mellor decisión

A vida de cada un componse dun conxunto de etapas e no paso dunha á outra sempre resultan determinantes as decisións que tomamos fronte as opcións ou camiños que se nos ofrecen ou buscamos.

Para escribir sobre o que hoxe é actualidade, teño que remontarme a momentos vividos agora fai catro anos. Corría o ano 2016 e no panorama político eran moitas as especulacións ao redor da decisión que adoptaría o presidente da Xunta, Alberto Núñez Feijoo, sobre o seu futuro político e persoal. As quinielas e cábalas sobre o camiño que elixiría eran noticia diaria naqueles momento. Así ata que un sábado 2 de abril despexo a incógnita. Fíxoo nun discurso sentido e sincero, entrecortado por unha enorme emoción que se desbordaba por momentos, o que poñía en evidencia a enorme responsabilidade que pesaba na súa cabeza e a certeza de saber que non podía elixir o camiño máis cómodo polo compromiso contraído coa súa terra e por non querer defraudala. 

Naquel momento e desde estas mesmas páxinas o 8 de abril daquel ano tiven ocasión de escribir que me alegraba a decisión que tomara xa que elixiu “poñerse ao dispor dos galegos, porque a pesar das renuncias pensa que a política merece a pena polo mero boto de poder axudar ás persoas con dificultades, porque non está para lucir o cargo nin para acomodarse, porque cre nos seus erros e acertos, porque entende e practica que canta máis alta é a responsabilidade maior debe ser a humildade, porque ten a cabeza e o corazón en Galicia”. Estas foron as miñas palabras recollidas daquel emotivo discurso.

Aquel ano, o domingo 25 de setembro Feijoo conseguía o premio a todo o seu esforzo persoal e político. Conseguía a súa terceira maioría absoluta nunhas eleccións galegas. Facíao nun escenario moi complicado, onde a pesar da precariedade orzamentaria á que obrigaba a grave crise económica e social á que nos levaban os gobernos socialistas, a pesar dun escenario onde o prestixio e reputación da política tocaba chan, Feijoo cumprira coa palabra dada aos galegos, e por iso o mérito e o premio das urnas era seu.

Hoxe, catro ano despois, Feijoo volveu a tomar unha decisión difícil e comprometida. Volveu a renovar o seu compromiso con Galicia co aval de case 12 anos de políticas certeiras que conseguiron que os galegos notasen a recuperación, á vez que se convertía en referente e exemplo para moitos dentro e fóra de Galicia.

O próximo 5 de abril teño a seguridade de que os galegos novamente, e por cuarta vez, outorgaremos a confianza á persoa que mellor pode seguir rexendo os destinos de Galicia uns anos máis. Porque a alternativa asusta máis que inquieta e porque cada día quedan menos lideres comprometidos coa súa terra e cos problemas reais que demandan solucións reais. 

Feijoo xa tomou a súa decisión. A nosa dirémoslla o 5 de abril e estou seguro que tomaremos a mellor decisión.

miércoles, 5 de febrero de 2020

Por el mar corren las liebres…

Cuando era niño y en el Colegio nos llevaban de excursión recuerdo con claridad algunas de las canciones que de manera incansable cantábamos o gritábamos hasta el agotamiento. Que si “Para ser conductor de primera…”, que si “Qué buenos son los padres jesuitas que nos llevan de excursión”, y un largo repertorio. Pero hoy me viene que ni pintada una de las letras de aquellas canciones para tratar de poner en clave de humor algo que, por su gravedad y seriedad, solo en esa clave puedo tratar de digerir. 

De lo dicho en los mítines electorales de la última campaña o en el correspondiente debate televisivo, a lo que escuchamos y vemos unas semanas después no encontramos atisbos de coincidencia, y menos de coherencia. No cabrían en este espacio tantas contradicciones y mentiras como las que estamos poco a poco evidenciando de una persona, o de un partido, que en su día utilizó la famosa frase de “los españoles no merecen un gobierno que les mienta”. 

Nos decía hace poco Sánchez aquello de que “no podemos permitir que la gobernabilidad de España descanse en partidos independentistas”, así literalmente. Resulta que ahora descansa en esos partidos la gobernabilidad de España, pero también la de Navarra, la de Cataluña y las que vengan y hagan falta a cambio de perpetuarse en la Moncloa. Cuando algunos entrevistadores desconfiaban de esa afirmación, él insistía con voz de cabreo diciendo “No es no, nunca es nunca, falso es falso” en referencia a esa posibilidad de pactar con separatistas. 

Hay una frase que a mí me quedó grabada a fuego, también salida de esa boquita, “Ni antes ni después ni durante va a pactar el PSOE con el populismo de Podemos. Con Iglesias a ningún lado”. Sin comentarios, solo hay que ver como se quieren y abrazan ahora. 

No menos célebre y contundente resultó escucharle decir en su día aquello de “Sería incapaz de pactar con el populismo que nos lleva a la Venezuela de cartilla de racionamiento”. Hasta que pactaron con ellos y ahora se reúnen con miembros del gobierno de Maduro en aviones, aeropuertos, y pronto nos contarán la décima versión en la que igual se fueron a tomar chocolate con churros a San Ginés. Cualquier cosa ya es posible en este ambiente de mentiras, mentiras y más mentiras. 

No dejo de imaginar las reacciones que se estarían produciendo si cualquiera de estas mentiras, engaños y tomaduras de pelo a los ciudadanos las hubiera propiciado un miembro del Partido Popular. Arderían las redes sociales y posiblemente las calles. 

La Legislatura acaba de arrancar, con desplantes al Rey de los mismos en los que se apoya el gobierno, y estos precedentes auguran tardes de gloria, muchos días de tensión que requerirán calma y réplica firme, pero que espero sirvan para que muchos españoles distingan entre la realidad de los hechos y los eslóganes de campaña, las promesas y compromisos sellados a fuego bajo un manto de mentiras. 

Me pregunto si en las reuniones multitudinarias del Consejo de Ministros cantarán sus 23 integrantes: “Por el mar corren las liebres, por el mar corren las liebres, y por el monte las sardinas, tralará y por el monte las sardinas”, así empezaba aquella canción que después añadía “vamos a contar mentiras tralará, vamos a contar mentiras”… 


Polo mar corren as lebres…. 

Cando era neno e no Colexio levábannos de excursión lembro con claridade algunhas das cancións que de maneira incansable cantabamos ou gritabamos ata o esgotamento. Que se “Para ser condutor de primeira…”, que se “Que bos son os pais xesuítas que nos levan de excursión”, e un longo repertorio. Pero hoxe vénme que nin pintada unha das letras daquelas cancións para tratar de poñer en clave de humor algo que, pola súa gravidade e seriedade, só nesa clave podo tratar de dixerir. 

Do devandito nos mitins electorais da última campaña ou no correspondente debate televisivo, ao que escoitamos e vemos unhas semanas despois non atopamos indicios de coincidencia, e menos de coherencia. Non caberían neste espazo tantas contradicións e mentiras como as que estamos aos poucos evidenciando dunha persoa, ou dun partido, que no seu día utilizou a famosa frase de “os españois non merecen un goberno que lles minta”. 

Dicíanos hai pouco Sánchez aquilo de que “non podemos permitir que a gobernabilidade de España descanse en partidos independentistas”, así literalmente. Resulta que agora descansa neses partidos a gobernabilidade de España, pero tamén a de Navarra, a de Cataluña e as que veñan e fagan falta a cambio de perpetuarse na Moncloa. Cando algúns entrevistadores desconfiaban desa afirmación, el insistía con voz de cabreo dicindo “Non é non, nunca é nunca, falso é falso” en referencia a esa posibilidade de pactar con separatistas. 

Hai unha frase que a min quedoume gravada a lume, tamén saída desa boca, “Nin antes nin despois nin durante vai pactar o PSOE co populismo de Podemos. Con Iglesias a ningún lado”. Sen comentarios, só hai que ver como se queren e abrazan agora. 

Non menos soado e contundente resultou escoitarlle dicir no seu día aquilo de “Sería incapaz de pactar co populismo que nos leva á Venezuela de cartilla de racionamento”. Ata que pactaron con eles e agora reúnense con membros do goberno de Maduro en avións, aeroportos, e pronto nos contarán a décima versión na que igual se foron a tomar chocolate con churros a San Ginés. Calquera cousa xa é posible neste ambiente de mentiras, mentiras e máis mentiras. 

Non deixo de imaxinar as reaccións que se estarían producindo se calquera destas mentiras, enganos e tomaduras de pelo aos cidadáns propiciounas un membro do Partido Popular. Arderían as redes sociais e posiblemente as rúas. 

A Lexislatura acaba de arrincar, con desplantes ao Rey dos mesmos nos que se apoia o goberno, e estes precedentes auguran tardes de gloria, moitos días de tensión que requirirán calma e réplica firme, pero que espero sirvan para que moitos españois distingan entre a realidade dos feitos e os eslóganes de campaña, as promesas e compromisos selados a lume baixo un manto de mentiras. 

Pregúntome se nas reunións multitudinarias do Consello de Ministros cantarán os seus 23 integrantes: “Polo mar corren as lebres, polo mar corren as lebres, e polo monte as sardiñas, tralará e polo monte as sardiñas”, así empezaba aquela canción que despois engadía “imos contar mentiras tralará, imos contar mentiras”...

miércoles, 22 de enero de 2020

El tren

Desde niño tuve ocasión de conocer el ambiente de las estaciones y los viajes en tren. No miento si les digo que mi percepción es que hoy, 45 años después, los servicios ferroviarios en Lugo son de peor calidad.

Vengo de una reunión celebrada en la estación de Monforte, mi antigua casa, donde con compañeros de mi Partido he manifestado nuestra gran preocupación por el deterioro rápido e imparable de los servicios ferroviarios convencionales en nuestra provincia. Siendo una asignatura pendiente de todos los gobiernos, no es menos cierto que solo cuando gobernamos nosotros se han introducido mejoras en este servicio. Solo recordar que nosotros duplicamos las conexiones con Madrid, disponiendo en la actualidad de 4. Pero queda mucho por hacer. 

La lista de incidencias en los últimos meses es larga y variada. Retrasos, caídas de piedras o arboles sobre las vías, traslados de viajeros en autobús por cortes en las vías, roturas en la catenaria, maquinas con más de 35 años que dicen basta y se niegan a seguir su camino dejando tirados a cientos de viajeros que ven como se les abandona sin información y sin alternativas de traslado durante horas...

A estas situaciones se han sumado recientemente la eliminación de la venta presencial de billetes en tres estaciones de nuestra provincia, que se suman a otras mucha en España. La alternativa dicen que es la compra de billetes en maquinas expendedoras que, o no funcionan, o todavía no se han instalado.

Hasta aquí una breve reseña de lo que acontece a diario con el ferrocarril convencional. Para que esto pase desapercibido se habla de los plazos de la llegada del AVE a Galicia y se polemiza con las posibles fechas. El humo que oculta la otra cara del tren, el convencional, que podría utilizar una parte importante de la población si tuviera un servicio digno de los tiempos que vivimos.

Para el desarrollo de los territorios, y así lo han entendido desde hace muchos años en otros países, la apuesta por un servicio ferroviario convencional es una de las claves para evitar el vaciado de muchos de nuestros pueblos y lograr su desarrollo. 

Es más importante contar con un numero suficiente de frecuencias a lo largo del día para poder trasladarse entre Lugo y A Coruña o entre nuestra capital y Monforte y Ourense, que contar con estaciones intermodales que nada útil van a aportar a los escasos viajeros que cada día utilizan el tren. 

Hago nuevamente una llamada a la responsabilidad de los que tienen en sus manos la toma de decisiones para que vuelquen sus esfuerzos en empezar la casa por los cimientos. Que primero consigan frenar la sangría del deterior de nuestros trenes y servicios ferroviarios en Lugo y aumenten el numero de trenes, es decir de opciones de poder subirse a uno. Así lo hicimos cuando tuvimos el gobierno de la nación incrementando las frecuencias con Madrid. Después podrán pensar en la necesidad de planificar nuevas estaciones, cuando haya viajeros. Y por favor, mientras ese día lejano no llega, no desmantelen infraestructuras que a día de hoy prestan servicios a miles de usuarios que a diario se desplazan desde muchos pueblos de la provincia hasta Lugo. No desmantelen su estación de autobuses. No contribuyan también a deteriorar otro servicio básico en nuestras comunicaciones. 

O tren

Desde neno tiven ocasión de coñecer o ambiente das estacións e as viaxes en tren. Non minto se lles digo que a miña percepción é que hoxe, 45 anos despois, os servizos ferroviarios en Lugo son de peor calidade.

Veño dunha reunión celebrada na estación de Monforte, a miña antiga casa, onde con compañeiros do meu Partido manifestei nosa gran preocupación pola deterioración rápida e imparable dos servizos ferroviarios convencionais na nosa provincia. Sendo unha materia pendente de todos os gobernos, non é menos certo que só cando gobernamos nós introducíronse melloras neste servizo. Só lembrar que nós duplicamos as conexións con Madrid, dispoñendo na actualidade de 4. Pero queda moito por facer. 

A lista de incidencias nos últimos meses é longa e variada. Atrasos, caídas de pedras ou arboles sobre as vías, traslados de viaxeiros en autobús por cortes nas vías, roturas na catenaria, maquinas con máis de 35 anos que din basta e néganse a seguir o seu camiño deixando tirados por centos de viaxeiros que ven como se lles abandona sen información e sen alternativas de traslado durante horas...

A estas situacións sumáronse recentemente a eliminación da venda presencial de billetes en tres estaciones da nosa provincia, que se suman a outras moita en España. A alternativa din que é a compra de billetes en maquinas expendedoras que, ou non funcionan, ou aínda non se instalaron.

Ata aquí unha breve recensión do que acontece a diario co ferrocarril convencional. Para que isto pase desapercibido fálase dos prazos da chegada do AVE a Galicia e polemízase coas posibles datas. O fume que oculta a outra cara do tren, o convencional, que podería utilizar unha parte importante da poboación se tivese un servizo digno dos tempos que vivimos.

Para o desenvolvemento dos territorios, e así o entenderon desde hai moitos anos noutros países, a aposta por un servizo ferroviario convencional é unha das claves para evitar o baleirado de moitos dos nosos pobos e lograr o seu desenvolvemento. 

É máis importante contar cun numero suficiente de frecuencias ao longo do día para poder trasladarse entre Lugo e A Coruña ou entre a nosa capital e Monforte e Ourense, que contar con estacións intermodais que nada útil van achegar aos escasos viaxeiros que cada día utilizan o tren. 

Fago novamente unha chamada á responsabilidade dos que teñen nas súas mans a toma de decisións para que envorquen os seus esforzos en empezar a casa polos cimentos. Que primeiro consigan frear a sangría do deterior dos nosos trens e servizos ferroviarios en Lugo e aumenten o numero de trens, é dicir de opcións de poder subirse a un. Así o fixemos cando tivemos o goberno da nación incrementando as frecuencias con Madrid. Despois poderán pensar na necesidade de planificar novas estacións, cando haxa viaxeiros. E por favor, mentres ese día afastado non chega, non desmantelen infraestruturas que a día de hoxe prestan servizos a miles de usuarios que a diario se desprazan desde moitos pobos da provincia ata Lugo. Non desmantelen a súa estación de autobuses. Non contribúan tamén a deteriorar outro servizo básico nas nosas comunicacións.

miércoles, 8 de enero de 2020

Dignidad y decencia

Escribo embargado por la resaca provocada por las difíciles jornadas del debate de investidura, con un resultado conocido por todos. Lo hago después de escuchar intervenciones con diferentes niveles de oratoria y contenido, en un ambiente enrarecido por las circunstancias excepcionales y nunca anteriormente vistas en la actual etapa democrática.

Tengo que reconocer que por momentos mis sentimientos experimentaron mezcla de preocupación y tristeza, a lo que se sumaba un nudo en el estómago, sintiendo la impotencia de no poder evitar el final previsto.

Síntomas que supongo son normales después de escuchar decir al entonces candidato a Presidente del Gobierno de la Nación que “la Ley no es suficiente”, después de oír a la presidenta del Congreso justificar y amparar los insultos vertidos contra el Rey, a las instituciones del Estado y hacia la bancada conservadora, todo ello en aras a la “libertad de expresión”. No olvido añadir a la lista los apelativos de “enemigos” dedicados a jueces, empresarios y medios de comunicación.

Sánchez sabe que si los independentistas y los herederos de ETA lo han preferido a él es porque ven la mejor oportunidad que se les ha presentado para conseguir sus fines. Quizás él también piensa que es su única y última oportunidad.

Frente a las tragaderas del que ya es Presidente que, con sus silencios atronadores blanqueó las palabras de Bildu, la CUP o ERC, cabe preguntarse quién puede confiar en que durante su mandato defienda la dignidad de nuestra tierra y sus instituciones. En sus intervenciones durante la investidura faltaron aclaraciones y réplicas a los agravios que otros vertieron. Igual que sobraron actitudes de soberbia, rencor y venganza.

Muchos recordamos el ya famoso debate electoral televisado en 2015 entre Rajoy y Sánchez en el que este último le dijo a Rajoy que para ser Presidente del Gobierno hay que ser una persona decente. Hoy afirmo sin dudar que después de ver y escuchar todo lo vivido en estos últimos días, Sánchez no es una persona decente, ni merece presidir el Gobierno de España. Le faltan dignidad y decencia y le sobran arrogancia y soberbia.

Sus discursos y propuestas, que desde ayer dirigen el país, van sustituyendo la concordia de la transición del 78 por la revancha y el enfrentamiento entre “bandos”, palabra esta utilizada también en el debate.

Pasamos de la emoción que se vivió en las intervenciones escuchadas en esta misma Cámara en las primeras Cortes y de los abrazos por la reconciliación, a la indignación que muchos diputados hemos sentido al escuchar palabras de agravio dedicadas contra las instituciones del Estado y su máximo representante, como “autoritario o represor”. No es exagerar por lo tanto si ya se escuchan muchas voces pronosticando la voladura de aquel espíritu de la Transición y la vuelta a las andadas.

Pareciera, finalmente, que una vez más la historia reciente de España no nos haya servido para evitar volver a cometer los mismos errores que en el pasado nos llevaron a escribir páginas muy tristes. Mi esperanza reside en que todavía somos muchos los que no nos resignamos a que esto pueda ocurrir, uniendo fuerzas para revertir este camino de sinrazón que ahora quieren emprender.

Dignidade e decencia

Escribo embargado pola resaca provocada polas difíciles xornadas do debate de investidura, cun resultado coñecido por todos. Fágoo despois de escoitar intervencións con diferentes niveis de oratoria e contido, nun ambiente enrarecido polas circunstancias excepcionais e nunca anteriormente vistas na actual etapa democrática.

Teño que recoñecer que por momentos os meus sentimentos experimentaron mestura de preocupación e tristeza, ao que se sumaba un nó no estómago, sentindo a impotencia de non poder evitar o final previsto.

Síntomas que supoño son normais despois de escoitar dicir ao entón candidato a Presidente do Goberno da Nación que “a Lei non é suficiente”, despois de oír á presidenta do Congreso xustificar e amparar os insultos vertidos contra o Rey, ás institucións do Estado e cara á bancada conservadora, todo iso en aras á “liberdade de expresión”. Non esquezo engadir á lista os apelativos de “inimigos” dedicados a xuíces, empresarios e medios de comunicación.

Sánchez sabe que se os independentistas e os herdeiros de ETA preferírono a el é porque ven a mellor oportunidade que se lles presentou para conseguir os seus fins. Quizais el tamén pensa que é a súa única e última oportunidade.

Fronte ás tragadeiras do que xa é Presidente que, cos seus silencios atronadores branqueou as palabras de Bildu, a CUP ou ERC, cabe preguntarse quen pode confiar en que durante o seu mandato defenda a dignidade da nosa terra e as súas institucións. Nas súas intervencións durante a investidura faltaron aclaracións e réplicas aos agravios que outros verquiron. Igual que sobraron actitudes de soberbia, rancor e vinganza.

Moitos lembramos o xa famoso debate electoral televisado en 2015 entre Rajoy e Sánchez no que este último díxolle a Rajoy que para ser Presidente do Goberno hai que ser unha persoa decente. Hoxe afirmo sen dubidar que despois de ver e escoitar todo o vivido nestes últimos días, Sánchez non é unha persoa decente, nin merece presidir o Goberno de España. Fáltanlle dignidade e decencia e sóbranlle arrogancia e soberbia.

Os seus discursos e propostas, que desde onte dirixen o país, van substituíndo a concordia da transición do 78 polo desquite e o enfrontamento entre “bandos”, palabra esta utilizada tamén no debate.

Pasamos da emoción que se viviu nas intervencións escoitadas nesta mesma Cámara nas primeiras Cortes e dos abrazos pola reconciliación, á indignación que moitos deputados sentimos ao escoitar palabras de agravio dedicadas contra as institucións do Estado e o seu máximo representante, como “autoritario ou represor”. Non é esaxerar por tanto se xa se escoitan moitas voces prognosticando a voadura daquel espírito da Transición e a volta ás andadas.

Parecese, finalmente, que unha vez máis a historia recente de España non nos servira para evitar volver cometer os mesmos erros que no pasado leváronnos a escribir páxinas moi tristes. A miña esperanza reside en que aínda somos moitos os que non nos resignamos a que isto poida ocorrer, unindo forzas para reverter este camiño de despropósito que agora queren emprender.