miércoles, 25 de noviembre de 2020

Otro paso más

Llevamos meses en los que la sucesión de decisiones gubernativas y de pasos cada vez más alucinantes, hacen que la capacidad de sorprendernos se agote y, lo que es peor, las reacciones sociales carezcan de intensidad. Posiblemente el vivir en este permanente estado de alarma, con las restricciones conocidas, influye en esa limitada o escasa reacción, que seguro que en otras circunstancias sería bien diferente.

El último revuelo, en el momento de escribir este artículo, tiene que ver con la aprobación en el Congreso de un nuevo Proyecto de Ley de Educación sin el más mínimo dialogo previo y por tanto sin consensos sociales ni políticos.

Con independencia de las criticas particulares estamos ante una Ley que destila ideología sectaria en todas sus páginas donde el Gobierno, su único autor, busca la confrontación y se erige en el único valedor de causas como la infancia, la inclusión o la perspectiva de genero, en un modelo que por lo que más destaca es por su limitación a la libertad, por la imposición.

El resumen es terrible: la renuncia a las escasas competencias que quedan al Estado en materia de educación, siendo hasta ahora el encargado de velar por la vertebración y cohesión del sistema educativo, como la enseñanza del castellano y en castellano en todo el territorio o la realización de pruebas al finalizar el Bachillerato, la practica desaparición de la Alta Inspección y su capacidad sancionadora, la eliminación de la autonomía organizativa del centro, los ataques frontales a la libertad de elección de las familias, llegándose a hablar de “asignar” centro educativo en vez de “elegir”, y un largo etcétera .

Se ha puesto el foco de manera prioritaria en cuestiones como la eliminación de la lengua oficial en España como lengua vehicular, cuestión de gravedad poco valorada, y menos en otras cosas como el pasar de curso sin recibir el aprobado de las correspondientes asignaturas, o dicho de manera clara, con suspensos, algo que se proclama contrario a una educación de calidad, que destroza la cultura del esfuerzo, básica para el progreso de cualquier persona o nación. La garantía para que las generaciones salidas de esas nuevas aulas llenen su currículo de incompetencia e incapacidad para la vida y se vean abocadas a un fracaso anunciado. Éste ha sido otro paso más en la dirección de pervertir nuestra democracia en los últimos meses.

Antes, pero a escasos días, hemos visto los ataques a la independencia judicial, las campañas y maniobras para acosar a la Corona, la jefatura del Estado, los pactos con los herederos de ETA, las maniobras en política exterior que tensionan las relaciones internacionales y desprestigian todavía más la imagen de España desviando inversiones y arruinando la principal industria española, el turismo, o por añadir una última cuestión, la creación del “Ministerio de la Verdad” donde las personas del núcleo duro de Moncloa decidirán qué noticias son ciertas y cuáles no. 

Un cóctel de acontecimientos medidos por aquellos que llevan años planificando una involución democrática para acabar con la libertad, el bien más preciado para toda persona, algo ya confirmado sin disimulo por Bildu, “vamos a Madrid a tumbar definitivamente el régimen”. Otro paso más a la espera del próximo, que no se hará esperar.


Outro paso máis

Levamos meses nos que a sucesión de decisións do Goberno e de pasos cada vez máis alucinantes, fan que a capacidade de sorprendernos estea esgotada e, o que é peor, as reaccións sociais carezan de intensidade. Posiblemente o vivir neste permanente estado de alarma, coas restricións coñecidas, inflúe nesa limitada ou escasa reacción, que seguro que noutras circunstancias sería ben diferente.

O último balbordo, no momento de escribir este artigo, ten que ver coa aprobación no Congreso dun novo Proxecto de Lei de Educación sen o máis mínimo dialogo previo e por tanto sen consensos sociais nin políticos.

Con independencia de critícalas particulares estamos fronte unha Lei que destila ideoloxía sectaria en todas as súas páxinas onde o Goberno, o seu único autor, busca a confrontación e eríxese no único  valedor de causas como a infancia, a inclusión ou a perspectiva de xero, nun modelo que polo que máis destaca é pola súa limitación á liberdade, pola imposición.

O resumo é terrible: a renuncia ás escasas competencias que quedan ao Estado en materia de educación, sendo ata o de agora o encargado de velar pola vertebración e cohesión do sistema educativo, como o ensino do castelán e en castelán en todo o territorio ou a realización de probas ao finalizar o Bacharelato, practícaa desaparición da Alta Inspección e a súa capacidade sancionadora, a eliminación da autonomía organizativa do centro, os ataques frontais á liberdade de elección das familias, chegándose a falar de “asignar” centro educativo no canto de “elixir”, e un longo etcétera .

Púxose o foco de maneira prioritaria en cuestións como a eliminación da lingua oficial en España como lingua  vehicular, asunto de gravidade pouco valorada, e menos noutras cousas como o pasar de curso sen recibir o aprobado das correspondentes materias, ou devandito de maneira clara, con suspensos, algo que se proclama contrario a unha educación de calidade, que esnaquiza a cultura do esforzo, básica para o progreso de calquera persoa ou nación. A garantía para que as xeracións saídas desas novas aulas teñan o seu currículo cheo de incompetencia e incapacidade para a vida e véxanse abocadas a un fracaso anunciado. Este foi outro paso máis na dirección de perverter nosa democracia nos últimos meses.

Antes, pero a escasos días, vimos os ataques á independencia xudicial, as campañas e manobras para acosar á Coroa, a xefatura do Estado, os pactos cos herdeiros de ETA, as manobras en política exterior que tensan as relacións internacionais e desprestixian aínda máis a imaxe de España desviando investimentos e arruinando a principal industria española, o turismo, ou por engadir unha última cuestión, a creación do “Ministerio da Verdade” onde as persoas do núcleo duro de Moncloa decidirán que noticias son certas e cales non. 

Un cóctel de acontecementos medidos por aqueles que levan anos planificando unha  involución democrática para acabar coa liberdade, o ben máis prezado para toda persoa, algo xa confirmado sen  disimulo por  Bildu, “imos a Madrid a tombar definitivamente o réxime”. Outro paso máis á espera do próximo, que non se fará esperar.

miércoles, 11 de noviembre de 2020

La verdad oficial

Todos habrán escuchado en alguna ocasión el famoso refrán “todo es verdad o mentira según el color del cristal con que se mira”. Pues olvídense porque a partir de ahora en España las cosas que digamos o escribamos de manera pública, como estoy haciendo yo en este artículo, serán verdad o mentira no a su criterio o al mío, sino al de un comité de personas que el Gobierno designe y que enjuiciará si es verdad o mentira.

El gobierno de Sánchez y Pablo Iglesias acaba de dar un nuevo paso hacia el control total de la información publicando en el BOE la creación de un “Comité contra la desinformación” que ya se conoce como el Ministerio de la Verdad, y cuyo objetivo es vigilar a los medios y perseguir todo aquello que a juicio del Gobierno se considere “desinformación”.

De joven leí la famosa novela de George Orwell “1984” que creó el concepto de “Gran Hermano”, que en aquellos años parecía ciencia ficción y hoy ya lo tenemos observando nuestros movimientos y, a partir de ahora, lo que se diga o escriba.

Me gustaría saber si las muchas mentiras pronunciadas por Sánchez serán objeto de estos censuradores. ¿Se acuerdan?: “si quieren se lo digo cinco veces o veinte, con Bildu no vamos a pactar” o “no voy a permitir que la gobernabilidad de España descanse en partidos independentistas”, o “con Pablo Iglesias a ningún lado” y todas las que quieran añadir porque a mi no me caben en este espacio. Los mentirosos persiguiendo mentiras.

Lo que es verdad o mentira lo decidirán por nosotros personas de la máxima confianza del presidente del gobierno, y de su vicepresidente Iglesias, como son los gabinetes de los ministerios o el jefe de gabinete del propio Sánchez.

Y todo este espectáculo censurante con la disculpa de que lo que se pretende es limitar la propagación de falsedades por los medios de comunicación y las redes sociales, para evitar, y utilizo palabras textuales del gobierno, “un gran quebranto a la democracia”.

Para cubrir sus vergonzosas estrategias dicen ampararse en supuestos planes europeos que ningún país aplica, al igual que no existe ningún Estado miembro de la Unión Europea que se plantee controlar desde el Gobierno las denominadas noticias falsas. Algunos países tienen implantados procedimientos sancionadores o comisiones parlamentarias con participación de todos los partidos políticos para contrarrestar la difusión de “Fake news”, pero ninguno salvo España aplica este método que se parece mucho a la olvidada “censura”.

Los que más hablaron de libertad y democracia son los que peor toleran las criticas. Quizás entendamos mejor ahora a Pablo Iglesias cuando pedía el control de la televisión pública. En estos momentos también añade la pretensión de controlar el resto de canales y medios de comunicación.

Lo dicho, el color de los cristales ya no marcará el criterio de lo que veamos a través de ellos, si es blanco o de color nos lo dirán desde Moncloa. Solo habrá una verdad, la verdad oficial.


 

A verdade oficial

 

Todos escoitarían nalgunha ocasión o famoso refrán “todo é verdade ou mentira segundo a cor do cristal con que se mira”. Pois esquézano porque a partir de agora en España as cousas que digamos ou escribamos de maneira pública, como estou a facer eu neste artigo, serán verdade ou mentira non ao seu criterio ou ao meu, senón ao dun comité de persoas que o Goberno designe e que axuizará se é verdade ou mentira.

O goberno de Sánchez e Pablo Iglesias acaba de dar un novo paso cara ao control total da información publicando no BOE a creación dun “Comité contra a desinformación” que xa se coñece como o Ministerio da Verdade, e cuxo obxectivo é vixiar aos medios e perseguir todo aquilo que a xuízo do Goberno sexa considerado “desinformación”.

De mozo lin a famosa novela de George Orwell “1984” que creou o concepto de “Gran Irmán”, que naqueles anos parecía ciencia ficción e hoxe xa o temos observando os nosos movementos e, a partir de agora, o que se diga ou escriba.

Gustaríame saber se as moitas mentiras pronunciadas por Sánchez serán obxecto destes  censuradores. Acórdanse?: “se queren dígollo cinco veces ou vinte, con  Bildu non imos pactar” ou “non vou permitir que a gobernabilidade de España descanse en partidos independentistas”, ou “con Pablo Iglesias a ningún lado” e todas as que queiran engadir porque á miña non me caben neste espazo. Os mentireiros perseguindo mentiras.

O que é verdade ou mentira decidirano por nós persoas da máxima confianza do presidente do goberno, e do seu vicepresidente Iglesias, como son os gabinetes dos ministerios ou o xefe de gabinete do propio Sánchez.

E todo este espectáculo censurante coa desculpa de que o que se pretende é limitar a propagación de falsidades polos medios de comunicación e as redes sociais, para evitar, e utilizo palabras textuais do goberno, “un gran quebranto á democracia”.

Para cubrir as súas vergoñosas estratexias din ampararse en supostos plans europeos que ningún país aplica, do mesmo xeito que non existe ningún Estado membro da Unión Europea que se expoña controlar desde o Goberno as denominadas noticias falsas. Algúns países teñen implantados procedementos sancionadores ou comisións parlamentarias con participación de todos os partidos políticos para contrarrestar a difusión de “ Fake  news”, pero ningún salvo España aplica este método que se parece moito á esquecida “censura”.

Os que máis falaron de liberdade e democracia son os que peor toleran critícalas. Quizais entendamos mellor agora a Pablo Iglesias cando pedía o control da televisión pública. Nestes momentos tamén engade a pretensión de controlar o resto de canles e medios de comunicación.

O devandito, a cor dos cristais xa non marcará o criterio do que vexamos a través deles, se é branco ou de cor diránnolo desde Moncloa. Só haberá unha verdade, a verdade oficial.

miércoles, 28 de octubre de 2020

Desmemoriados

Llevamos semanas, meses, escuchando y leyendo noticias cuyo principal contenido está compuesto por cifras, estadísticas, gráficos y mapas llenos de colores verdes, naranjas y con mucho rojo. De no ser porque se refieren a la situación de una larga y grave pandemia parecerían sólo eso, estadísticas y cifras. Pero nos tratan de acercar a cantidades que se traducen en personas contagiadas, ingresadas en hospitales, en las UCIs, que han sido dadas de alta o que han fallecido. Negocios que no aguantaron meses de inactividad, personas en paro o cobrando algún tipo de ayuda, en definitiva cifras poco tranquilizadoras en momentos en los que, a pesar de habernos asegurado en junio que esto había pasado y podíamos disfrutar el verano, la realidad, que siempre es tozuda, se ha impuesto y nos despierta de ese sueño o deseo de haber dejado atrás los peligros que nunca se fueron ni dejaron de amenazar.

En medio de esa tormenta diaria de cifras otras noticias conteniendo igualmente más cifras y estadísticas han pasado casi desapercibidas, y sin tratar de equipararlas en cuanto a su gravedad, lo cierto es que deberían hacernos reflexionar. Sólo traigo a estas líneas una de ellas con uno de sus muchos titulares: “Seis de cada diez jóvenes no saben quién fue Miguel Ángel Blanco”. Noticias referidas a una encuesta de GAD3 que nos revela algunas cosas que también deberían preocuparnos por sus consecuencias, como que más de la mitad de los españoles cree que la organización terrorista ETA sigue activa; el 70% de los españoles no saben quién fue José Antonio Ortega Lara; sólo un 38% de los jóvenes identifica a Irene Villa como una de las victimas de ETA; el 95% de los españoles desconoce el número de victimas causadas por el terrorismo etarra; y quizás la que puede relevar el origen de algunas de las anteriores, el 68% de los menores de 35 años reconocen que no han estudiado en el colegio o la universidad nada que esté relacionado con la banda terrorista que durante años segó la vida de más de 800 víctimas y dejó con heridas y traumas irrecuperables a miles de familias en España. El citado estudio lleva por título “La memoria de un país. Estudio sobre el conocimiento de la historia de ETA en España

He traído este ejemplo por lo que para nosotros debería representar nuestra Historia como pueblo, como Nación. Quizás mucha de esta desmemoria proceda de la falta del estudio de nuestra historia, pasada y reciente, en los programas de enseñanza. No me considero quién pata cuestionar métodos ni programas educativos, sólo trato de constatar hechos. 

Inmersos en la inmediatez, en la era digital y de las redes sociales, en la época de los influencers, pudiera parecer que lo bueno y lo malo acontecido antaño no tiene capacidad de influir y por ello de afectarnos como sociedad a día de hoy.  

Un pueblo que ignora o desconoce su historia está condenado a repetir sus errores, a no aprender de ellos y también a no sentir orgullo por sus gestas, ni a recordar a sus héroes, los de antes y los de ahora. Está condenado a construir una sociedad de desmemoriados.


Desmemoriados

Levamos semanas, meses, escoitando e lendo noticias cuxo principal contido está composto por cifras, estatísticas, gráficos e mapas cheos de cores verdes, laranxas e con moito vermello. De non ser porque se refiren á situación dunha longa e grave pandemia parecerían só iso, estatísticas e cifras. Pero trátannos de achegar a cantidades que se traducen en persoas contaxiadas, ingresadas en hospitais, nas  UCIs, que foron dadas de alta ou que faleceron. Negocios que non aguantaron meses de inactividade, persoas en paro ou cobrando algún tipo de axuda, en definitiva cifras pouco  tranquilizadoras en momentos nos que, a pesar de asegurarnos en xuño que isto pasara e podiamos gozar o verán, a realidade, que sempre é túzara, impúxose e espértanos dese soño ou desexo de deixar atrás os perigos que nunca se foron nin deixaron de ameazar.

No medio desa tormenta diaria de cifras outras noticias contendo igualmente máis cifras e estatísticas pasaron case desapercibidas, e sen tratar de equiparalas en canto á súa gravidade, o certo é que deberían facernos reflexionar. Só traio a estas liñas unha delas cun dos seus moitos titulares: “Seis de cada dez novos non saben quen foi Miguel Ángel Blanco”. Noticias referidas a unha enquisa de  GAD3 que nos revela algunhas cousas que tamén deberían preocuparnos polas súas consecuencias, como que máis da metade dos españois cre que a organización terrorista ETA segue activa; o 70% dos españois non saben quen foi José Antonio Ortega Lara; só un 38% dos mozos identifica a Irene Villa como unha das  victimas de ETA; o 95% dos españois descoñece o número de  victimas causadas polo terrorismo etarra; e quizais a que pode relevar a orixe dalgunhas das anteriores, o 68% dos menores de 35 anos recoñecen que non estudaron no colexio ou a universidade nada que estea relacionado coa banda terrorista que durante anos segou a vida de máis de 800 vítimas e deixou con feridas e traumas irrecuperables a miles de familias en España. O citado estudo leva por título “A memoria dun país. Estudo sobre o coñecemento da historia de ETA en España

Trouxen este exemplo polo que para nós debería representar a nosa Historia como pobo, como Nación. Quizais moita desta  desmemoria proceda da falta do estudo da nosa historia, pasada e recente, nos programas de ensino. Non me considero quen pata cuestionar métodos nin programas educativos, só trato de constatar feitos. 

Inmersos na inmediatez, na era dixital e das redes sociais, na época dos influencers, puidese parecer que o bo e o malo acontecido outrora non ten capacidade de influír e por iso de afectarnos como sociedade a día de hoxe.  

Un pobo que ignora ou descoñece a súa historia está condenado a repetir os seus erros, a non aprender deles e tamén a non sentir orgullo polas súas xestas, nin a lembrar aos seus heroes, os de antes e os de agora. Está condenado a construír unha sociedade de  desmemoriados.


miércoles, 14 de octubre de 2020

Alunizaje

No es de extrañar que en estos días todos los medios dediquen espacios prioritarios a poner de relieve la hazaña de un gran deportista español como Rafa Nadal. Las buenas noticias son más necesarias que otras veces, y si vienen de personas ejemplares, más.

A Rafael Nadal se le quiere y aprecia no solo por su nivel de juego y deportividad, sino también, y diría sobre todo, por su calidad humana y ejemplo para muchos. Porque Rafa, como muchos de nosotros, todavía se emociona cuando escucha nuestro Himno y se siente orgulloso de nuestra tierra. Hoy más que nunca España necesita de personas como él, que lleven el nombre de su Nación por el mundo adelante sin acomplejarse, con orgullo y siendo ejemplares.

Hace unos años escribí en estas mismas páginas acerca de la necesidad de volver a sentirse orgullosos de ser españoles, de recuperar nuestra autoestima y dejar de ser tan críticos con todo lo bueno que tenemos, que es mucho. Recordaba que nuestra imagen exterior podía resumirse en la combinación entre tradición y modernidad, un país solidario, con un idioma, el español, como lengua universal (el segundo más aprendido y hablado en el mundo), tenemos una gran capacidad de adaptación, y finalmente añadía que somos un país fiable, jurídica y económicamente. No hace falta que les diga qué cosas de las que entonces citaba hoy no podría escribir con tanta seguridad.

Frente a estos ejemplos de orgullo, el panorama actual es preocupante y decepcionante en varios aspectos. La nefasta gestión de la pandemia nos sitúa a la cola de la cada día más lejana recuperación, lo que daña sobremanera la imagen internacional de nuestra Nación. Éramos el país que más jubilados recibía del resto de Europa y el mayor en número de Erasmus, es decir de jóvenes estudiantes que cursaban aquí un año de sus estudios universitarios. Ahora encabezamos el ranking de caída de turistas y todo el sector vinculado a esa gran fuente de empleo y generador de riqueza se tambalea sin horizonte claro por la falta de medidas y la pérdida de confianza en quienes se encuentran al frente del Gobierno.

Los escaparates de los comercios, grandes y pequeños, siempre han sido una manera de anunciar y ayudar a vender sus productos. España siempre tuvo en sus escaparates muchas de las cosas arriba citadas y otras muchas que aquí no caben. La obligación de cualquier gobierno es potenciar y defender esos valores para ayudarnos a crecer como pueblo y aumentar esa autoestima de españoles cada día más devaluada. Lo grave es que nuestro Gobierno actual parece más preocupado en mantenerse en el poder que en gobernar para todos.

De nuestro escaparate quieren retirar al Rey y con ello el sistema constitucional de la Monarquía Parlamentaria, eliminar los valores del respeto y la convivencia entre españoles piensen como piensen y vivan donde vivan volviendo a la fallida clasificación de buenos y malos, e intentan poner en jaque a nuestra justicia atacando su independencia. En definitiva buscan romper ese escaparate para, eliminando al Rey, enterrar después nuestro sistema autonómico y montar un nuevo escaparate que anuncie una república confederal en la que Pedro Sánchez se legitime a si mismo como su fundador. Un alunizaje en toda regla contra el escaparate de la Nación Española. Un alunizaje donde los aluniceros están ahora sentados en el Gobierno.


Aluaxe 

Non é de estrañar que nestes días todos os medios dediquen espazos prioritarios a poñer de relevo a fazaña dun gran deportista español como Rafa Nadal. As boas noticias son máis necesarias que outras veces, e se veñen de persoas exemplares, máis.

A Rafael Nadal quéreselle e aprecia non só polo seu nivel de xogo e deportividade, senón tamén, e diría sobre todo, pola súa calidade humana e exemplo para moitos. Porque Rafa, como moitos de nós, aínda se emociona cando escoita o noso Himno e sente orgulloso da nosa terra. Hoxe máis que nunca España necesita de persoas como el, que leven o nome da súa Nación polo mundo adiante sen cohibirse, con orgullo e sendo exemplares.

Hai uns anos escribín nestas mesmas páxinas acerca da necesidade de volver sentirse orgullosos de ser españois, de recuperar a nosa autoestima e deixar de ser tan críticos con todo o bo que temos, que é moito. Lembraba que a nosa imaxe exterior podía resumirse na combinación entre tradición e modernidade, un país solidario, cun idioma, o español, como lingua universal (o segundo máis aprendido e falado no mundo), temos unha gran capacidade de adaptación, e finalmente engadía que somos un país fiable, xurídica e economicamente. Non fai falta que lles diga que cousas das que entón citaba hoxe non podería escribir con tanta seguridade.

Fronte a estes exemplos de orgullo, o panorama actual é preocupante e decepcionante en varios aspectos. A nefasta xestión da pandemia sitúanos á cola da cada día máis afastada recuperación, o que dana excesivamente a imaxe internacional da nosa Nación. Eramos o país que máis xubilados recibía do resto de Europa e o maior en número de Erasmus, é dicir de novos estudantes que cursaban aquí un ano dos seus estudos universitarios. Agora encabezamos a clasificación de caída de turistas e todo o sector vinculado a esa gran fonte de emprego e xerador de riqueza cambaléase sen horizonte claro pola falta de medidas e a perda de confianza en quen se atopa á fronte do Goberno.

Os escaparates dos comercios, grandes e pequenos, sempre foron unha maneira de anunciar e axudar a vender os seus produtos. España sempre tivo nos seus escaparates moitas das cousas arriba citadas e outras moitas que aquí non caben. A obrigación de calquera goberno é potenciar e defender eses valores para axudarnos a crecer como pobo e aumentar esa autoestima de españois cada día máis devaluada. O grave é que o noso Goberno actual parece máis preocupado en manterse no poder que en gobernar para todos.

Do noso escaparate queren retirar ao Rey e con iso o sistema constitucional da Monarquía Parlamentaria, eliminar os valores do respecto e a convivencia entre españois pensen como pensen e vivan onde vivan volvendo á errada clasificación de bos e malos, e tentan poñer en xaque á nosa xustiza atacando a súa independencia. En definitiva buscan romper ese escaparate para, eliminando ao Rey, enterrar despois o noso sistema autonómico e montar un novo escaparate que anuncie unha república confederal na que Pedro Sánchez lexitímese a se mesmo como o seu fundador. Unha aluaxe en toda regra contra o escaparate da Nación Española. Unha aluaxe onde os  aluniceros están agora sentados no Goberno.


miércoles, 30 de septiembre de 2020

Pasarse tres montañas

En las últimas semanas leer un periódico, escuchar la radio o ver las noticias en cualquier cadena de televisión se está convirtiendo en una acción que cada día requiere de mayores dosis de serenidad.

Empezando por lo más cercano, en este mismo diario pudimos enterarnos de nuevos y cada día más frecuentes episodios de violencia callejera. Pandillas que se citan para cascarse en el centro de Lugo, jóvenes que golpean a un padre que reprende a su hija menor de edad, o delincuentes que patean a un chico para robarle y después plantan resistencia a la policía con barricadas en su domicilio, todo en céntricas zonas de la ciudad y ante los ojos atónitos de muchos vecinos. 

Igualmente estos signos de violencia se trasladan a escenarios de varias ciudades donde cuando la policía intenta reprender o multar a personas que no llevan la mascarilla o que no cumplen con las normas que, por esta pandemia, nos obligan a todos, se producen violentas escenas de resistencia a la autoridad. Lo mismo en ambulatorios y hospitales, donde facultativos y personal sanitario reciben amenazas y agresiones verbales y físicas. 

Mientras las calles son testigo de estos bochornosos espectáculos en otras instancias el panorama no es más esperanzador. La política sufre un serio desprestigio y quienes mejor ejemplo de dialogo y consenso deberían protagonizar parecen más preocupados en desmontar las instituciones mejor valoradas por los españoles o en confundir las prioridades y necesidades de la sociedad con sus intereses personales. Están siendo tantos los ejemplos que resulta difícil seleccionar unos sin olvidar otros igual de importantes.

Vengo manteniendo desde hace ya tiempo, y este espacio es fiel testigo de ello, que estamos en unas manos peligrosas, ambiciosas y que por momentos parecen rozar la paranoia.

Que nuestro Presidente del Gobierno vive con el principal objetivo de mantenerse en La Moncloa a cualquier precio ya no lo duda casi nadie. Que está dispuesto a pactar con quien sea y lo que sea tampoco. Que conseguir aprobar unos presupuestos para 2021 es su bote salvavidas para poder garantizarse esa estancia en el poder hasta finalizar esta Legislatura lo tenemos claro. Con la economía cayendo a niveles de la postguerra, la epidemia nuevamente descontrolada y el Gobierno empeñado en romper con el espíritu del 78, aquel que ha propiciado el periodo más largo de paz y fructífero de nuestra historia.

Cuando esta pasada semana escuché al Vicepresidente Iglesias decirle a nuestra bancada, y van varias veces, que el Partido Popular no volverá a sentarse en el Gobierno, un pensamiento siniestro me llevó a traducir sus palabras en el deseo no disimulado de instalar el totalitarismo, de acabar con la alternancia, de volver a los tiempos de dividirnos y enfrentar a la mitad de los españoles con la otra mitad. Se pasó tres montañas.

Por si eso no llegaba, volvimos a vivir nuevos actos de agravio a la Corona, a nuestro Rey, con la intención de dar un nuevo paso en la dirección ya indisimulada de tumbar esta Constitución y ponerle fecha de caducidad a la Monarquía Parlamentaria para instaurar una “Republiqueta”, como la llama Felipe González, con un nuevo jefe de Estado perpetuo, Sánchez.

Es posible que piensen que exagero, que igual me he “pasado tres montañas”. Pero déjenme que les diga una cosa más por si están dudando: ¡Viva el Rey!

 

Pasarse tres montañas

Nas últimas semanas ler un xornal, escoitar a radio ou ver as noticias en calquera cadea de televisión está a converterse nunha acción que cada día require de maiores doses de serenidade.

Empezando polo máis próximo, en leste mesmo diario puidemos decatarnos de novos e cada día máis frecuentes episodios de violencia nas rúas. Cuadrillas que se citan para  cascarse no centro de Lugo, mozos que golpean a un pai que reprende á súa filla menor de idade, ou delincuentes que patean a un mozo para roubarlle e despois plantan resistencia á policía con barricadas no seu domicilio, todo en céntricas zonas da cidade e fronte aos ollos atónitos de moitos veciños. 

Igualmente estes signos de violencia trasládanse a escenarios de varias cidades onde cando a policía tenta reprender ou multar a persoas que non levan a máscara ou que non cumpren coas normas que, por esta pandemia, obrígannos a todos, prodúcense violentas escenas de resistencia á autoridade. O mesmo en ambulatorios e hospitais, onde facultativos e persoal sanitario reciben ameazas e agresións verbais e físicas. 

Mentres as rúas son testemuña destes vergonzosos espectáculos noutras instancias o panorama non é máis esperanzador. A política sofre un serio desprestixio e quen mellor exemplo de dialogo e consenso deberían protagonizar parecen máis preocupados en desmontar as institucións mellor valoradas polos españois ou en confundir as prioridades e necesidades da sociedade cos seus intereses persoais. Están a ser tantos os exemplos que resulta difícil seleccionar uns sen esquecer outros igual de importantes.

Veño mantendo desde hai xa tempo, e este espazo é fiel testemuña diso, que estamos nunhas mans perigosas, ambiciosas e que por momentos parecen rozar a  paranoia.

Que o noso Presidente do Goberno vive co principal obxectivo de manterse na Moncloa a calquera prezo xa non o dubida case ninguén. Que está disposto a pactar con quen sexa e o que sexa tampouco. Que conseguir aprobar uns orzamentos para 2021 é o seu bote salvavidas para poder garantirse esa estancia no poder ata finalizar esta Lexislatura témolo claro. Coa economía caendo a niveis da posguerra, a epidemia novamente descontrolada e o Goberno empeñado en romper co espírito do 78, aquel que propiciou o período máis longo de paz e frutífero da nosa historia.

Cando esta pasada semana escoitei ao Vicepresidente Iglesias dicirlle á nosa bancada, e van varias veces, que o Partido Popular non volverá sentar no Goberno, un pensamento sinistro levoume a traducir as súas palabras no desexo non disimulado de instalar o  totalitarismo, de acabar coa alternancia, de volver aos tempos de dividirnos e enfrontar á metade dos españois coa outra metade. Pasouse tres montañas.

Por se iso non chegaba, volvemos vivir novos actos de agravio á Coroa, ao noso Rei, coa intención de dar un novo paso na dirección xa indisimulada de tombar esta Constitución e poñerlle data de caducidade á Monarquía Parlamentaria para instaurar unha “Republiqueta”, como a chama Felipe González, cun novo xefe de Estado perpetuo, Sánchez.

É posible que pensen que esaxero, que igual me pasei “ tres montañas”. Pero déixenme que lles diga unha cousa máis por se están a dubidar: Viva o Rei!

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Soplar las velas

Cada vez que llega esta fecha y me toca soplar las velas reflexiono sobre el paso del tiempo, sobre la velocidad e intensidad con que cada uno vive su vida. Es muy frecuente escuchar expresiones como “estos años se me han pasado volando” o recomendaciones a los más jóvenes para que aprovechen y disfruten de esos años porque “cuando te des cuenta se han pasado los años, esto va muy rápido”. Reflexiones relativas y que cada uno hacemos a nuestra manera y que dependen en gran medida del enfoque de la vida, optando entre la rutina o la búsqueda constante de nuevas vivencias o experiencias.

En todo caso, lo que sí está demostrado es que con frecuencia se vive en modo piloto automático, inmersos en la rutina, rememorando los errores cometidos en el pasado y anticipando en nuestros pensamientos los problemas que nos encontraremos en el futuro, preocupándonos por cosas que no existen y que en la mayoría de las ocasiones nunca llegan a ocurrir, y actuando así nos olvidamos de vivir y disfrutar el presente, el aquí y el ahora.

El cuento “El buscador” de Jorge Bucay nos narra la historia de un hombre para quien su vida es una búsqueda. Un día en un pueblo lejano descubrió un lugar donde habían muchas piedras blancas con inscripciones que contenían el nombre de las personas y el tiempo que habían vivido “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días” o la de “Lamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”. Se sintió conmocionado porque pudo comprobar que el que más tiempo había vivido apenas sobrepasaba 11 años. El cuidador de aquel curioso cementerio le ofreció la explicación. “Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta, y es tradición entre nosotros que, a partir de entonces, cada vez que disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anote en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado, a la derecha, cuánto tiempo duró ese gozo. Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ése es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido”.

Como dijo Jacinto Benavente “La vida es como un viaje por mar, hay días de calma y días de borrasca. Lo importante es ser un buen capitán de nuestro barco” Ahora vivimos tiempos de borrascas, pero la manera en la que como capitanes de nuestro barco afrontemos las olas y vientos serán claves para que los años vividos se acerquen a los tiempos realmente disfrutados.

Hay quien se empeña en añorar constantemente sus años de juventud, olvidando la experiencia adquirida durante el paso de los años. Los 25 años ya no vuelven pero ahora tenemos nuestras mochilas cargadas de experiencia y sabiduría. ¨La mala noticia es que el tiempo vuela, la buena noticia es que tú eres el piloto” (Michael Althuler)

Hoy me toca a mí soplar las velas de un nuevo cumpleaños. Lo quiero hacer consciente de lo que hago en el momento presente, aplicarme aquellos consejos del sabio que decía “cuando como, simplemente como; duermo cuando estoy durmiendo, y cuando hablo contigo, sólo hablo contigo.”

No hay mejor receta, ser conscientes de lo que hacemos en el momento, disfrutar cada minuto de estar vivos. Hoy soplaré las velas.

Soprar as candeas

Cada vez que chega esta data e me toca soprar as candeas reflexiono sobre o paso do tempo, sobre a velocidade e intensidade con que cada un vive a súa vida. É moi frecuente escoitar expresións como “estes anos pasáronseme voando” ou recomendacións aos máis novos para que aproveiten e gocen deses anos porque “cando te deas conta pasáronse os anos, isto vai moi rápido”. Reflexións relativas e que cada un facemos á nosa maneira e que dependen en gran medida do enfoque da vida, optando entre a rutina ou a procura constante de novas vivencias ou experiencias.

En todo caso, o que si está demostrado é que con frecuencia vívese en modo piloto automático, inmersos na rutina, rememorando os erros cometidos no pasado e anticipando nos nosos pensamentos os problemas que nos atoparemos no futuro, preocupándonos por cousas que non existen e que na maioría das ocasións nunca chegan a ocorrer, e actuando así nos esquecemos de vivir e gozar o presente, o aquí e o agora.

O conto “O buscador” de Jorge  Bucay nárranos a historia dun home para quen a súa vida é unha procura. Un día nun pobo afastado descubriu un lugar onde habían moitas pedras brancas con inscricións que contiñan o nome das persoas e o tempo que viviran “Bidueiro Tare, viviu 8 anos, 6 meses, 2 semanas e 3 días” ou a de “ Lamar  Kalib, viviu 5 anos, 8 meses e 3 semanas”. Sentiu conmocionado porque puido comprobar que o que máis tempo vivira apenas excedía 11 anos. O coidador daquel curioso cemiterio ofreceulle a explicación. “Cando un mozo cumpre quince anos, os seus pais regálanlle un caderno, e é tradición entre nós que, a partir de entón, cada vez que goza intensamente de algo, abra o caderno e anote nela: á esquerda, que foi o gozado, á dereita, canto tempo durou ese gozo. Cando alguén morre, é o noso costume abrir o seu caderno e sumar o tempo do gozado, para escribilo sobre a súa tumba. Porque ese é, para nós, o único e verdadeiro tempo vivido”.

Como dixo Jacinto Benavente “A vida é como unha viaxe por mar, hai días de calma e días de borrasca. O importante é ser un bo capitán do noso barco” Agora vivimos tempos de borrascas, pero a maneira na que como capitáns do noso barco afrontemos as ondas e ventos serán claves para que os anos vividos achéguense aos tempos realmente gozados.

Hai quen se empeña en estrañar constantemente os seus anos de mocidade, esquecendo a experiencia adquirida durante o paso dos anos. Os 25 anos xa non volven pero agora temos as nosas mochilas cargadas de experiencia e sabedoría. ¨A mala noticia é que o tempo voa, a boa noticia é que ti es o piloto” (Michael  Althuler)

Hoxe tócame a min soprar as candeas duns novos aniversarios. Quéroo facer consciente do que fago no momento presente, aplicarme aqueles consellos do sabio que dicía “cando como, simplemente como; durmo cando estou a durmir, e cando falo contigo, só falo contigo.”

Non hai mellor receita, ser conscientes do que facemos no momento, gozar cada minuto de estar vivos. Hoxe soprarei as candeas.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Lavado de manos

En su primera aparición pública tras unas inoportunas vacaciones lo único que nos dijo fue que él se quitaba de encima la principal responsabilidad de un Presidente de Gobierno, resolver la situación de emergencia que afecta a todo el territorio nacional.

San Mateo en su narración del falso e injusto juicio a Jesús subraya el acto de lavarse las manos una vez dictada sentencia de muerte por parte de Pilatos mientras se quitaba de en medio ante su pueblo, diciendo “soy inocente de la sangre de este justo. Vosotros veréis”. Aquél histórico lavado de manos de hace siglos vuelve hoy a la memoria de muchos ante la repugnante conducta de un Presidente de Gobierno que lejos de asumir sus responsabilidades constitucionales solo actúa en base a estrategias partidistas con el único fin de no sufrir desgaste y perpetuarse en el poder.

La persona que en junio nos dijo que gracias a él y a sus medidas se habían salvado 450.000 vidas y que “hemos vencido a la pandemia” animándonos a todos a “salir a la calle”, la que nos mandó ese tipo de mensajes ahora nos dice que cada palo aguante su vela, que él ya hizo todo lo que tenía que hacer y ahora son las Comunidades Autónomas las que deben adoptar las medidas que consideren oportunas y que él arrimará el hombro pero sólo bajo petición, porque la responsabilidad ya no está en sus manos limpias.

La realidad dista mucho de la propaganda gubernamental. La dura realidad sitúa a España a la cabeza de Europa en número de contagios a gran distancia de los siguientes países. La caída de nuestra riqueza nacional ha batido todos los récords, y mientas el paro se dispara las prometidas ayudas no llegan a los que las necesitan. Todavía son miles de trabajadores en ERTE los que no han cobrado desde marzo.

Frente a este panorama y en el puente de mando del barco donde vamos todos no hay más que un aspirante a capitán, sin conocimientos y sin ganas de dejarse ayudar, preocupado solamente de su imagen. Ante las grandes olas que ya nos azotan y las que asoman por el horizonte, algo que él mismo en su día calificó como “la peor crisis sanitaria de la historia”, ha renunciado a ejercer sus funciones de coordinación y ha lanzado 17 botes salvavidas para que cada uno de sus responsables adopte las medidas oportunas mientras él, parapetado en la Moncloa, sigue mirándose en el espejito “Redondo” y preguntándose si habrá en la faz de la tierra alguien más guapo que él.

Sólo las personas sin escrúpulos son capaces de, en situaciones de emergencia, ante graves crisis sociales y económicas, adoptar la práctica del lavado de manos, escabullir sus responsabilidades y dejarnos al albur de las tormentas.

Quiero recordar hoy una de sus celebres frases pronunciada el 4 de abril desde todas las pantallas de televisión en aquellas interminables alocuciones: “Estamos aprendiendo, los niños de este país se lavan ahora más las manos que hace tres semanas”. Con aquella frase trababa de vender uno de sus “logros” de gestión, y hoy recobra actualidad porque nos hemos dado cuenta de que ha sido él el que mejor aprendió a lavarse las manos en estos meses.

Espero que los niños de hoy, los hombres de mañana, no hayan aprendido de este Presidente la forma de lavarse las manos. 


Lavado de mans

Na súa primeira aparición pública tras unhas inoportunas vacacións o único que nos dixo foi que el se quitaba de encima a principal responsabilidade dun Presidente de Goberno, resolver a situación de emerxencia que afecta a todo o territorio nacional.

San Mateo na súa narración do falso e inxusto xuízo a Jesús subliña o acto de lavarse as mans unha vez ditada sentenza de morte por parte de Pilatos mentres se quitaba de no medio fronte o seu pobo, dicindo “son inocente do sangue deste xusto. Vós veredes”. Aquel histórico lavado de mans de hai séculos volve hoxe á memoria de moitos fronte a repugnante conduta dun Presidente de Goberno que lonxe de asumir as súas responsabilidades constitucionais só actúa en base a estratexias partidistas co único fin de non sufrir desgaste e perpetuarse no poder.

A persoa que en xuño nos dixo que grazas a el e ás súas medidas salváronse 450.000 vidas e que “vencemos á pandemia” animándonos a todos a “saír á rúa”, a que nos mandou ese tipo de mensaxes agora dinos que cada pau aguante a súa vela, que el xa fixo todo o que tiña que facer e agora son as Comunidades Autónomas as que deben adoptar as medidas que consideren oportunas e que el arrimará o ombreiro pero só baixo petición, porque a responsabilidade xa non está nas súas mans limpas.

A realidade dista moito da propaganda gobernamental. A dura realidade sitúa a España á cabeza de Europa en número de contaxios a gran distancia dos seguintes países. A caída da nosa riqueza nacional ha batido todos os récords, e mintas o paro dispárase as prometidas axudas non chegan aos que as necesitan. Aínda son miles de traballadores en ERTE os que non cobraron desde marzo.

Fronte a este panorama e na ponte de mando do barco onde imos todos non hai máis que un aspirante a capitán, sen coñecementos e sen ganas de deixarse axudar, preocupado soamente da súa imaxe. Fronte as grandes ondas que xa nos azoutan e as que asoman polo horizonte, algo que el mesmo no seu día cualificou como “a peor crise sanitaria da historia”, renunciou a exercer as súas funcións de coordinación e lanzou 17 botes salvavidas para que cada un dos seus responsables adopte as medidas oportunas mentres el, parapetado na Moncloa, segue mirándose no espelliño “Redondo” e preguntándose se haberá na face da terra alguén máis guapo que el.

Só as persoas sen escrúpulos son capaces de, en situacións de emerxencia, fronte ás graves crises sociais e económicas, adoptar a práctica do lavado de mans, fuxir d as súas responsabilidades e deixarnos ao azar das tormentas.

Quero lembrar hoxe una dos seus celebres frases pronunciada o 4 de abril desde todas as pantallas de televisión naquelas interminables alocucións: “Estamos a aprender, os nenos deste país lávanse agora máis as mans que fai tres semanas”. Con aquela frase trababa de vender un dos seus “logros” de xestión, e hoxe recobra actualidade porque nos demos conta de que foi el o que mellor aprendeu a lavarse as mans nestes meses.

Espero que os nenos de hoxe, os homes de mañá, non aprendesen deste Presidente a forma de lavarse as mans.


miércoles, 19 de agosto de 2020

Escuchar con los ojos

Cada día estoy más convencido de que la comunicación entre las personas adolece de los elementos necesarios para que sea una comunicación autentica y útil. Si observamos detenidamente nuestro entorno en las diferentes etapas de un día cualquiera podremos darnos cuenta de que estamos rodeados de muchos tipos de ruidos, ruidos todos ellos causantes de obstáculos para pensar y especialmente para comunicarnos.

Es frecuente que sentados en la terraza de una cafetería escuchemos más las voces de otras mesas que las conversaciones de la nuestra. Si nos detenemos a observar alguna de esas escenas podremos comprobar que es frecuente que los que toman la palabra se consideren expertos en el tema a tratar, hablan y hablan sin importarles lo que otros digan. Sólo están pendientes de encontrar la oportunidad de meter baza al primer silencio que se produzca, pensando todo el rato en lo que dirán y sin escuchar lo que otros están diciendo.

También es cada día mas frecuente el modelo de comunicación que las nuevas tecnologías nos imponen. Un ejemplo lo estamos viviendo como consecuencia de la pandemia de la COVID-19, donde las reuniones presenciales se han transformado en reuniones virtuales a través de videoconferencias, donde igualmente son frecuentes las intervenciones de lucimiento ante todos los conectados para dejar un sello de entendido o experto en la materia, sin prestar atención al resto de intervinientes.

Algo parecido ocurre con las redes sociales y los innumerables medios y fuentes de información, donde se da la paradoja de que cada día son más los que se creen todo lo que ven, leen o escuchan al tiempo que se cuestionan la información. Una gran contradicción. Recuerdo que siendo alcalde una persona me rebatía un tema argumentando sin parar de repetir que aquel asunto era como el decía. A mi pregunta de por qué estaba tan seguro de ello me contesto, “porque lo ha dicho la radio”.

Estamos inmersos en la sociedad de la tecnología.. Hoy aprietas un botón en tu móvil y la voz del asistente del móvil, a quien cada uno le puede poner la cara que quiera, te responde con voz dulce “¿en que puedo ayudarte?”. Tecnologías que nos alejan cada día más de la autentica comunicación verbal.

Cuando me formé como Coach lo primero que me enseñaron fue a ponerme en sintonía con el cliente al que vamos a acompañar en su proceso de identificar y alcanzar sus objetivos personales o profesionales. En ese proceso de escucha comprobamos que el lenguaje no sólo es hablado sino también corporal, y así los expertos afirman que sólo el 7% del contenido del mensaje que percibimos en una conversación son palabras. La voz, su ritmo su volumen constituyen el 38%, y todos los elementos no verbales como la postura, los gestos, las muecas… completan el 55% restante.

Aprender a escuchar no es solo oír al que nos habla, sino también y sobre todo, observar sus gestos y las emociones que nos transmiten. Hoy más que nunca tendríamos que intentar escucharnos más y mejor, aprender a escuchar con los ojos.

Escoitar cos ollos

Cada día estou máis convencido de que a comunicación entre as persoas adoece dos elementos necesarios para que sexa unha comunicación autentica e útil. Se observamos detidamente a nosa contorna nas diferentes etapas dun día calquera poderemos darnos conta de que estamos rodeados de moitos tipos de ruídos, ruídos todos eles causantes de obstáculos para pensar e especialmente para comunicarnos.

É frecuente que sentados na terraza dunha cafetería escoitemos máis as voces doutras mesas que as conversacións da nosa. Se nos detemos a observar algunha desas escenas poderemos comprobar que é frecuente que os que toman a palabra considérense expertos no tema para tratar, falan e falan sen importarlles o que outros digan. Só están pendentes de atopar a oportunidade de meter baza ao primeiro silencio que se produza, pensando todo o intre no que dirán e sen escoitar o que outros están a dicir.

Tamén é cada día mais frecuente o modelo de comunicación que as novas tecnoloxías impóñennos. Un exemplo estamos a vivilo como consecuencia da pandemia da COVID-19, onde as reunións presenciais transformáronse en reunións virtuais a través de videoconferencias, onde igualmente son frecuentes as intervencións de lucimento #ante todos os conectados para deixar un selo de entendido ou experto na materia, sen prestar atención ao resto de intervenientes.

Algo parecido ocorre coas redes sociais e os innumerables medios e fontes de información, onde se dá o paradoxo de que cada día son máis os que se cren todo o que ven, len ou escoitan á vez que se cuestionan a información. Unha gran contradición. Recordo que sendo alcalde unha persoa rebatíame un tema argumentando sen parar de repetir que aquel asunto era como o dicía. Á miña pregunta de por que estaba tan seguro diso contestoume, “porque o dixo a radio”.

Estamos inmersos na sociedade da tecnoloxía.. Hoxe dáslle a un botón no teu móbil e a voz do asistente do móbil, a quen cada un pódelle poñer a cara que queira, respóndeche con voz doce “en que podo axudarche?”. Tecnoloxías que nos afastan cada día máis de autentícaa comunicación verbal.

Cando me formei como Coach o primeiro que me ensinaron foi a poñerme en sintonía co cliente ao que imos acompañar no seu proceso de identificar e alcanzar os seus obxectivos persoais ou profesionais. Nese proceso de escoita comprobamos que a linguaxe non só é falado senón tamén corporal, e así os expertos afirman que só o 7% do contido da mensaxe que percibimos nunha conversación son palabras. A voz, o seu ritmo o seu volume constitúen o 38%, e todos os elementos non verbais como a postura, os xestos, os acenos… completan o 55% restante.

Aprender a escoitar non é só oír ao que nos fala, senón tamén e sobre todo, observar os seus xestos e as emocións que nos transmiten. Hoxe máis que nunca teriamos que tentar escoitarnos máis e mellor, aprender a escoitar cos ollos.


miércoles, 5 de agosto de 2020

Y no pasa nada

Han sucedido tantas cosas en tan poco tiempo que es posible que no todas ellas se hayan reflexionado de manera adecuada.Igualmente hemos escuchado tantas mentiras que con cada una de ellas olvidábamos las anteriores, por muy graves que fueran los engaños.

Desde aquel ya famoso “No habrá más allá de algún caso en España hasta la tremenda burla propiciada por las constantes referencias a un “Comité de expertos” que durante la desescalada fue la coartada para la toma de todo tipo de decisiones y que ahora el gobierno ha reconocido que nunca existió.

Entre abril y junio más de un millón de personas incrementaron la triste lista de parados y, sin contar los 3 millones de personas sujetas a un ERTE, hoy en España la tasa de desempleo supera ya el 15%. Todo apunta a que esta cifra seguirá incrementándose en un escenario en el que ya hemos conocido que nuestra economía ha caído un 18,5%, la bajada más grande de nuestra historia, y a mucha distancia de los principales países europeos.

Y mientras todo esto acontece a un ritmo frenético, nuestro presidente Pedro Sánchez se regodea en medio de los aplausos de los suyos al tiempo que nos anuncia que “ya hay síntomas de recuperación”. Más mentiras y engaños y aquí no pasa nada.

Durante los primeros meses de la pandemia la solución que nos dieron fue un encierro sin paliativos, una sociedad confinada ante la ausencia de un plan, de una estrategia. Fue una medida desesperada ante la negligencia de un gobierno que decía adoptar las medidas en base a informes de unos expertos que resultaron ser fantasmas, que nunca existieron. Y no pasa nada.

Con las mentiras ocurre que al principio nos escandalizan para después, cuando se convierten en una inagotable cadena de engaños, pasar del escandalo a algo inocuo e impune. En esta crisis en la que todavía estamos inmersos la cadena de mentiras resulta tan larga que después de tapar cada una con la siguiente, pareciera que ya nos hemos acostumbrado y que engañar no pasa factura al mentiroso. Pero lo más preocupante es que a mucha gente parece no importarles que les mientan.

Todo es una gran mentira, la cifra de contagiados, el número real de fallecidos, los criterios aplicados para los cambios de fases, que todos cuantos están en ERTEs ya cobraron cuando no les ha llegado su dinero a 150.000 personas, o la penúltima, aquello de “que hacemos lo que deciden los expertos” que a la vista de lo conocido bien podría cambiarse por “hacemos lo que dicen Simón y Sánchez”. Y no pasa nada.

Si ocultar el número real de fallecidos es una infamia, si hacerlo mientras se jactan de lo bien que lo hacen es vomitivo, decir ahora que todas las decisiones se tomaban en base al criterio técnico y científico de un comité que nunca existió, me parece lisa y llanamente una burla a todos, a los de aquí y a los de fuera de España. Quizás por eso nuestro país encabeza la lista de los que sufren mayor diferencia entre las cifras reales y las oficiales. Y no pasa nada.

España está ya en recesión y el otoño se anuncia terrible en muchas estadísticas. Y no pasa nada.Es agosto, cuidaros mucho.


 E non pasa nada

Sucederon tantas cousas en tan pouco tempo que é posible que non todas elas reflexionáronse de maneira adecuada.Igualmente escoitamos tantas mentiras que con cada unha delas esqueciamos as anteriores, por moi graves que fosen os enganos.

Desde aquel xa famoso “Non haberá máis aló dalgún caso en España” ata a tremenda burla propiciada polas constantes referencias a un “Comité de expertos” que durante a desescalada foi a coartada para a toma de todo tipo de decisións e que agora o goberno recoñeceu que nunca existiu.

Entre abril e xuño máis dun millón de persoas incrementaron a triste lista de parados e, sen contar os 3 millóns de persoas suxeitas a un  ERTE, hoxe en España a taxa de desemprego supera xa o 15%. Todo apunta a que esta cifra seguirá incrementándose nun escenario no que xa coñecemos que a nosa economía caeu un 18,5%, a baixada máis grande da nosa historia, e a moita distancia dos principais países europeos.

E mentres todo isto acontece a un ritmo frenético, o noso presidente Pedro Sánchez se regodea no medio dos aplausos dos seus á vez que nos anuncia que “xa hai síntomas de recuperación”. Máis mentiras e enganos e aquí non pasa nada.

Durante os primeiros meses da pandemia a solución que nos deron foi un peche sen paliativos, unha sociedade confinada fronte a ausencia dun plan, dunha estratexia. Foi unha medida desesperada fronte a neglixencia dun goberno que dicía adoptar as medidas en base a informes duns expertos que resultaron ser pantasmas, que nunca existiron. E non pasa nada.

Coas mentiras ocorre que ao principio nos escandalizan para despois, cando se converten nunha inesgotable cadea de enganos, pasar do  escándalo a algo  inocuo e impune. Nesta crise na que aínda estamos inmersos a cadea de mentiras resulta tan larga que despois de tapar cada unha coa seguinte, parecese que xa nos afixemos e que enganar non pasa factura ao mentireiro. Pero o máis preocupante é que a moita xente parece non importarlles que lles mintan.

Todo é unha gran mentira, a cifra de contaxiados, o número real de falecidos, os criterios aplicados para os cambios de fases, que todos cuantos están en  ERTEs xa cobraron cando non lles chegou o seu diñeiro a 150.000 persoas, ou a penúltima, aquilo de “que facemos o que deciden os expertos” que á vista do coñecido ben podería cambiarse por “facemos o que din Simón e Sánchez”. E non pasa nada.

Se ocultar o número real de falecidos é unha infamia, se facelo mentres presumen do ben que o fan é  vomitivo, dicir agora que todas as decisións tomábanse en base ao criterio técnico e científico dun comité que nunca existiu, paréceme de xeito sinxelo unha burla a todos, aos de aquí e aos de fóra de España. Quizais por iso o noso país encabeza a lista dos que sofren maior diferenza entre as cifras reais e as oficiais. E non pasa nada.

España está xa en recesión e o outono anúnciase terrible en moitas estatísticas. E non pasa nada.es agosto, coidarvos moito.


miércoles, 22 de julio de 2020

Alcalde de toda Galicia

Cuando hace unos días Feijóo cerraba su último día de campaña electoral y pocas horas después recogía el premio a su esfuerzo en forma de su cuarta mayoría, dijo: “Intento ser presidente de los gallegos y alcalde de toda Galicia”. La expresión “alcalde de toda Galicia” me parece la mejor manera de asumir un compromiso y someterte al examen permanente con los ciudadanos que te votan y con los que no lo hacen. 

El alcalde se gana la confianza de sus vecinos por el trabajo que realiza día a día, por su manera de ser y actuar, por su honestidad, por su ejemplo, y en definitiva por su grado de compromiso con su territorio. Ser alcalde implica cercanía con los problemas de las personas, conocimiento de la realidad social y saber priorizar las necesidades y demandas.

Feijóo tiene sobradamente acreditada su capacidad de gestión en momentos de vacas flacas, de enormes dificultades como las que vivimos derivadas de la crisis del coronavirus que a día de hoy sigue amenazando nuestra salud y nuestros trabajos. Su currículo viene completándose desde hace años con éxitos de gestión y de liderazgo político, pero su crecimiento también ha sido exponencial en otras facetas.

Los alcaldes tienen la obligación de defender los intereses de sus vecinos ejecutando políticas que mejoren su calidad de vida. Nuestro alcalde de Galicia ya nos ha dejado claro cuáles son esas políticas y sus prioridades para estos años difíciles, muy difíciles, que ya llaman a nuestras puertas.

Las reformas sanitarias derivadas de la crisis del coronavirus serán abordadas con urgencia, revisando la atención primaria e incrementando el personal en áreas estratégicas.

Le seguirán las políticas de empleo que deberán hacer frente a las crisis industriales derivadas de la falta de medidas, competencia del Estado, que han abierto heridas difíciles de curar como en la Mariña lucense con Alcoa, en As Pontes con Endesa, y próximamente si no hay rectificación, en todas las actividades vinculadas al sector alimentario marino al poner en jaque las instalaciones de depuradoras y cocederos de mariscos, conserveras y miles de puestos de trabajos de actividades localizadas en nuestro rico litoral.

Son sólo unos ejemplos a los que se tendrán que añadir los derivados de los servicios sociales, el turismo con un Xacobeo a las puertas, la educación o las infraestructuras pendientes.

Galicia, con una superficie de unos 30.000 Km cuadrados y más de dos millones y medio de habitantes, cuenta con un gran alcalde conocedor de todos los rincones de este hermoso territorio y las necesidades de sus habitantes. Por ello no es casual que por cuarta vez la gran mayoría de los gallegos hayan depositado en él la confianza que merece para que siga preocupándose por mejorar sus condiciones de vida. 

Como ocurre en muchos pueblos y ciudades donde día a día sus alcaldes se ganan el respeto y cariño de sus vecinos, en Galicia como se comprometió Feijóo, será presidente de los gallegos y alcalde de toda Galicia 

Alcalde de toda Galicia

Cando hai uns días Feijóo pechaba o seu último día de campaña electoral e poucas horas despois recollía o premio ao seu esforzo en forma da súa cuarta maioría, dixo: “Intento ser presidente dos galegos e alcalde de toda Galicia”. A expresión “alcalde de toda Galicia” paréceme a mellor maneira de asumir un compromiso e someterche ao exame permanente cos cidadáns que che votan e cos que non o fan. 

O alcalde gáñase a confianza dos seus veciños polo traballo que realiza día a día, pola súa maneira de ser e actuar, pola súa honestidade, polo seu exemplo, e en definitiva polo seu grao de compromiso co seu territorio. Ser alcalde implica proximidade cos problemas das persoas, coñecemento da realidade social e saber priorizar as necesidades e demandas.

Feijóo ten sobradamente acreditada a súa capacidade de xestión en momentos de vacas fracas, de enormes dificultades como as que vivimos derivadas da crise do coronavirus que a día de hoxe segue ameazando a nosa saúde e os nosos traballos. O seu currículo vén completándose desde hai anos con éxitos de xestión e de liderado político, pero o seu crecemento tamén foi exponencial noutras facetas.

Os alcaldes teñen a obrigación de defender os intereses dos seus veciños executando políticas que melloren a súa calidade de vida. O noso alcalde de Galicia xa nos deixou claro cales son esas políticas e as súas prioridades para estes anos difíciles, moi difíciles, que xa chaman ás nosas portas.

As reformas sanitarias derivadas da crise do coronavirus serán abordadas con urxencia, revisando a atención primaria e incrementando o persoal en áreas estratéxicas.

Seguiranlle as políticas de emprego que deberán facer fronte ás crises industriais derivadas da falta de medidas, competencia do Estado, que abriron feridas difíciles de curar como na Mariña lucense con Alcoa, nas Pontes con Endesa, e proximamente se non hai rectificación, en todas as actividades vinculadas ao sector alimentario mariño ao poñer en xaque as instalacións de depuradoras e cocederos de mariscos, conserveiras e miles de postos de traballos de actividades localizadas no noso rico litoral.
Son só uns exemplos aos que se terán que engadir os derivados dos servizos sociais, o turismo cun Xacobeo ás portas, a educación ou as infraestruturas pendentes.

Galicia, cunha superficie dun 30.000 Km cadrados e máis de dous millóns e medio de habitantes, conta cun gran alcalde coñecedor de todos os recunchos deste fermoso territorio e as necesidades dos seus habitantes. Por iso non é casual que por cuarta vez a gran maioría dos galegos depositasen nel a confianza que merece para que siga preocupándose por mellorar as súas condicións de vida. 

Como ocorre en moitos pobos e cidades onde día a día os seus alcaldes gáñanse o respecto e agarimo dos seus veciños, en Galicia como se comprometeu Feijóo, será presidente dos galegos e alcalde de toda Galicia.

miércoles, 24 de junio de 2020

Brochazos verdes

Desde hace unos meses la inquietud y la preocupación es máxima entre los diferentes colectivos de empresarios y trabajadores ligados a la cadena mar-industria de nuestra tierra gallega.

Las intenciones del Gobierno socialista, recogidas en sus propuestas legislativas, son alterar las condiciones en las que los usuarios de concesiones o permisos administrativos de actividades situadas dentro del dominio público marítimo terrestre vienen trabajando desde hace décadas. Estos cambios endurecerán las condiciones a la hora de autorizar prórrogas o nuevas concesiones, reduciendo sus plazos de duración total al cambiar los criterios que hasta ahora se venían aplicando desde la administración competente, con lo que en muchos casos la continuidad se hará inviable para muchas actividades.

Tras presionar desde el sector, el Gobierno gallego o desde el Grupo Popular en el Congreso, la ministra Teresa Ribera trataba de tranquilizarnos afirmando que presentaría una nueva Ley de Costas. Le pedimos entonces y ahora que antes de hacerlo propiciara un diálogo con las partes implicadas y la búsqueda de consensos que lograran estabilidad, viabilidad y seguridad jurídica. En febrero en el Congreso nos dijo “Queremos actuar sobre la base del diálogo, la participación, la escucha y la transparencia”. Nunca lo hubo.

La semana pasada contestó a una pregunta que le hice en el Pleno diciendo que no hay problemas, que no es para tanto y que siguen con sus planes iniciales, con un artículo colado en el Proyecto de Ley de Cambio Climático presentado en el Congreso en pleno estado de alarma que tira por tierra las esperanzas de una rectificación a su política de brochazos verdes.

Las consecuencias inmediatas, de aprobarse la introducción de estas modificaciones legislativas, serán que solo en Galicia unas mil empresas podrían ver en serio riesgo su continuidad, o ser desahuciadas. Estamos hablando de depuradoras y cocederos de mariscos, cetáreas, piscifactorías, conserveras, pequeños astilleros, unas 5.000 edificaciones… afectando también seriamente la vida de bateeiros y mariscadores. Hablamos de poner en riesgo los trabajos de más de 40.000 profesionales del mar.

En momentos como los que estamos viviendo, donde la pandemia se ha cobrado demasiadas vidas y está dejando por el camino muchos puestos de trabajo, cuando lo necesario y urgente es ayudar a reconstruir, la aportación del gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias es dar un nuevo brochazo de color verde a sus políticas, un golpe definitivo a miles de familias y a un modo de vida arraigado en nuestras villas marineras.

Todos estamos a favor de cuidar nuestro litoral y de conservar nuestro medio natural, pero las políticas socialistas solo tienen en cuenta la parte ideológica, el marketing de lo verde, y esos brochazos no pueden ignorar la parte humana y social. Es como querer conservar los peces prohibiendo su pesca, tendríamos un mar lleno de peces pero un serio problema de alimentación.

Después de los brochazos a la industria en As Pontes, y ahora a ALCOA, parece que le llega el turno a las mariscadoras, conserveras y a toda la actividad que desde hace siglos genera riqueza y un modo de vida en las costas gallegas. Si no rectifica, Galicia será más verde pero estará más vacía porque no habrá trabajo.


Brochadas verdes

Desde hai uns meses a inquietude e a preocupación é máxima entre os diferentes colectivos de empresarios e traballadores ligados á cadea mar-industria da nosa terra galega.

As intencións do Goberno socialista, recollidas nas súas propostas lexislativas, son alterar as condicións nas que os usuarios de concesións ou permisos administrativos de actividades situadas dentro do dominio público marítimo terrestre veñen traballando desde hai décadas. Estes cambios endurecerán as condicións á hora de autorizar prórrogas ou novas concesións, reducindo os seus prazos de duración total ao cambiar os criterios que ata o de agora viñan aplicando desde a administración competente, co que en moitos casos a continuidade farase inviable para moitas actividades.

Tras facer presión desde o sector, o Goberno galego ou desde o Grupo Popular no Congreso, a ministra Teresa Ribeira trataba de tranquilizarnos afirmando que presentaría unha nova Lei de Costas. Pedímoslle entón e agora que antes de facelo propiciase un diálogo coas partes implicadas e a procura de consensos que lograsen estabilidade, viabilidade e seguridade xurídica. En febreiro no Congreso díxonos “Queremos actuar sobre a base do diálogo, a participación, escóitaa e a transparencia”. Nunca o houbo.

A semana pasada contestou a unha pregunta que lle fixen no Pleno dicindo que non hai problemas, que non é para tanto e que seguen cos seus plans iniciais, cun artigo coado no Proxecto de Lei de Cambio Climático presentado no Congreso en pleno estado de alarma que tira por terra as esperanzas dunha rectificación á súa política de brochadas verdes.

As consecuencias inmediatas, de aprobarse a introdución destas modificacións lexislativas, serán que só en Galicia unhas mil empresas poderían ver en serio risco a súa continuidade, ou ser desafiuzadas. Estamos a falar de depuradoras e cocedeiros de mariscos, cetarias, piscifactorías, conserveiras, pequenos estaleiros, unhas 5.000 edificacións… afectando tamén seriamente a vida de bateeiros e mariscadores. Falamos de poñer en risco os traballos de máis de 40.000 profesionais do mar.

En momentos como os que estamos a vivir, onde a pandemia cobrouse demasiadas vidas e está a deixar polo camiño moitos postos de traballo, cando o necesario e urxente é axudar a reconstruír, a achega do goberno de Pedro Sánchez e Pablo Iglesias é dar unha nova brochada de cor verde ás súas políticas, un golpe definitivo a miles de familias e a un modo de vida arraigado nas nosas vilas mariñeiras.

Todos estamos a favor de coidar o noso litoral e de conservar o noso medio natural, pero as políticas socialistas só teñen en conta a parte ideolóxica, o márketing do verde, e esas brochadas non poden ignorar a parte humana e social. É como querer conservar os peixes prohibindo a súa pesca, teriamos un mar cheo de peces pero un serio problema de alimentación.

Despois das brochadas á industria nas Pontes, e agora a ALCOA, parece que lle chega a quenda ás mariscadoras, conserveiras e a toda a actividade que desde hai séculos xera riqueza e un modo de vida nas costas galegas. Se non rectifica, Galicia será máis verde pero estará máis baleira porque non haberá traballo.


miércoles, 10 de junio de 2020

Desesperanza

Esta semana en mi correo electrónico he recibido una carta de una ciudadana llamada Carmen a quien no he tenido el gusto de conocer y que con sus comentarios ha inspirado este artículo. 

Carmen me escribe que en el Parlamento lo que vemos son “insultos, mentiras, chulería, absolutamente nada de autocrítica, solo la defensa a ultranza de una postura, que no es ni ideológica: la propia postura, la autodefensa, la humillación y el ninguneo del que no piensa como yo, aunque yo no piense nada.” Palabras duras que seguramente compartirán más ciudadanos.Comparto con ella la preocupación por el clima de crispación que se viene generando en medio de la crisis sanitaria,social y económica más dura que a muchos nos ha tocado vivir.

En estos meses la política española está mostrando lo peor de sí misma. Nos estamos acostumbrando a ver a ministros atacar la independencia de la prensa, del poder judicial, socavar instituciones centenarias, tensar la convivencia entre españoles volviendo a la división en bandos: los buenos y los malos. Estamos aceptando que el engaño y la mentira se cuelen a diario en nuestras vidas como algo normal.

Los graves errores de gestión del Gobierno de la Nación durante la pandemia merecen todo tipo de reproches políticos, sociales y puede que jurídicos, algo que le corresponderá a la justicia determinar en su momento y a los ciudadanos valorar en las urnas. Pero los espectáculos parlamentarios deberían evitarse, como bien dijo el Presidente Feijoo, porque los ciudadanos lo que nos piden a sus legítimos representantes es que busquemos entendimiento y les demos soluciones a sus problemas.

Hoy gobierna en España una coalición de dos partidos con importantes diferencias entre ellos en muchos aspectos, sin voluntad de alcanzar acuerdos de Estado con otros grupos que buscan el bien de su país por encima del éxito particular. En los debates han buscado la tensión y la crispación como método de culpabilizar al contrario de sus errores, lo han hecho con descalificaciones o insultos, vertiendo palabras gruesas y logrando que la provocación en ocasiones obtuviera el resultado que apetecían.

Resulta difícil lograr acuerdos en este escenario, también hacer llegar propuestas alternativas y mucho más que éstas se aprueben. Pero ello no debiera ser motivo para caer en su juego provocativo y formar parte del espectáculo que solo a ellos les aportará algún rédito, además de darles la repercusión mediática que buscan. 

Como me escribe Carmen en su carta “El insulto, la prepotencia, la ideología por encima del valor inalienable del ser humano, son signos alarmantes de posiciones totalitarias que no presagian nada bueno” y nada bueno puede aportar esta forma de hacer política.

Entré en la política hace ya años porque era una herramienta y una forma útil de ayudar a los demás a resolver problemas y mejorar la sociedad, por ello me abochornan estas situaciones y modos de practicar esta noble tarea.

Les ha sido dado un privilegio, representar al pueblo español, velar por su seguridad, y servirlo con diligencia. Les ha sido dado el privilegio de servir, porque eso es la política, vocación de servicio, donación de sí mismo, búsqueda del bien común..”,dice Carmen y por eso, como a ella, este tipo de espectáculos parlamentarios me llenan de desesperanza.


Desesperanza

Esta semana no meu correo electrónico hei recibido unha carta dunha cidadá chamada Carmen a quen non tiven o gusto de coñecer e que cos seus comentarios inspirou este artigo. 

Carmen escríbeme que no Parlamento o que vemos son “insultos, mentiras, chulería, absolutamente nada de autocrítica, só a defensa sen concesións dunha postura, que non é nin ideolóxica: a propia postura, a autodefensa, a humillación e o ninguneo do que non pensa como eu, aínda que eu non pense nada.” Palabras duras que seguramente compartirán máis cidadáns.Comparto con ela a preocupación polo clima de crispación que vén xerando no medio da crise sanitaria,social e económica máis dura que a moitos nos tocou vivir.

Nestes meses a política española está a mostrar o peor de si mesma. Estamos a afacernos a ver a ministros atacar a independencia da prensa, do poder xudicial, socavar institucións centenarias, tensar a convivencia entre españois volvendo á división en bandos: os bos e os malos. Estamos a aceptar que o engano e a mentira cóense a diario nas nosas vidas como algo normal.

Os graves erros de xestión do Goberno da Nación durante a pandemia merecen todo tipo de reproches políticos, sociais e poida que xurídicos, algo que lle corresponderá á xustiza determinar no seu momento e aos cidadáns valorar nas urnas. Pero os espectáculos parlamentarios deberían evitarse, como ben dixo o Presidente Feijoo, porque os cidadáns o que nos piden aos seus lexítimos representantes é que busquemos entendemento e deámoslles solucións aos seus problemas.

Hoxe goberna en España unha coalición de dous partidos con importantes diferenzas entre eles en moitos aspectos, sen vontade de alcanzar acordos de Estado con outros grupos que buscan o ben do seu país por encima do éxito particular. Nos debates buscaron a tensión e a crispación como método de culpar ao contrario dos seus erros, fixérono con descualificacións ou insultos, verquindo palabras grosas e logrando que a provocación en ocasións obtivese o resultado que apetecían.

Resulta difícil lograr acordos neste escenario, tamén facer chegar propostas alternativas e moito máis que estas se aproben. Pero iso non debese ser motivo para caer no seu xogo provocativo e formar parte do espectáculo que só a eles achegaralles algún rédito, ademais de darlles a repercusión mediática que buscan. 

Como me escribe Carmen na súa carta “O insulto, a prepotencia, a ideoloxía por encima do valor inalienable do ser humano, son signos alarmantes de posicións totalitarias que non presaxian nada bo” e nada bo pode achegar esta forma de facer política.

Entrei na política hai xa anos porque era unha ferramenta e unha forma útil de axudar aos demais a resolver problemas e mellorar a sociedade, por iso me abochornan estas situacións e modos de practicar esta nobre tarefa.

Foilles dado un privilexio, representar ao pobo español, velar pola súa seguridade, e servilo con dilixencia. Foilles dado o privilexio de servir, porque iso é a política, vocación de servizo, doazón de si mesmo, procura do ben común..”, di Carmen e por iso, como a ela, este tipo de espectáculos parlamentarios énchenme de desesperanza.

miércoles, 27 de mayo de 2020

En las peores manos

Durante estas semanas de encierro he procurado mantenerme sereno y no caer en la critica fácil, en la demagogia o en el “y tú más”, siguiendo la línea que me he intentado marcar en mi trayectoria política. Hoy he de reconocer que ese esfuerzo requiere de una ración doble de paciencia y generosidad para no ser grueso en mis palabras. 

Cada 15 días se renueva el estado de alarma, y ya van 5 prórrogas logradas a golpe de negociaciones que parecen subastas. Da igual lo que haya que pactar o ceder desde el Gobierno con tal de seguir con este control extraordinario al conjunto de la sociedad creando un autentico mercado persa comprando voluntades.

Lo peor, las mentiras y engaños sucesivos. No repetiré aquí todas y cada una de las ya conocidas y a veces olvidadas de Pedro Sánchez, desde su fraude de tesis doctoral, su pérdida de sueño de solo pensar en cohabitar con Pablo Iglesias y un largo etcétera, hasta la última de la pasada semana, firmando con los herederos de Batasuna tras sus “no pactaremos nunca con Bildu” repetidas 20 veces ante las cámaras,

Materializa un pacto que mantiene en secreto incluso a sus propios ministros, ningunea a sus demás socios de investidura, y cuando estalla el escándalo y una buena parte de la sociedad, incluidos insignes socialistas, se echa las manos a la cabeza sorprendida por semejante bajeza, su reacción no es la de rectificar, pedir disculpas o reconocer una equivocación. No, nada de todo eso, La reacción y la estrategia es decir que se vio obligado a pactar con Bildu porque el Partido Popular no quiso votar a favor de esta nueva prórroga. Una vez más, y van muchas, las culpas al contrario. Olvida que ya pactó con los herederos de Batasuna en dos ocasiones anteriores: primero para lograr su investidura y después para gobernar en Navarra. En aquellas no se acordó de echarle la culpa al PP, y ahora resulta grotesco. 

Esta forma de actuar ratifica la verdadera personalidad de quien solo se gusta a sí mismo, quien le encanta mirarse a diario en el espejo del poder, que miente compulsivamente, que engaña hasta a sus propios socios, que hace una cosa con una mano mientras con la otra practica la contraria, que embauca y juega constantemente con las cartas marcadas, en definitiva se confirma que los trágicos acontecimientos de estos meses han acaecido cuando la dirección de nuestro país está en las peores manos imaginables para hacerles frente y lo saben. Ni siquiera aguanta la mirada del líder de la oposición cuando éste le habla desde la tribuna.

Pensarán que hoy no he podido contenerme, pero créanme que lo he hecho. Escribiría cosas más duras cuando pienso en que nuestro actual presidente solo tiene un objetivo, y es mantenerse en el poder a cualquier precio y culpando a los demás de sus desmanes. Me agobia pensar en el futuro que nos aguarda cuando quien tiene que dirigir la orquesta no sabe solfeo y cada músico tiene delante una partitura diferente… 

Pero a pesar de ello, y con gran esfuerzo, los españoles sabremos suplir las carencias de nuestro Gobierno.

Nas peores mans

Durante estas semanas de peche procurei manterme sereno e non caer en critícaa fácil, na demagoxia ou no “e ti máis”, seguindo a liña que me tentei marcar na miña traxectoria política. Hoxe hei de recoñecer que ese esforzo require dunha ración dobre de paciencia e xenerosidade para non ser groso nas miñas palabras. 

Cada 15 días renóvase o estado de alarma, e xa van 5 prórrogas logradas a golpe de negociacións que parecen poxas. Dá igual o que haxa que pactar ou ceder desde o Goberno con tal de seguir con este control extraordinario ao conxunto da sociedade creando un autentico mercado persa comprando vontades.

O peor, as mentiras e enganos sucesivos. Non repetirei aquí todas e cada unha das xa coñecidas e ás veces esquecidas de Pedro Sánchez, desde a súa fraude de tese doutoral, a súa perda de soño de só pensar en cohabitar con Pablo Iglesias e un longo etcétera, ata a última da pasada semana, asinando cos herdeiros de Batasuna tras as súas “non pactaremos nunca con Bildu” repetidas 20 veces #ante as cámaras,

Materializa un pacto que mantén en segredo mesmo aos seus propios ministros, ningunea aos seus demais socios de investidura, e cando estala o escándalo e unha boa parte da sociedade, incluídos insignes socialistas, bótase as mans á cabeza sorprendida por semellante bajeza, a súa reacción non é a de rectificar, pedir desculpas ou recoñecer unha equivocación. Non, nada de todo iso, A reacción e a estratexia é dicir que se viu obrigado a pactar con Bildu porque o Partido Popular non quixo votar a favor desta nova prórroga. Unha vez máis, e van moitas, as culpas ao contrario. Esquece que xa pactou cos herdeiros de Batasuna en dúas ocasións anteriores: primeiro para lograr a súa investidura e despois para gobernar en Navarra. Naquelas non se acordou de botarlle a culpa ao PP, e agora resulta grotesco. 

Esta forma de actuar ratifica a verdadeira personalidade de quen só se gusta a si mesmo, quen lle encanta mirarse a diario no espello do poder, que mente compulsivamente, que engana ata aos seus propios socios, que fai unha cousa cunha man mentres coa outra practica a contraria, que embauca e xoga constantemente coas cartas marcadas, en definitiva confírmase que os tráxicos acontecementos destes meses acaeceron cando a dirección do noso país está nas peores mans imaxinables para facerlles fronte e sábeno. Nin sequera aguanta a mirada do líder da oposición cando este fálalle desde a tribuna.

Pensarán que hoxe non puiden conterme, pero créanme que o fixen. Escribiría cousas máis duras cando penso en que o noso actual presidente só ten un obxectivo, e é manterse no poder a calquera prezo e culpando aos demais dos seus desmáns. Angústiame pensar no futuro que nos agarda cando quen ten que dirixir a orquestra non sabe solfexo e cada músico ten diante unha partitura diferente… 

Pero a pesar diso, e con gran esforzo, os españois saberemos suplir as carencias do noso Goberno.