miércoles, 16 de septiembre de 2020

Soplar las velas

Cada vez que llega esta fecha y me toca soplar las velas reflexiono sobre el paso del tiempo, sobre la velocidad e intensidad con que cada uno vive su vida. Es muy frecuente escuchar expresiones como “estos años se me han pasado volando” o recomendaciones a los más jóvenes para que aprovechen y disfruten de esos años porque “cuando te des cuenta se han pasado los años, esto va muy rápido”. Reflexiones relativas y que cada uno hacemos a nuestra manera y que dependen en gran medida del enfoque de la vida, optando entre la rutina o la búsqueda constante de nuevas vivencias o experiencias.

En todo caso, lo que sí está demostrado es que con frecuencia se vive en modo piloto automático, inmersos en la rutina, rememorando los errores cometidos en el pasado y anticipando en nuestros pensamientos los problemas que nos encontraremos en el futuro, preocupándonos por cosas que no existen y que en la mayoría de las ocasiones nunca llegan a ocurrir, y actuando así nos olvidamos de vivir y disfrutar el presente, el aquí y el ahora.

El cuento “El buscador” de Jorge Bucay nos narra la historia de un hombre para quien su vida es una búsqueda. Un día en un pueblo lejano descubrió un lugar donde habían muchas piedras blancas con inscripciones que contenían el nombre de las personas y el tiempo que habían vivido “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días” o la de “Lamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”. Se sintió conmocionado porque pudo comprobar que el que más tiempo había vivido apenas sobrepasaba 11 años. El cuidador de aquel curioso cementerio le ofreció la explicación. “Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta, y es tradición entre nosotros que, a partir de entonces, cada vez que disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anote en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado, a la derecha, cuánto tiempo duró ese gozo. Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ése es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido”.

Como dijo Jacinto Benavente “La vida es como un viaje por mar, hay días de calma y días de borrasca. Lo importante es ser un buen capitán de nuestro barco” Ahora vivimos tiempos de borrascas, pero la manera en la que como capitanes de nuestro barco afrontemos las olas y vientos serán claves para que los años vividos se acerquen a los tiempos realmente disfrutados.

Hay quien se empeña en añorar constantemente sus años de juventud, olvidando la experiencia adquirida durante el paso de los años. Los 25 años ya no vuelven pero ahora tenemos nuestras mochilas cargadas de experiencia y sabiduría. ¨La mala noticia es que el tiempo vuela, la buena noticia es que tú eres el piloto” (Michael Althuler)

Hoy me toca a mí soplar las velas de un nuevo cumpleaños. Lo quiero hacer consciente de lo que hago en el momento presente, aplicarme aquellos consejos del sabio que decía “cuando como, simplemente como; duermo cuando estoy durmiendo, y cuando hablo contigo, sólo hablo contigo.”

No hay mejor receta, ser conscientes de lo que hacemos en el momento, disfrutar cada minuto de estar vivos. Hoy soplaré las velas.

Soprar as candeas

Cada vez que chega esta data e me toca soprar as candeas reflexiono sobre o paso do tempo, sobre a velocidade e intensidade con que cada un vive a súa vida. É moi frecuente escoitar expresións como “estes anos pasáronseme voando” ou recomendacións aos máis novos para que aproveiten e gocen deses anos porque “cando te deas conta pasáronse os anos, isto vai moi rápido”. Reflexións relativas e que cada un facemos á nosa maneira e que dependen en gran medida do enfoque da vida, optando entre a rutina ou a procura constante de novas vivencias ou experiencias.

En todo caso, o que si está demostrado é que con frecuencia vívese en modo piloto automático, inmersos na rutina, rememorando os erros cometidos no pasado e anticipando nos nosos pensamentos os problemas que nos atoparemos no futuro, preocupándonos por cousas que non existen e que na maioría das ocasións nunca chegan a ocorrer, e actuando así nos esquecemos de vivir e gozar o presente, o aquí e o agora.

O conto “O buscador” de Jorge  Bucay nárranos a historia dun home para quen a súa vida é unha procura. Un día nun pobo afastado descubriu un lugar onde habían moitas pedras brancas con inscricións que contiñan o nome das persoas e o tempo que viviran “Bidueiro Tare, viviu 8 anos, 6 meses, 2 semanas e 3 días” ou a de “ Lamar  Kalib, viviu 5 anos, 8 meses e 3 semanas”. Sentiu conmocionado porque puido comprobar que o que máis tempo vivira apenas excedía 11 anos. O coidador daquel curioso cemiterio ofreceulle a explicación. “Cando un mozo cumpre quince anos, os seus pais regálanlle un caderno, e é tradición entre nós que, a partir de entón, cada vez que goza intensamente de algo, abra o caderno e anote nela: á esquerda, que foi o gozado, á dereita, canto tempo durou ese gozo. Cando alguén morre, é o noso costume abrir o seu caderno e sumar o tempo do gozado, para escribilo sobre a súa tumba. Porque ese é, para nós, o único e verdadeiro tempo vivido”.

Como dixo Jacinto Benavente “A vida é como unha viaxe por mar, hai días de calma e días de borrasca. O importante é ser un bo capitán do noso barco” Agora vivimos tempos de borrascas, pero a maneira na que como capitáns do noso barco afrontemos as ondas e ventos serán claves para que os anos vividos achéguense aos tempos realmente gozados.

Hai quen se empeña en estrañar constantemente os seus anos de mocidade, esquecendo a experiencia adquirida durante o paso dos anos. Os 25 anos xa non volven pero agora temos as nosas mochilas cargadas de experiencia e sabedoría. ¨A mala noticia é que o tempo voa, a boa noticia é que ti es o piloto” (Michael  Althuler)

Hoxe tócame a min soprar as candeas duns novos aniversarios. Quéroo facer consciente do que fago no momento presente, aplicarme aqueles consellos do sabio que dicía “cando como, simplemente como; durmo cando estou a durmir, e cando falo contigo, só falo contigo.”

Non hai mellor receita, ser conscientes do que facemos no momento, gozar cada minuto de estar vivos. Hoxe soprarei as candeas.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Lavado de manos

En su primera aparición pública tras unas inoportunas vacaciones lo único que nos dijo fue que él se quitaba de encima la principal responsabilidad de un Presidente de Gobierno, resolver la situación de emergencia que afecta a todo el territorio nacional.

San Mateo en su narración del falso e injusto juicio a Jesús subraya el acto de lavarse las manos una vez dictada sentencia de muerte por parte de Pilatos mientras se quitaba de en medio ante su pueblo, diciendo “soy inocente de la sangre de este justo. Vosotros veréis”. Aquél histórico lavado de manos de hace siglos vuelve hoy a la memoria de muchos ante la repugnante conducta de un Presidente de Gobierno que lejos de asumir sus responsabilidades constitucionales solo actúa en base a estrategias partidistas con el único fin de no sufrir desgaste y perpetuarse en el poder.

La persona que en junio nos dijo que gracias a él y a sus medidas se habían salvado 450.000 vidas y que “hemos vencido a la pandemia” animándonos a todos a “salir a la calle”, la que nos mandó ese tipo de mensajes ahora nos dice que cada palo aguante su vela, que él ya hizo todo lo que tenía que hacer y ahora son las Comunidades Autónomas las que deben adoptar las medidas que consideren oportunas y que él arrimará el hombro pero sólo bajo petición, porque la responsabilidad ya no está en sus manos limpias.

La realidad dista mucho de la propaganda gubernamental. La dura realidad sitúa a España a la cabeza de Europa en número de contagios a gran distancia de los siguientes países. La caída de nuestra riqueza nacional ha batido todos los récords, y mientas el paro se dispara las prometidas ayudas no llegan a los que las necesitan. Todavía son miles de trabajadores en ERTE los que no han cobrado desde marzo.

Frente a este panorama y en el puente de mando del barco donde vamos todos no hay más que un aspirante a capitán, sin conocimientos y sin ganas de dejarse ayudar, preocupado solamente de su imagen. Ante las grandes olas que ya nos azotan y las que asoman por el horizonte, algo que él mismo en su día calificó como “la peor crisis sanitaria de la historia”, ha renunciado a ejercer sus funciones de coordinación y ha lanzado 17 botes salvavidas para que cada uno de sus responsables adopte las medidas oportunas mientras él, parapetado en la Moncloa, sigue mirándose en el espejito “Redondo” y preguntándose si habrá en la faz de la tierra alguien más guapo que él.

Sólo las personas sin escrúpulos son capaces de, en situaciones de emergencia, ante graves crisis sociales y económicas, adoptar la práctica del lavado de manos, escabullir sus responsabilidades y dejarnos al albur de las tormentas.

Quiero recordar hoy una de sus celebres frases pronunciada el 4 de abril desde todas las pantallas de televisión en aquellas interminables alocuciones: “Estamos aprendiendo, los niños de este país se lavan ahora más las manos que hace tres semanas”. Con aquella frase trababa de vender uno de sus “logros” de gestión, y hoy recobra actualidad porque nos hemos dado cuenta de que ha sido él el que mejor aprendió a lavarse las manos en estos meses.

Espero que los niños de hoy, los hombres de mañana, no hayan aprendido de este Presidente la forma de lavarse las manos. 


Lavado de mans

Na súa primeira aparición pública tras unhas inoportunas vacacións o único que nos dixo foi que el se quitaba de encima a principal responsabilidade dun Presidente de Goberno, resolver a situación de emerxencia que afecta a todo o territorio nacional.

San Mateo na súa narración do falso e inxusto xuízo a Jesús subliña o acto de lavarse as mans unha vez ditada sentenza de morte por parte de Pilatos mentres se quitaba de no medio fronte o seu pobo, dicindo “son inocente do sangue deste xusto. Vós veredes”. Aquel histórico lavado de mans de hai séculos volve hoxe á memoria de moitos fronte a repugnante conduta dun Presidente de Goberno que lonxe de asumir as súas responsabilidades constitucionais só actúa en base a estratexias partidistas co único fin de non sufrir desgaste e perpetuarse no poder.

A persoa que en xuño nos dixo que grazas a el e ás súas medidas salváronse 450.000 vidas e que “vencemos á pandemia” animándonos a todos a “saír á rúa”, a que nos mandou ese tipo de mensaxes agora dinos que cada pau aguante a súa vela, que el xa fixo todo o que tiña que facer e agora son as Comunidades Autónomas as que deben adoptar as medidas que consideren oportunas e que el arrimará o ombreiro pero só baixo petición, porque a responsabilidade xa non está nas súas mans limpas.

A realidade dista moito da propaganda gobernamental. A dura realidade sitúa a España á cabeza de Europa en número de contaxios a gran distancia dos seguintes países. A caída da nosa riqueza nacional ha batido todos os récords, e mintas o paro dispárase as prometidas axudas non chegan aos que as necesitan. Aínda son miles de traballadores en ERTE os que non cobraron desde marzo.

Fronte a este panorama e na ponte de mando do barco onde imos todos non hai máis que un aspirante a capitán, sen coñecementos e sen ganas de deixarse axudar, preocupado soamente da súa imaxe. Fronte as grandes ondas que xa nos azoutan e as que asoman polo horizonte, algo que el mesmo no seu día cualificou como “a peor crise sanitaria da historia”, renunciou a exercer as súas funcións de coordinación e lanzou 17 botes salvavidas para que cada un dos seus responsables adopte as medidas oportunas mentres el, parapetado na Moncloa, segue mirándose no espelliño “Redondo” e preguntándose se haberá na face da terra alguén máis guapo que el.

Só as persoas sen escrúpulos son capaces de, en situacións de emerxencia, fronte ás graves crises sociais e económicas, adoptar a práctica do lavado de mans, fuxir d as súas responsabilidades e deixarnos ao azar das tormentas.

Quero lembrar hoxe una dos seus celebres frases pronunciada o 4 de abril desde todas as pantallas de televisión naquelas interminables alocucións: “Estamos a aprender, os nenos deste país lávanse agora máis as mans que fai tres semanas”. Con aquela frase trababa de vender un dos seus “logros” de xestión, e hoxe recobra actualidade porque nos demos conta de que foi el o que mellor aprendeu a lavarse as mans nestes meses.

Espero que os nenos de hoxe, os homes de mañá, non aprendesen deste Presidente a forma de lavarse as mans.


miércoles, 19 de agosto de 2020

Escuchar con los ojos

Cada día estoy más convencido de que la comunicación entre las personas adolece de los elementos necesarios para que sea una comunicación autentica y útil. Si observamos detenidamente nuestro entorno en las diferentes etapas de un día cualquiera podremos darnos cuenta de que estamos rodeados de muchos tipos de ruidos, ruidos todos ellos causantes de obstáculos para pensar y especialmente para comunicarnos.

Es frecuente que sentados en la terraza de una cafetería escuchemos más las voces de otras mesas que las conversaciones de la nuestra. Si nos detenemos a observar alguna de esas escenas podremos comprobar que es frecuente que los que toman la palabra se consideren expertos en el tema a tratar, hablan y hablan sin importarles lo que otros digan. Sólo están pendientes de encontrar la oportunidad de meter baza al primer silencio que se produzca, pensando todo el rato en lo que dirán y sin escuchar lo que otros están diciendo.

También es cada día mas frecuente el modelo de comunicación que las nuevas tecnologías nos imponen. Un ejemplo lo estamos viviendo como consecuencia de la pandemia de la COVID-19, donde las reuniones presenciales se han transformado en reuniones virtuales a través de videoconferencias, donde igualmente son frecuentes las intervenciones de lucimiento ante todos los conectados para dejar un sello de entendido o experto en la materia, sin prestar atención al resto de intervinientes.

Algo parecido ocurre con las redes sociales y los innumerables medios y fuentes de información, donde se da la paradoja de que cada día son más los que se creen todo lo que ven, leen o escuchan al tiempo que se cuestionan la información. Una gran contradicción. Recuerdo que siendo alcalde una persona me rebatía un tema argumentando sin parar de repetir que aquel asunto era como el decía. A mi pregunta de por qué estaba tan seguro de ello me contesto, “porque lo ha dicho la radio”.

Estamos inmersos en la sociedad de la tecnología.. Hoy aprietas un botón en tu móvil y la voz del asistente del móvil, a quien cada uno le puede poner la cara que quiera, te responde con voz dulce “¿en que puedo ayudarte?”. Tecnologías que nos alejan cada día más de la autentica comunicación verbal.

Cuando me formé como Coach lo primero que me enseñaron fue a ponerme en sintonía con el cliente al que vamos a acompañar en su proceso de identificar y alcanzar sus objetivos personales o profesionales. En ese proceso de escucha comprobamos que el lenguaje no sólo es hablado sino también corporal, y así los expertos afirman que sólo el 7% del contenido del mensaje que percibimos en una conversación son palabras. La voz, su ritmo su volumen constituyen el 38%, y todos los elementos no verbales como la postura, los gestos, las muecas… completan el 55% restante.

Aprender a escuchar no es solo oír al que nos habla, sino también y sobre todo, observar sus gestos y las emociones que nos transmiten. Hoy más que nunca tendríamos que intentar escucharnos más y mejor, aprender a escuchar con los ojos.

Escoitar cos ollos

Cada día estou máis convencido de que a comunicación entre as persoas adoece dos elementos necesarios para que sexa unha comunicación autentica e útil. Se observamos detidamente a nosa contorna nas diferentes etapas dun día calquera poderemos darnos conta de que estamos rodeados de moitos tipos de ruídos, ruídos todos eles causantes de obstáculos para pensar e especialmente para comunicarnos.

É frecuente que sentados na terraza dunha cafetería escoitemos máis as voces doutras mesas que as conversacións da nosa. Se nos detemos a observar algunha desas escenas poderemos comprobar que é frecuente que os que toman a palabra considérense expertos no tema para tratar, falan e falan sen importarlles o que outros digan. Só están pendentes de atopar a oportunidade de meter baza ao primeiro silencio que se produza, pensando todo o intre no que dirán e sen escoitar o que outros están a dicir.

Tamén é cada día mais frecuente o modelo de comunicación que as novas tecnoloxías impóñennos. Un exemplo estamos a vivilo como consecuencia da pandemia da COVID-19, onde as reunións presenciais transformáronse en reunións virtuais a través de videoconferencias, onde igualmente son frecuentes as intervencións de lucimento #ante todos os conectados para deixar un selo de entendido ou experto na materia, sen prestar atención ao resto de intervenientes.

Algo parecido ocorre coas redes sociais e os innumerables medios e fontes de información, onde se dá o paradoxo de que cada día son máis os que se cren todo o que ven, len ou escoitan á vez que se cuestionan a información. Unha gran contradición. Recordo que sendo alcalde unha persoa rebatíame un tema argumentando sen parar de repetir que aquel asunto era como o dicía. Á miña pregunta de por que estaba tan seguro diso contestoume, “porque o dixo a radio”.

Estamos inmersos na sociedade da tecnoloxía.. Hoxe dáslle a un botón no teu móbil e a voz do asistente do móbil, a quen cada un pódelle poñer a cara que queira, respóndeche con voz doce “en que podo axudarche?”. Tecnoloxías que nos afastan cada día máis de autentícaa comunicación verbal.

Cando me formei como Coach o primeiro que me ensinaron foi a poñerme en sintonía co cliente ao que imos acompañar no seu proceso de identificar e alcanzar os seus obxectivos persoais ou profesionais. Nese proceso de escoita comprobamos que a linguaxe non só é falado senón tamén corporal, e así os expertos afirman que só o 7% do contido da mensaxe que percibimos nunha conversación son palabras. A voz, o seu ritmo o seu volume constitúen o 38%, e todos os elementos non verbais como a postura, os xestos, os acenos… completan o 55% restante.

Aprender a escoitar non é só oír ao que nos fala, senón tamén e sobre todo, observar os seus xestos e as emocións que nos transmiten. Hoxe máis que nunca teriamos que tentar escoitarnos máis e mellor, aprender a escoitar cos ollos.


miércoles, 5 de agosto de 2020

Y no pasa nada

Han sucedido tantas cosas en tan poco tiempo que es posible que no todas ellas se hayan reflexionado de manera adecuada.Igualmente hemos escuchado tantas mentiras que con cada una de ellas olvidábamos las anteriores, por muy graves que fueran los engaños.

Desde aquel ya famoso “No habrá más allá de algún caso en España hasta la tremenda burla propiciada por las constantes referencias a un “Comité de expertos” que durante la desescalada fue la coartada para la toma de todo tipo de decisiones y que ahora el gobierno ha reconocido que nunca existió.

Entre abril y junio más de un millón de personas incrementaron la triste lista de parados y, sin contar los 3 millones de personas sujetas a un ERTE, hoy en España la tasa de desempleo supera ya el 15%. Todo apunta a que esta cifra seguirá incrementándose en un escenario en el que ya hemos conocido que nuestra economía ha caído un 18,5%, la bajada más grande de nuestra historia, y a mucha distancia de los principales países europeos.

Y mientras todo esto acontece a un ritmo frenético, nuestro presidente Pedro Sánchez se regodea en medio de los aplausos de los suyos al tiempo que nos anuncia que “ya hay síntomas de recuperación”. Más mentiras y engaños y aquí no pasa nada.

Durante los primeros meses de la pandemia la solución que nos dieron fue un encierro sin paliativos, una sociedad confinada ante la ausencia de un plan, de una estrategia. Fue una medida desesperada ante la negligencia de un gobierno que decía adoptar las medidas en base a informes de unos expertos que resultaron ser fantasmas, que nunca existieron. Y no pasa nada.

Con las mentiras ocurre que al principio nos escandalizan para después, cuando se convierten en una inagotable cadena de engaños, pasar del escandalo a algo inocuo e impune. En esta crisis en la que todavía estamos inmersos la cadena de mentiras resulta tan larga que después de tapar cada una con la siguiente, pareciera que ya nos hemos acostumbrado y que engañar no pasa factura al mentiroso. Pero lo más preocupante es que a mucha gente parece no importarles que les mientan.

Todo es una gran mentira, la cifra de contagiados, el número real de fallecidos, los criterios aplicados para los cambios de fases, que todos cuantos están en ERTEs ya cobraron cuando no les ha llegado su dinero a 150.000 personas, o la penúltima, aquello de “que hacemos lo que deciden los expertos” que a la vista de lo conocido bien podría cambiarse por “hacemos lo que dicen Simón y Sánchez”. Y no pasa nada.

Si ocultar el número real de fallecidos es una infamia, si hacerlo mientras se jactan de lo bien que lo hacen es vomitivo, decir ahora que todas las decisiones se tomaban en base al criterio técnico y científico de un comité que nunca existió, me parece lisa y llanamente una burla a todos, a los de aquí y a los de fuera de España. Quizás por eso nuestro país encabeza la lista de los que sufren mayor diferencia entre las cifras reales y las oficiales. Y no pasa nada.

España está ya en recesión y el otoño se anuncia terrible en muchas estadísticas. Y no pasa nada.Es agosto, cuidaros mucho.


 E non pasa nada

Sucederon tantas cousas en tan pouco tempo que é posible que non todas elas reflexionáronse de maneira adecuada.Igualmente escoitamos tantas mentiras que con cada unha delas esqueciamos as anteriores, por moi graves que fosen os enganos.

Desde aquel xa famoso “Non haberá máis aló dalgún caso en España” ata a tremenda burla propiciada polas constantes referencias a un “Comité de expertos” que durante a desescalada foi a coartada para a toma de todo tipo de decisións e que agora o goberno recoñeceu que nunca existiu.

Entre abril e xuño máis dun millón de persoas incrementaron a triste lista de parados e, sen contar os 3 millóns de persoas suxeitas a un  ERTE, hoxe en España a taxa de desemprego supera xa o 15%. Todo apunta a que esta cifra seguirá incrementándose nun escenario no que xa coñecemos que a nosa economía caeu un 18,5%, a baixada máis grande da nosa historia, e a moita distancia dos principais países europeos.

E mentres todo isto acontece a un ritmo frenético, o noso presidente Pedro Sánchez se regodea no medio dos aplausos dos seus á vez que nos anuncia que “xa hai síntomas de recuperación”. Máis mentiras e enganos e aquí non pasa nada.

Durante os primeiros meses da pandemia a solución que nos deron foi un peche sen paliativos, unha sociedade confinada fronte a ausencia dun plan, dunha estratexia. Foi unha medida desesperada fronte a neglixencia dun goberno que dicía adoptar as medidas en base a informes duns expertos que resultaron ser pantasmas, que nunca existiron. E non pasa nada.

Coas mentiras ocorre que ao principio nos escandalizan para despois, cando se converten nunha inesgotable cadea de enganos, pasar do  escándalo a algo  inocuo e impune. Nesta crise na que aínda estamos inmersos a cadea de mentiras resulta tan larga que despois de tapar cada unha coa seguinte, parecese que xa nos afixemos e que enganar non pasa factura ao mentireiro. Pero o máis preocupante é que a moita xente parece non importarlles que lles mintan.

Todo é unha gran mentira, a cifra de contaxiados, o número real de falecidos, os criterios aplicados para os cambios de fases, que todos cuantos están en  ERTEs xa cobraron cando non lles chegou o seu diñeiro a 150.000 persoas, ou a penúltima, aquilo de “que facemos o que deciden os expertos” que á vista do coñecido ben podería cambiarse por “facemos o que din Simón e Sánchez”. E non pasa nada.

Se ocultar o número real de falecidos é unha infamia, se facelo mentres presumen do ben que o fan é  vomitivo, dicir agora que todas as decisións tomábanse en base ao criterio técnico e científico dun comité que nunca existiu, paréceme de xeito sinxelo unha burla a todos, aos de aquí e aos de fóra de España. Quizais por iso o noso país encabeza a lista dos que sofren maior diferenza entre as cifras reais e as oficiais. E non pasa nada.

España está xa en recesión e o outono anúnciase terrible en moitas estatísticas. E non pasa nada.es agosto, coidarvos moito.


miércoles, 22 de julio de 2020

Alcalde de toda Galicia

Cuando hace unos días Feijóo cerraba su último día de campaña electoral y pocas horas después recogía el premio a su esfuerzo en forma de su cuarta mayoría, dijo: “Intento ser presidente de los gallegos y alcalde de toda Galicia”. La expresión “alcalde de toda Galicia” me parece la mejor manera de asumir un compromiso y someterte al examen permanente con los ciudadanos que te votan y con los que no lo hacen. 

El alcalde se gana la confianza de sus vecinos por el trabajo que realiza día a día, por su manera de ser y actuar, por su honestidad, por su ejemplo, y en definitiva por su grado de compromiso con su territorio. Ser alcalde implica cercanía con los problemas de las personas, conocimiento de la realidad social y saber priorizar las necesidades y demandas.

Feijóo tiene sobradamente acreditada su capacidad de gestión en momentos de vacas flacas, de enormes dificultades como las que vivimos derivadas de la crisis del coronavirus que a día de hoy sigue amenazando nuestra salud y nuestros trabajos. Su currículo viene completándose desde hace años con éxitos de gestión y de liderazgo político, pero su crecimiento también ha sido exponencial en otras facetas.

Los alcaldes tienen la obligación de defender los intereses de sus vecinos ejecutando políticas que mejoren su calidad de vida. Nuestro alcalde de Galicia ya nos ha dejado claro cuáles son esas políticas y sus prioridades para estos años difíciles, muy difíciles, que ya llaman a nuestras puertas.

Las reformas sanitarias derivadas de la crisis del coronavirus serán abordadas con urgencia, revisando la atención primaria e incrementando el personal en áreas estratégicas.

Le seguirán las políticas de empleo que deberán hacer frente a las crisis industriales derivadas de la falta de medidas, competencia del Estado, que han abierto heridas difíciles de curar como en la Mariña lucense con Alcoa, en As Pontes con Endesa, y próximamente si no hay rectificación, en todas las actividades vinculadas al sector alimentario marino al poner en jaque las instalaciones de depuradoras y cocederos de mariscos, conserveras y miles de puestos de trabajos de actividades localizadas en nuestro rico litoral.

Son sólo unos ejemplos a los que se tendrán que añadir los derivados de los servicios sociales, el turismo con un Xacobeo a las puertas, la educación o las infraestructuras pendientes.

Galicia, con una superficie de unos 30.000 Km cuadrados y más de dos millones y medio de habitantes, cuenta con un gran alcalde conocedor de todos los rincones de este hermoso territorio y las necesidades de sus habitantes. Por ello no es casual que por cuarta vez la gran mayoría de los gallegos hayan depositado en él la confianza que merece para que siga preocupándose por mejorar sus condiciones de vida. 

Como ocurre en muchos pueblos y ciudades donde día a día sus alcaldes se ganan el respeto y cariño de sus vecinos, en Galicia como se comprometió Feijóo, será presidente de los gallegos y alcalde de toda Galicia 

Alcalde de toda Galicia

Cando hai uns días Feijóo pechaba o seu último día de campaña electoral e poucas horas despois recollía o premio ao seu esforzo en forma da súa cuarta maioría, dixo: “Intento ser presidente dos galegos e alcalde de toda Galicia”. A expresión “alcalde de toda Galicia” paréceme a mellor maneira de asumir un compromiso e someterche ao exame permanente cos cidadáns que che votan e cos que non o fan. 

O alcalde gáñase a confianza dos seus veciños polo traballo que realiza día a día, pola súa maneira de ser e actuar, pola súa honestidade, polo seu exemplo, e en definitiva polo seu grao de compromiso co seu territorio. Ser alcalde implica proximidade cos problemas das persoas, coñecemento da realidade social e saber priorizar as necesidades e demandas.

Feijóo ten sobradamente acreditada a súa capacidade de xestión en momentos de vacas fracas, de enormes dificultades como as que vivimos derivadas da crise do coronavirus que a día de hoxe segue ameazando a nosa saúde e os nosos traballos. O seu currículo vén completándose desde hai anos con éxitos de xestión e de liderado político, pero o seu crecemento tamén foi exponencial noutras facetas.

Os alcaldes teñen a obrigación de defender os intereses dos seus veciños executando políticas que melloren a súa calidade de vida. O noso alcalde de Galicia xa nos deixou claro cales son esas políticas e as súas prioridades para estes anos difíciles, moi difíciles, que xa chaman ás nosas portas.

As reformas sanitarias derivadas da crise do coronavirus serán abordadas con urxencia, revisando a atención primaria e incrementando o persoal en áreas estratéxicas.

Seguiranlle as políticas de emprego que deberán facer fronte ás crises industriais derivadas da falta de medidas, competencia do Estado, que abriron feridas difíciles de curar como na Mariña lucense con Alcoa, nas Pontes con Endesa, e proximamente se non hai rectificación, en todas as actividades vinculadas ao sector alimentario mariño ao poñer en xaque as instalacións de depuradoras e cocederos de mariscos, conserveiras e miles de postos de traballos de actividades localizadas no noso rico litoral.
Son só uns exemplos aos que se terán que engadir os derivados dos servizos sociais, o turismo cun Xacobeo ás portas, a educación ou as infraestruturas pendentes.

Galicia, cunha superficie dun 30.000 Km cadrados e máis de dous millóns e medio de habitantes, conta cun gran alcalde coñecedor de todos os recunchos deste fermoso territorio e as necesidades dos seus habitantes. Por iso non é casual que por cuarta vez a gran maioría dos galegos depositasen nel a confianza que merece para que siga preocupándose por mellorar as súas condicións de vida. 

Como ocorre en moitos pobos e cidades onde día a día os seus alcaldes gáñanse o respecto e agarimo dos seus veciños, en Galicia como se comprometeu Feijóo, será presidente dos galegos e alcalde de toda Galicia.

miércoles, 24 de junio de 2020

Brochazos verdes

Desde hace unos meses la inquietud y la preocupación es máxima entre los diferentes colectivos de empresarios y trabajadores ligados a la cadena mar-industria de nuestra tierra gallega.

Las intenciones del Gobierno socialista, recogidas en sus propuestas legislativas, son alterar las condiciones en las que los usuarios de concesiones o permisos administrativos de actividades situadas dentro del dominio público marítimo terrestre vienen trabajando desde hace décadas. Estos cambios endurecerán las condiciones a la hora de autorizar prórrogas o nuevas concesiones, reduciendo sus plazos de duración total al cambiar los criterios que hasta ahora se venían aplicando desde la administración competente, con lo que en muchos casos la continuidad se hará inviable para muchas actividades.

Tras presionar desde el sector, el Gobierno gallego o desde el Grupo Popular en el Congreso, la ministra Teresa Ribera trataba de tranquilizarnos afirmando que presentaría una nueva Ley de Costas. Le pedimos entonces y ahora que antes de hacerlo propiciara un diálogo con las partes implicadas y la búsqueda de consensos que lograran estabilidad, viabilidad y seguridad jurídica. En febrero en el Congreso nos dijo “Queremos actuar sobre la base del diálogo, la participación, la escucha y la transparencia”. Nunca lo hubo.

La semana pasada contestó a una pregunta que le hice en el Pleno diciendo que no hay problemas, que no es para tanto y que siguen con sus planes iniciales, con un artículo colado en el Proyecto de Ley de Cambio Climático presentado en el Congreso en pleno estado de alarma que tira por tierra las esperanzas de una rectificación a su política de brochazos verdes.

Las consecuencias inmediatas, de aprobarse la introducción de estas modificaciones legislativas, serán que solo en Galicia unas mil empresas podrían ver en serio riesgo su continuidad, o ser desahuciadas. Estamos hablando de depuradoras y cocederos de mariscos, cetáreas, piscifactorías, conserveras, pequeños astilleros, unas 5.000 edificaciones… afectando también seriamente la vida de bateeiros y mariscadores. Hablamos de poner en riesgo los trabajos de más de 40.000 profesionales del mar.

En momentos como los que estamos viviendo, donde la pandemia se ha cobrado demasiadas vidas y está dejando por el camino muchos puestos de trabajo, cuando lo necesario y urgente es ayudar a reconstruir, la aportación del gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias es dar un nuevo brochazo de color verde a sus políticas, un golpe definitivo a miles de familias y a un modo de vida arraigado en nuestras villas marineras.

Todos estamos a favor de cuidar nuestro litoral y de conservar nuestro medio natural, pero las políticas socialistas solo tienen en cuenta la parte ideológica, el marketing de lo verde, y esos brochazos no pueden ignorar la parte humana y social. Es como querer conservar los peces prohibiendo su pesca, tendríamos un mar lleno de peces pero un serio problema de alimentación.

Después de los brochazos a la industria en As Pontes, y ahora a ALCOA, parece que le llega el turno a las mariscadoras, conserveras y a toda la actividad que desde hace siglos genera riqueza y un modo de vida en las costas gallegas. Si no rectifica, Galicia será más verde pero estará más vacía porque no habrá trabajo.


Brochadas verdes

Desde hai uns meses a inquietude e a preocupación é máxima entre os diferentes colectivos de empresarios e traballadores ligados á cadea mar-industria da nosa terra galega.

As intencións do Goberno socialista, recollidas nas súas propostas lexislativas, son alterar as condicións nas que os usuarios de concesións ou permisos administrativos de actividades situadas dentro do dominio público marítimo terrestre veñen traballando desde hai décadas. Estes cambios endurecerán as condicións á hora de autorizar prórrogas ou novas concesións, reducindo os seus prazos de duración total ao cambiar os criterios que ata o de agora viñan aplicando desde a administración competente, co que en moitos casos a continuidade farase inviable para moitas actividades.

Tras facer presión desde o sector, o Goberno galego ou desde o Grupo Popular no Congreso, a ministra Teresa Ribeira trataba de tranquilizarnos afirmando que presentaría unha nova Lei de Costas. Pedímoslle entón e agora que antes de facelo propiciase un diálogo coas partes implicadas e a procura de consensos que lograsen estabilidade, viabilidade e seguridade xurídica. En febreiro no Congreso díxonos “Queremos actuar sobre a base do diálogo, a participación, escóitaa e a transparencia”. Nunca o houbo.

A semana pasada contestou a unha pregunta que lle fixen no Pleno dicindo que non hai problemas, que non é para tanto e que seguen cos seus plans iniciais, cun artigo coado no Proxecto de Lei de Cambio Climático presentado no Congreso en pleno estado de alarma que tira por terra as esperanzas dunha rectificación á súa política de brochadas verdes.

As consecuencias inmediatas, de aprobarse a introdución destas modificacións lexislativas, serán que só en Galicia unhas mil empresas poderían ver en serio risco a súa continuidade, ou ser desafiuzadas. Estamos a falar de depuradoras e cocedeiros de mariscos, cetarias, piscifactorías, conserveiras, pequenos estaleiros, unhas 5.000 edificacións… afectando tamén seriamente a vida de bateeiros e mariscadores. Falamos de poñer en risco os traballos de máis de 40.000 profesionais do mar.

En momentos como os que estamos a vivir, onde a pandemia cobrouse demasiadas vidas e está a deixar polo camiño moitos postos de traballo, cando o necesario e urxente é axudar a reconstruír, a achega do goberno de Pedro Sánchez e Pablo Iglesias é dar unha nova brochada de cor verde ás súas políticas, un golpe definitivo a miles de familias e a un modo de vida arraigado nas nosas vilas mariñeiras.

Todos estamos a favor de coidar o noso litoral e de conservar o noso medio natural, pero as políticas socialistas só teñen en conta a parte ideolóxica, o márketing do verde, e esas brochadas non poden ignorar a parte humana e social. É como querer conservar os peixes prohibindo a súa pesca, teriamos un mar cheo de peces pero un serio problema de alimentación.

Despois das brochadas á industria nas Pontes, e agora a ALCOA, parece que lle chega a quenda ás mariscadoras, conserveiras e a toda a actividade que desde hai séculos xera riqueza e un modo de vida nas costas galegas. Se non rectifica, Galicia será máis verde pero estará máis baleira porque non haberá traballo.


miércoles, 10 de junio de 2020

Desesperanza

Esta semana en mi correo electrónico he recibido una carta de una ciudadana llamada Carmen a quien no he tenido el gusto de conocer y que con sus comentarios ha inspirado este artículo. 

Carmen me escribe que en el Parlamento lo que vemos son “insultos, mentiras, chulería, absolutamente nada de autocrítica, solo la defensa a ultranza de una postura, que no es ni ideológica: la propia postura, la autodefensa, la humillación y el ninguneo del que no piensa como yo, aunque yo no piense nada.” Palabras duras que seguramente compartirán más ciudadanos.Comparto con ella la preocupación por el clima de crispación que se viene generando en medio de la crisis sanitaria,social y económica más dura que a muchos nos ha tocado vivir.

En estos meses la política española está mostrando lo peor de sí misma. Nos estamos acostumbrando a ver a ministros atacar la independencia de la prensa, del poder judicial, socavar instituciones centenarias, tensar la convivencia entre españoles volviendo a la división en bandos: los buenos y los malos. Estamos aceptando que el engaño y la mentira se cuelen a diario en nuestras vidas como algo normal.

Los graves errores de gestión del Gobierno de la Nación durante la pandemia merecen todo tipo de reproches políticos, sociales y puede que jurídicos, algo que le corresponderá a la justicia determinar en su momento y a los ciudadanos valorar en las urnas. Pero los espectáculos parlamentarios deberían evitarse, como bien dijo el Presidente Feijoo, porque los ciudadanos lo que nos piden a sus legítimos representantes es que busquemos entendimiento y les demos soluciones a sus problemas.

Hoy gobierna en España una coalición de dos partidos con importantes diferencias entre ellos en muchos aspectos, sin voluntad de alcanzar acuerdos de Estado con otros grupos que buscan el bien de su país por encima del éxito particular. En los debates han buscado la tensión y la crispación como método de culpabilizar al contrario de sus errores, lo han hecho con descalificaciones o insultos, vertiendo palabras gruesas y logrando que la provocación en ocasiones obtuviera el resultado que apetecían.

Resulta difícil lograr acuerdos en este escenario, también hacer llegar propuestas alternativas y mucho más que éstas se aprueben. Pero ello no debiera ser motivo para caer en su juego provocativo y formar parte del espectáculo que solo a ellos les aportará algún rédito, además de darles la repercusión mediática que buscan. 

Como me escribe Carmen en su carta “El insulto, la prepotencia, la ideología por encima del valor inalienable del ser humano, son signos alarmantes de posiciones totalitarias que no presagian nada bueno” y nada bueno puede aportar esta forma de hacer política.

Entré en la política hace ya años porque era una herramienta y una forma útil de ayudar a los demás a resolver problemas y mejorar la sociedad, por ello me abochornan estas situaciones y modos de practicar esta noble tarea.

Les ha sido dado un privilegio, representar al pueblo español, velar por su seguridad, y servirlo con diligencia. Les ha sido dado el privilegio de servir, porque eso es la política, vocación de servicio, donación de sí mismo, búsqueda del bien común..”,dice Carmen y por eso, como a ella, este tipo de espectáculos parlamentarios me llenan de desesperanza.


Desesperanza

Esta semana no meu correo electrónico hei recibido unha carta dunha cidadá chamada Carmen a quen non tiven o gusto de coñecer e que cos seus comentarios inspirou este artigo. 

Carmen escríbeme que no Parlamento o que vemos son “insultos, mentiras, chulería, absolutamente nada de autocrítica, só a defensa sen concesións dunha postura, que non é nin ideolóxica: a propia postura, a autodefensa, a humillación e o ninguneo do que non pensa como eu, aínda que eu non pense nada.” Palabras duras que seguramente compartirán máis cidadáns.Comparto con ela a preocupación polo clima de crispación que vén xerando no medio da crise sanitaria,social e económica máis dura que a moitos nos tocou vivir.

Nestes meses a política española está a mostrar o peor de si mesma. Estamos a afacernos a ver a ministros atacar a independencia da prensa, do poder xudicial, socavar institucións centenarias, tensar a convivencia entre españois volvendo á división en bandos: os bos e os malos. Estamos a aceptar que o engano e a mentira cóense a diario nas nosas vidas como algo normal.

Os graves erros de xestión do Goberno da Nación durante a pandemia merecen todo tipo de reproches políticos, sociais e poida que xurídicos, algo que lle corresponderá á xustiza determinar no seu momento e aos cidadáns valorar nas urnas. Pero os espectáculos parlamentarios deberían evitarse, como ben dixo o Presidente Feijoo, porque os cidadáns o que nos piden aos seus lexítimos representantes é que busquemos entendemento e deámoslles solucións aos seus problemas.

Hoxe goberna en España unha coalición de dous partidos con importantes diferenzas entre eles en moitos aspectos, sen vontade de alcanzar acordos de Estado con outros grupos que buscan o ben do seu país por encima do éxito particular. Nos debates buscaron a tensión e a crispación como método de culpar ao contrario dos seus erros, fixérono con descualificacións ou insultos, verquindo palabras grosas e logrando que a provocación en ocasións obtivese o resultado que apetecían.

Resulta difícil lograr acordos neste escenario, tamén facer chegar propostas alternativas e moito máis que estas se aproben. Pero iso non debese ser motivo para caer no seu xogo provocativo e formar parte do espectáculo que só a eles achegaralles algún rédito, ademais de darlles a repercusión mediática que buscan. 

Como me escribe Carmen na súa carta “O insulto, a prepotencia, a ideoloxía por encima do valor inalienable do ser humano, son signos alarmantes de posicións totalitarias que non presaxian nada bo” e nada bo pode achegar esta forma de facer política.

Entrei na política hai xa anos porque era unha ferramenta e unha forma útil de axudar aos demais a resolver problemas e mellorar a sociedade, por iso me abochornan estas situacións e modos de practicar esta nobre tarefa.

Foilles dado un privilexio, representar ao pobo español, velar pola súa seguridade, e servilo con dilixencia. Foilles dado o privilexio de servir, porque iso é a política, vocación de servizo, doazón de si mesmo, procura do ben común..”, di Carmen e por iso, como a ela, este tipo de espectáculos parlamentarios énchenme de desesperanza.

miércoles, 27 de mayo de 2020

En las peores manos

Durante estas semanas de encierro he procurado mantenerme sereno y no caer en la critica fácil, en la demagogia o en el “y tú más”, siguiendo la línea que me he intentado marcar en mi trayectoria política. Hoy he de reconocer que ese esfuerzo requiere de una ración doble de paciencia y generosidad para no ser grueso en mis palabras. 

Cada 15 días se renueva el estado de alarma, y ya van 5 prórrogas logradas a golpe de negociaciones que parecen subastas. Da igual lo que haya que pactar o ceder desde el Gobierno con tal de seguir con este control extraordinario al conjunto de la sociedad creando un autentico mercado persa comprando voluntades.

Lo peor, las mentiras y engaños sucesivos. No repetiré aquí todas y cada una de las ya conocidas y a veces olvidadas de Pedro Sánchez, desde su fraude de tesis doctoral, su pérdida de sueño de solo pensar en cohabitar con Pablo Iglesias y un largo etcétera, hasta la última de la pasada semana, firmando con los herederos de Batasuna tras sus “no pactaremos nunca con Bildu” repetidas 20 veces ante las cámaras,

Materializa un pacto que mantiene en secreto incluso a sus propios ministros, ningunea a sus demás socios de investidura, y cuando estalla el escándalo y una buena parte de la sociedad, incluidos insignes socialistas, se echa las manos a la cabeza sorprendida por semejante bajeza, su reacción no es la de rectificar, pedir disculpas o reconocer una equivocación. No, nada de todo eso, La reacción y la estrategia es decir que se vio obligado a pactar con Bildu porque el Partido Popular no quiso votar a favor de esta nueva prórroga. Una vez más, y van muchas, las culpas al contrario. Olvida que ya pactó con los herederos de Batasuna en dos ocasiones anteriores: primero para lograr su investidura y después para gobernar en Navarra. En aquellas no se acordó de echarle la culpa al PP, y ahora resulta grotesco. 

Esta forma de actuar ratifica la verdadera personalidad de quien solo se gusta a sí mismo, quien le encanta mirarse a diario en el espejo del poder, que miente compulsivamente, que engaña hasta a sus propios socios, que hace una cosa con una mano mientras con la otra practica la contraria, que embauca y juega constantemente con las cartas marcadas, en definitiva se confirma que los trágicos acontecimientos de estos meses han acaecido cuando la dirección de nuestro país está en las peores manos imaginables para hacerles frente y lo saben. Ni siquiera aguanta la mirada del líder de la oposición cuando éste le habla desde la tribuna.

Pensarán que hoy no he podido contenerme, pero créanme que lo he hecho. Escribiría cosas más duras cuando pienso en que nuestro actual presidente solo tiene un objetivo, y es mantenerse en el poder a cualquier precio y culpando a los demás de sus desmanes. Me agobia pensar en el futuro que nos aguarda cuando quien tiene que dirigir la orquesta no sabe solfeo y cada músico tiene delante una partitura diferente… 

Pero a pesar de ello, y con gran esfuerzo, los españoles sabremos suplir las carencias de nuestro Gobierno.

Nas peores mans

Durante estas semanas de peche procurei manterme sereno e non caer en critícaa fácil, na demagoxia ou no “e ti máis”, seguindo a liña que me tentei marcar na miña traxectoria política. Hoxe hei de recoñecer que ese esforzo require dunha ración dobre de paciencia e xenerosidade para non ser groso nas miñas palabras. 

Cada 15 días renóvase o estado de alarma, e xa van 5 prórrogas logradas a golpe de negociacións que parecen poxas. Dá igual o que haxa que pactar ou ceder desde o Goberno con tal de seguir con este control extraordinario ao conxunto da sociedade creando un autentico mercado persa comprando vontades.

O peor, as mentiras e enganos sucesivos. Non repetirei aquí todas e cada unha das xa coñecidas e ás veces esquecidas de Pedro Sánchez, desde a súa fraude de tese doutoral, a súa perda de soño de só pensar en cohabitar con Pablo Iglesias e un longo etcétera, ata a última da pasada semana, asinando cos herdeiros de Batasuna tras as súas “non pactaremos nunca con Bildu” repetidas 20 veces #ante as cámaras,

Materializa un pacto que mantén en segredo mesmo aos seus propios ministros, ningunea aos seus demais socios de investidura, e cando estala o escándalo e unha boa parte da sociedade, incluídos insignes socialistas, bótase as mans á cabeza sorprendida por semellante bajeza, a súa reacción non é a de rectificar, pedir desculpas ou recoñecer unha equivocación. Non, nada de todo iso, A reacción e a estratexia é dicir que se viu obrigado a pactar con Bildu porque o Partido Popular non quixo votar a favor desta nova prórroga. Unha vez máis, e van moitas, as culpas ao contrario. Esquece que xa pactou cos herdeiros de Batasuna en dúas ocasións anteriores: primeiro para lograr a súa investidura e despois para gobernar en Navarra. Naquelas non se acordou de botarlle a culpa ao PP, e agora resulta grotesco. 

Esta forma de actuar ratifica a verdadeira personalidade de quen só se gusta a si mesmo, quen lle encanta mirarse a diario no espello do poder, que mente compulsivamente, que engana ata aos seus propios socios, que fai unha cousa cunha man mentres coa outra practica a contraria, que embauca e xoga constantemente coas cartas marcadas, en definitiva confírmase que os tráxicos acontecementos destes meses acaeceron cando a dirección do noso país está nas peores mans imaxinables para facerlles fronte e sábeno. Nin sequera aguanta a mirada do líder da oposición cando este fálalle desde a tribuna.

Pensarán que hoxe non puiden conterme, pero créanme que o fixen. Escribiría cousas máis duras cando penso en que o noso actual presidente só ten un obxectivo, e é manterse no poder a calquera prezo e culpando aos demais dos seus desmáns. Angústiame pensar no futuro que nos agarda cando quen ten que dirixir a orquestra non sabe solfexo e cada músico ten diante unha partitura diferente… 

Pero a pesar diso, e con gran esforzo, os españois saberemos suplir as carencias do noso Goberno.

miércoles, 13 de mayo de 2020

Escenarios incompletos

Hay algo en el ambiente que lo hace todavía más insoportable. Cuando se cumplen 60 días de confinamiento en nuestros domicilios, las horas se han cubierto con espacios para el trabajo, el orden, y sobre todo para pensar y repensar nuestras vidas.

Pero una sensación extraña me ronda en la cabeza. Percibo mensajes institucionales y un ambiente casi alegre, no diré festivo, en todo ello. Se aplaude, se canta, se pasea, se hace deporte, se nos dice que ya estamos saliendo, que si esta o la otra fase, que ya podemos viajar… Caramelos para endulzarnos esta pesadilla.

Pero lo que resulta llamativo, extraño, diría incomprensible es la ausencia de otros escenarios en este relato. Parece como si quisieran pasar de puntillas o quizás en ocasiones ocultar la cara trágica y dolorosa de esta tremenda situación. Pareciese que más de 26.000 muertes no han sucedido entre nosotros, que nos son ajenas, y me rebelo contra ese proceder.

Hace unos días en la Comisión de Agricultura y Pesca del Congreso de la que formo parte, el presidente de la misma (PNV) al comenzar la sesión justificaba de esta manera el no permitir que se guardase un minuto de silencio por todos los fallecidos por este maldito virus: “hacemos una especie de minuto de silencio propio e interno, sin necesidad de hacerlo, porque creo que ya se han hecho muchos”. Sí, “se han hecho muchos” dijo. Me gustaría pensar en un desliz pero yo no lo veo así. Nuestra sociedad guarda un minuto de silencio cada vez que ocurre una tragedia individual o colectiva, cada vez que una persona es asesinada victima de la violencia machista, cuando un personaje importante nos deja... Un minuto tras otro. Si tuviésemos que guardar un minuto de silencio por cada una de las victimas que por ahora nos ha arrebatado el virus harían falta 20 días completos sin pausa guardando silencio, y para algunos “ya se han hecho muchos”. Les cuesta declarar luto nacional, ponerse una corbata negra, poner banderas a media asta, en definitiva mostrar el dolor y guardarles respeto.

A ellos les digo que para superar el dolor, para hacer frente a estas tragedias, no es buena estrategia la de esconderlas. Se debe y se puede superar este luto con respeto, con dignidad y con valores.

Ahora que nos encaminamos hacia la recuperación de nuestras vidas fuera de casa, es más necesario que nunca no equivocarnos de escenarios. No todo son música y aplausos, porque el virus sigue entre nosotros. No nos confundamos y seamos prudentes, respetemos las distancias, utilicemos las medidas de protección y también recordemos todos los días que los nuevos escenarios estarán ya para siempre incompletos, porque en ellos faltarán miles, muchos miles de personas, en su mayoría aquellos que más sufrieron y dieron a nuestra nación para que hoy disfrutemos del bienestar al que espero que desde ahora demos más valor.

En estos nuevos escenarios incompletos suplamos sus ausencias con sus recuerdos pero también con nuestro civismo y responsabilidad colectiva. Todavía podemos compartir escenario agradeciendo su trabajo y siguiendo sus ejemplos.

Escenarios incompletos

Hai algo no ambiente que o fai aínda máis insoportable. Cando se cumpren 60 días de confinamento nos nosos domicilios, as horas cubríronse con espazos para o traballo, a orde, e sobre todo para pensar e repensar as nosas vidas.

Pero unha sensación estraña róldame na cabeza. Percibo mensaxes institucionais e un ambiente case alegre, non direi festivo, en todo iso. Apláudese, cántase, paséase, faise deporte, dinnos que xa estamos a saír, que se esta ou a outra fase, que xa podemos viaxar… Caramelos para facernos máis doce este pesadelo.

Pero o que resulta rechamante, estraño, diría incomprensible é a ausencia doutros escenarios neste relato. Parece coma se quixesen pasar no bico dos pés ou quizais en ocasións ocultar a cara tráxica e dolorosa desta tremenda situación. Parecese que máis de 26.000 mortes non sucederon entre nós, que nos son alleas, e rebélome contra ese proceder.

Hai uns días na Comisión de Agricultura e Pesca do Congreso da que formo parte, o presidente da mesma (PNV) ao comezar a sesión xustificaba desta maneira o non permitir que se gardase un minuto de silencio por todos os falecidos por este maldito virus: “facemos unha especie de minuto de silencio propio e interno, sen necesidade de facelo, porque creo que xa se fixeron moitos”. Si, “fixéronse moitos” dixo. Gustaríame pensar nun descoido pero eu non o vexo así. A nosa sociedade garda un minuto de silencio cada vez que ocorre unha traxedia individual ou colectiva, cada vez que unha persoa é asasinada vítima da violencia machista, cando un personaxe importante déixanos... Un minuto tras outro. Se tivésemos que gardar un minuto de silencio por cada unha das vítimas que por agora nos arrebatou o virus farían falta 20 días completos sen pausa gardando silencio, e para algúns “xa se fixeron moitos”. Cústalles declarar loito nacional, poñerse unha gravata negra, poñer bandeiras a medio mastro, en definitiva mostrar a dor e gardarlles respecto.

A eles dígolles que para superar a dor, para facer fronte a estas traxedias, non é boa estratexia a de escondelas. Débese e pódese superar este loito con respecto, con dignidade e con valores.

Agora que nos encamiñamos cara á recuperación das nosas vidas fóra de casa, é máis necesario que nunca non equivocarnos de escenarios. Non todo son música e aplausos, porque o virus segue entre nós. Non nos confundamos e sexamos prudentes, respectemos as distancias, utilicemos as medidas de protección e tamén lembremos todos os días que os novos escenarios estarán xa para sempre incompletos, porque neles faltarán miles, moitos miles de persoas, na súa maioría aqueles que máis sufriron e deron á nosa nación para que hoxe gocemos do benestar ao que espero que desde agora demos máis valor.

Nestes novos escenarios incompletos suplamos as súas ausencias cos seus recordos pero tamén co noso civismo e responsabilidade colectiva. Aínda podemos compartir escenario agradecendo o seu traballo e seguindo os seus exemplos.

miércoles, 29 de abril de 2020

Tiempo de reinventarse

Cuando era estudiante de Biología en la Universidad de Santiago, leí y aprendí de algunos libros relacionados con la evolución de las distintas especies, y de manera especial al gran Darwin, quedando siempre en mi cabeza su teoría en la que afirmaba que ante los cambios que se producen en la naturaleza no sobreviven mejor las especies más fuertes ni las más inteligentes, sino aquellas que mejor se adaptan a esos cambios.

Llevamos demasiados días escuchando aplausos y caceroladas, unas instrucciones y las contrarias, debates poco edificantes, nada constructivos y sobre todo, muchos engaños. Pero hoy mientras me ponía a la tarea de escribir este artículo, el silencio de la calle, que habitualmente solo rompían algunos pájaros con sus trinos primaverales y el motor de los escasos coches que estos días circulaban, fue quebrado por un sonido más alegre, las risas y gritos de los niños saliendo a correr y jugar. Me ha recordado que no todo está escrito ni previsto en este macabro guion.

Si algo deberíamos haber aprendido tras semanas de confinamiento, sería que lo que nos espera a la vuelta de la esquina son cambios, muchos cambios. Ya quedó dicho, las cosas no volverán a ser iguales que antes de esta grave crisis sanitaria, social, laboral y económica, tampoco en la manera de relacionarnos.

Como en esa evolución de las especies a las que se refería Darwin cuando hablaba de los que sobrevivían a los cambios, ahora también nos toca ser de los que mejor nos adaptemos a estas nuevas circunstancias. Solo hay dos caminos: quedarnos en la lamentación y en la resignación, o reinventarnos convirtiéndonos en protagonistas de nuestras vidas, buscando nuevas oportunidades, ampliando nuestro horizonte de pensamientos. 

De esos dos caminos, elijamos el de centrarnos en nuestros pensamientos positivos. Me ha gustado leer algunas opiniones de emprendedores lucenses diciendo cosas como: “Habrá que marcar prioridades, pensar más en la felicidad y menos en lo material y reinventarse”, o también “tenemos que ser protagonistas, recuperar el tiempo perdido”, y finalmente “No va a ser abrir la puerta y trabajar como antes. Lo tenemos claro. Vamos a tener que adaptarnos y cambiar”. Son solo tres ejemplos que cito de manera anónima pero que se han pronunciado en boca de personas que viven y trabajan en Lugo. Coincidimos: protagonistas, reinventarse, adaptarnos y cambiar. Esas son las claves para sobrevivir mejor a la nueva situación.

El otro camino, quedarse en la queja y en la resignación sabemos a dónde nos lleva. Como en otros muchos campos de la vida no hay recetas, ni soy quién para dar consejos ni recomendaciones, tampoco lo pretendo. Solo sé que hoy y ahora, en estas circunstancias, es mejor centrarnos en nuestros pensamientos positivos, poner todo el foco en lo que queremos conseguir y no en nuestros miedos y temores.

Preguntémonos qué cosas podemos hacer a partir de ahora, de qué maneras diferentes las podemos hacer, en qué podemos mejorar. Buscar respuestas a estas preguntas en momentos de reinventarse, porque como dijo Einstein: “Entre las dificultades se esconde la oportunidad”.

Tempo de reinventarse

Cando era estudante de Bioloxía na Universidade de Santiago, lin e aprendín dalgúns libros relacionados coa evolución das distintas especies, e de maneira especial ao gran Darwin, quedando sempre na miña cabeza a súa teoría na que afirmaba que #ante os cambios que se producen na natureza non sobreviven mellor as especies máis fortes nin as máis intelixentes, senón aquelas que mellor se adaptan a eses cambios.

Levamos demasiados días escoitando aplausos e caceroladas, unhas instrucións e as contrarias, debates pouco edificantes, nada construtivos e sobre todo, moitos enganos. Pero hoxe mentres me poñía á tarefa de escribir este artigo, o silencio da rúa, que habitualmente só rompían algúns paxaros cos seus trinos primaverais e o motor dos escasos coches que estes días circulaban, foi crebado por un son máis alegre, as risas e berros dos nenos saíndo a correr e xogar. Lembroume que non todo está escrito nin previsto neste macabro guión.

Se algo deberiamos aprender tras semanas de confinamento, sería que o que nos espera ao virar a esquina son cambios, moitos cambios. Xa quedou devandito, as cousas non volverán ser iguais que antes desta grave crise sanitaria, social, laboral e económica, tampouco na maneira de relacionarnos.

Como nesa evolución das especies ás que se refería Darwin cando falaba dos que sobrevivían aos cambios, agora tamén nos toca ser dos que mellor nos adaptemos a estas novas circunstancias. Só hai dous camiños: quedarnos na lamentación e na resignación, ou reinventarnos converténdonos en protagonistas das nosas vidas, buscando novas oportunidades, ampliando o noso horizonte de pensamentos. 

Deses dous camiños, elixamos o de centrarnos nos nosos pensamentos positivos. Gustoume ler algunhas opinións de emprendedores lucenses dicindo cousas como: “Haberá que marcar prioridades, pensar máis na felicidade e menos no material e reinventarse”, ou tamén “temos que ser protagonistas, recuperar o tempo perdido”, e finalmente “Non vai ser abrir a porta e traballar como antes. Témolo claro. Imos ter que adaptarnos e cambiar”. Son só tres exemplos que cito de maneira anónima pero que se pronunciaron en boca de persoas que viven e traballan en Lugo. Coincidimos: protagonistas, reinventarse, adaptarnos e cambiar. Esas son as claves para sobrevivir mellor á nova situación.

O outro camiño, quedar na queixa e na resignación sabemos onde lévanos. Como noutros moitos campos da vida non hai receitas, nin son quen para dar consellos nin recomendacións, tampouco o pretendo. Só sei que hoxe e agora, nestas circunstancias, é mellor centrarnos nos nosos pensamentos positivos, poñer todo o foco no que queremos conseguir e non nos nosos medos e temores.

Preguntémonos que cousas podemos facer a partir de agora, de que maneiras diferentes podémolas facer, en que podemos mellorar. Buscar respostas a estas preguntas en momentos de reinventarse, porque como dixo Einstein: “Entre as dificultades escóndese a oportunidade”.

miércoles, 15 de abril de 2020

En los próximos días

Eso fue lo que nos dijeron hace semanas, ya casi un mes: que en los próximos días estarían disponibles las mascarillas, respiradores y los medios necesarios para hacer frente a esta propagación vírica. Nos lo dijeron las máximas autoridades del país, aquellas que en estos momentos están al timón del barco en el que vamos todos. Nos lo repitieron en las sucesivas comparecencias de los miembros del gobierno, dirigentes “competentes”, apariciones diarias, o de varias veces al día, especialmente en fines de semana donde el Presidente del Gobierno ocupa horas y horas para decir lo que cabría en un discurso de cinco minutos.

También que en los próximos días llegaría el pico, venceríamos la curva, invertiríamos la tendencia… cifras frías, estadísticas más propias de otros escenarios y no de cuando se habla de miles de personas fallecidas.

Los próximos días se han convertido en semanas, camino de meses. Ya no confío en más anuncios. Apelar a la decencia, la prudencia, humildad y veracidad suena a ilusorio, pero lo hago.

Ante la necesidad de mantener y transmitir ánimos y buenas vibraciones para superar este tránsito hacia una forma de vida que, estoy seguro, será diferente a la vivida hasta ahora, utilizando la misma escala de medir el paso del tiempo que utiliza el Gobierno, voy a soñar e imaginar como serán los próximos días.

En esos días, con o sin mascarillas, abriré la puerta de casa y vestido con atuendo de caminar me acercaré hasta la Muralla, daré dos vueltas por su adarve, regresaré al Parque para rodearlo varias veces, bajaré y volveré a subir el sendero de las cuestas y así hasta terminar cansado de andar, sin los limites que ahora me impone un pasillo. Y saludaré a todos cuantos cruce en mi camino.

En los próximos días volveré a las calles en compañía de mi mujer sin separarme metro y medio de ella, haremos recados y me sentaré a tomar una cerveza en su compañía y la de algunos amigos. También podré volver al Congreso y dejaré de seguir las sesiones en el ordenador, participaré de manera presencial en las propuestas e iniciativas que hasta ahora hacía telemáticamente. 

En los próximos días quiero ayudar de manera diferente, donde se necesite mi presencia sin necesidad de seguir recurriendo a donaciones, cartas a pacientes desconocidos o aplausos diarios desde la ventana. Ayudar en vivo y en directo.

En los próximos días podré abrazar a mis seres queridos, a mis amigos y compañeros. Valorar el tiempo que viva sin necesidad de mirar el reloj a cada instante, darle a las cosas sencillas la importancia que realmente tienen, apurar al máximo las conversaciones, pasear por cualquier calle.

Estas y otras cosas que aquí no caben quiero hacerlas en los próximos días, que no quisiera ver convertidos en semanas ni en meses. Pero esto dependerá de que nos digan la verdad, de nos digan cual es el verdadero significado de “próximos días”, porque hoy, mucho tiempo después de aquellos compromisos, siguen siendo muchas las personas que pelean a diario todavía sin mascarillas, sin respiradores, sin medios adecuados para esta sangría que diariamente nos arrebata tantas vidas.

Seguro que todo esto habrá terminado en los próximos días.

Nos próximos días

Iso foi o que nos dixeron hai semanas, xa case un mes: que nos próximos días estarían dispoñibles as máscaras, respiradores e os medios necesarios para facer fronte a esta propagación vírica. Dixéronnolo as máximas autoridades do país, aquelas que nestes momentos están ao temón do barco no que imos todos. Repetíronnolo nas sucesivas comparecencias dos membros do goberno, dirixentes “competentes”, aparicións diarias, ou de varias veces ao día, especialmente en fins de semana onde o Presidente do Goberno ocupa horas e horas para dicir o que cabería nun discurso de cinco minutos.

Tamén que nos próximos días chegaría o pico, venceriamos a curva, investiriamos a tendencia… cifras frías, estatísticas máis propias doutros escenarios e non de cando se fala de miles de persoas falecidas.

Os próximos días convertéronse en semanas, camiño de meses. Xa non confío en máis anuncios. Apelar á decencia, a prudencia, humildade e veracidade soa a ilusorio, pero fágoo.

Fronte a necesidade de manter e transmitir ánimos e boas vibracións para superar este tránsito cara a unha forma de vida que, estou seguro, será diferente á vivida ata o de agora, utilizando a mesma escala de medir o paso do tempo que utiliza o Goberno, vou soñar e imaxinar como serán os próximos días.

Neses días, con ou sen máscaras, abrirei a porta de casa e vestido con vestimenta de camiñar achegareime ata a Muralla, darei dúas voltas pola súa adarve, regresarei ao Parque para rodealo varias veces, baixarei e volverei subir o carreiro das costas e así ata terminar canso de andar, sen limítelos que agora me impón un corredor. E saudarei a todos cuantos cruce no meu camiño.

Nos próximos días volverei ás rúas en compañía da miña muller sen separarme metro e medio dela, faremos recados e sentareime a tomar unha cervexa na súa compañía e a dalgúns amigos. Tamén poderei volver ao Congreso e deixarei de seguir as sesións no computador, participarei de maneira presencial nas propostas e iniciativas que ata o de agora facía telematicamente. 

Nos próximos días quero axudar de maneira diferente, onde se necesite a miña presenza sen necesidade de seguir recorrendo a doazóns, cartas a pacientes descoñecidos ou aplausos diarios desde a xanela. Axudar en vivo e en directo.

Nos próximos días poderei abrazar aos meus seres queridos, aos meus amigos e compañeiros. Valorar o tempo que viva sen necesidade de mirar o reloxo a cada pouco, darlle ás cousas sinxelas a importancia que realmente teñen, apurar ao máximo as conversacións, pasear por calquera rúa.

Estas e outras cousas que aquí non caben quero facelas nos próximos días, que non quixese ver convertidos en semanas nin en meses. Pero isto dependerá de que nos digan a verdade, de dígannos cal é o verdadeiro significado de “próximos días”, porque hoxe, moito tempo despois daqueles compromisos, seguen sendo moitas as persoas que pelexan a diario aínda sen máscaras, sen respiradores, sen medios adecuados para esta sangría que diariamente nos arrebata tantas vidas.

Seguro que todo isto terminaría nos próximos días.

miércoles, 1 de abril de 2020

Moral de victoria

Emociones y sentimientos contradictorios saturan nuestras vidas en las largas jornadas de confinamiento. Los telediarios y las portadas de los periódicos no cesan de reproducir cifras, estadísticas, gráficas… todas relacionadas con la crueldad de la pandemia.

Cabalgamos a diario todas estas emociones y todos queremos hacer más, más y más por salir cuanto antes de este encierro forzoso .

Nos dijeron que esta lucha era como la de una guerra y puede que la comparación sea válida, lo cual me lleva a incrementar todavía más mi propio estado de alerta emocional. La victoria en las guerras se produce al final como consecuencia de aplicar durante un tiempo las estrategias correctas que diseñan los mandos expertos, acompañadas de las correctas transmisiones y coordinación de las órdenes a las tropas, la eficacia de las armas utilizadas y la moral de victoria. En las guerras también cuenta mucho la actitud e implicación de la sociedad civil desarrollando tareas de apoyo económico, social y moral.

En esta particular guerra contra el coronavirus, ya salió la palabra, nuestras tropas son de auténtica élite, su empeño en la lucha que libran a diario algún día se compensará mucho más que con el puñado de aplausos de todas las tardes. Pero las dificultades para la victoria final están en otros lugares del campo de batalla, quizás en los cuarteles generales. Seguramente en este particular alto estado mayor.

Quien tiene todos los poderes desde la entrada en vigor del estado de alarma y sus respectivas prórrogas ha enviado al frente, a la primera línea de combate, a magníficas personas sin los medios necesarios para combatir un virus y al tiempo protegerse de su contagio. Soldados sin metralletas, o con ellas pero sin munición. Soldados sin cascos ni chalecos, o quizá sin botas para caminar en el barro. ¿Y la sociedad civil?. Confinada en sus casas con paralización de todas las producciones “no imprescindibles”, sin poder aportar a esta pelea más que el quedarse en casa.

Si a esta situación de simulación bélica añadimos generales que cada día improvisan sobre la táctica adecuada, que a cada orden emiten una contraorden, y que en cada arenga a la tropa en lugar de transmitir con empatía palabras de aliento y animo, se limitan a lanzar soflamas vacías de contenido, frases enlatadas incapaces de llegar al corazón de la población, si solamente añadimos estas variables, nunca habrá moral de victoria.

Se está diciendo que no es momento de reproches, pero es posible que todavía estén permitidas las reflexiones en voz alta. La mía no puede ser más que la de pedirle al mando que deje de culpabilizar a otros de sus desatinos y que permita ayudar a quienes tienen experiencia y conocimiento en situaciones similares, que los hay. Que no engañen a la población con mensajes poco creíbles y cambiantes, y lo más importante, que doten YA a la primera línea del frente de las herramientas necesarias para protegerse y así poder proteger con eficacia a los demás. Que nos dé motivos para compartir todos una moral de victoria.

Moral de vitoria


Emociones e sentimentos contraditorios saturan as nosas vidas nas longas xornadas de confinamento. Os telexornais e as portadas dos xornais non cesan de reproducir cifras, estatísticas, gráficas… todas relacionadas coa crueldade da pandemia.

Cabalgamos a diario todas estas emocións e todos queremos facer máis, máis e máis por saír canto antes deste peche forzoso .

Dixéronnos que esta loita era como a dunha guerra e poida que a comparación sexa válida, o cal me leva a incrementar aínda máis o meu propio estado de alerta emocional. A vitoria nas guerras prodúcese ao final como consecuencia de aplicar durante un tempo as estratexias correctas que deseñan os mandos expertos, acompañadas das correctas transmisións e coordinación das ordes ás tropas, a eficacia das armas utilizadas e a moral de vitoria. Nas guerras tamén conta moito a actitude e implicación da sociedade civil desenvolvendo tarefas de apoio económico, social e moral.

Nesta particular guerra contra o coronavirus, xa saíu a palabra, as nosas tropas son de auténtica elite, o seu empeño na loita que libran a diario algún día compensarase moito máis que co puñado de aplausos de todas as tardes. Pero as dificultades para a vitoria final están noutros lugares do campo de batalla, quizais nos cuarteis xerais. Seguramente neste particular alto estado maior.

Quen ten todos os poderes desde a entrada en vigor do estado de alarma e as súas respectivas prórrogas enviou á fronte, á primeira liña de combate, a magníficas persoas sen os medios necesarios para combater un virus e ao tempo protexerse do seu contaxio. Soldados sen metralletas, ou con elas pero sen munición. Soldados sen cascos nin chalecos, ou quizá sen botas para camiñar no barro. E a sociedade civil?. Confinada nas súas casas con paralización de todas as producións “non imprescindibles”, sen poder achegar a esta pelexa máis que o quedarse na casa.

Se a esta situación de simulación bélica engadimos xenerais que cada día improvisan sobre a táctica adecuada, que a cada orde emiten unha contraorde, e que en cada arenga á tropa en lugar de transmitir con empatía palabras de alento e animo, limítanse a lanzar soflamas baleiras de contido, frases enlatadas incapaces de chegar ao corazón da poboación, se soamente engadimos estas variables, nunca haberá moral de vitoria.

Está a dicirse que non é momento de reproches, pero é posible que aínda estean permitidas as reflexións en voz alta. A miña non pode ser máis que a de pedirlle ao mando que deixe de culpar a outros dos seus desatinos e que permita axudar a quen ten experiencia e coñecemento en situacións similares, que os hai. Que non enganen á poboación con mensaxes pouco cribles e cambiantes, e o máis importante, que doten XA á primeira liña da fronte das ferramentas necesarias para protexerse e así poder protexer con eficacia aos demais. Que nos dea motivos para compartir todos unha moral de vitoria.

miércoles, 18 de marzo de 2020

La hora de obedecer

En pocos días hemos pasado de la sorpresa a no dar crédito a la situación que se nos ha venido encima como una ola gigante, un tsunami que deja efectos devastadores a su paso. Muchos hablan de lo que se tenía que haber hecho y no se hizo, otros de lo que todavía queda por hacer y es urgente acometer. Tiempo habrá de analizar y enjuiciar aciertos y errores, no lo duden.

Pero hoy estamos en la hora de la verdad, en la que toda sociedad demuestra, como ya lo hizo en situaciones similares a lo largo de la historia, si es madura, si está a la altura de las circunstancias, aunque puedan fallar los que más responsabilidades ostentan.

En toda situación crítica está demostrado que la salida y la respuesta es más rápida y eficaz cuando quienes lideran esa sociedad son capaces de transmitir confianza y determinación con sus mensajes y medidas, también con su ejemplo. Pero tampoco es menos cierto que en ausencia de esas circunstancias deseables son los ciudadanos y los colectivos profesionales más directamente implicados en la lucha contra estas eventualidades los que, con su saber estar y dedicación profesional, no solo suplen sino que enderezan los rumbos erráticos provocados por la falta de liderazgos.

En plena guerra por atajar y vencer al enemigo común, este maldito virus con nombre de campaña de marketing, en estas horas muy difíciles, que sin duda preceden a otras muchas también complicadas, toca obedecer, demostrar todo nuestro civismo y responsabilidad. No es momento para cuestionar a quienes dirigen a la tropa, a nuestros generales, por muchos errores y desatinos que puedan cometer. Eso solo agravaría más esta situación de la que todos estamos deseando salir con los menores daños posibles.

Primero centrémonos en colaborar acatando las instrucciones que se nos están dando para que los problemas de salud, los auténticamente prioritarios, se atajen eficazmente y para que la curva de contagios y fallecidos se invierta cuanto antes. En esta fase cumplir con las indicaciones del Gobierno está en nuestras manos.

La reclusión en los hogares, para aquellos que no tengan la obligación de acudir a centros de trabajo o a prestar servicios esenciales, es una tarea que no representa un castigo, tan solo una incomodidad. No se está pidiendo mucho más. Si con seguir estas normas liberamos los hospitales para que sus profesionales centren todos sus esfuerzos y recursos en atender a los verdaderamente enfermos, será mucho lo conseguido.

Superada la parte relativa a nuestra salud, deberemos hacer frente a las graves consecuencias económicas provocadas por la paralización de muchas actividades, algo que puede llevarse por delante miles de puestos de trabajo, especialmente de autónomos y pequeños negocios. El coste será muy alto y las medidas para paliarlo no deben hacerse esperar.

Los buenos marineros saben perfectamente como hacer frente a las malas condiciones de la mar. Hoy nos enfrentamos a un escenario similar a la tormenta perfecta, y solo obedeciendo las ordenes y remando todos en la misma dirección podremos salir con el menor daño posible para nosotros y cuantos nos rodean. Ya lo hicimos antes, hagámoslo una vez más.


A hora de obedecer

En poucos días pasamos da sorpresa a non dar crédito á situación que se nos veu encima como unha onda xigante, un tsunami que deixa efectos devastadores ao seu paso. Moitos falan do que se tiña que facer e non se fixo, outros do que aínda queda por facer e é urxente acometer. Tempo haberá de analizar e axuizar acertos e erros, non o dubiden.

Pero hoxe estamos na hora da verdade, na que toda sociedade demostra, como xa o fixo en situacións similares ao longo da historia, se é madura, se está á altura das circunstancias, aínda que poidan fallar os que máis responsabilidades ostentan.

En toda situación crítica está demostrado que a saída e a resposta é máis rápida e eficaz cando quen lidera esa sociedade son capaces de transmitir confianza e determinación coas súas mensaxes e medidas, tamén co seu exemplo. Pero tampouco é menos certo que en ausencia desas circunstancias desexables son os cidadáns e os colectivos profesionais máis directamente implicados na loita contra estas eventualidades os que, co seu saber estar e dedicación profesional, non só suplen senón que endereitan os rumbos erráticos provocados pola falta de liderados.

En plena guerra por atallar e vencer ao inimigo común, este maldito virus con nome de campaña de márketing, nestas horas moi difíciles, que sen dúbida preceden a outras moitas tamén complicadas, toca obedecer, demostrar todo o noso civismo e responsabilidade. Non é momento para cuestionar a quen dirixe á tropa, aos nosos xenerais, por moitos erros e desatinos que poidan cometer. Iso só agravaría máis esta situación da que todos estamos a desexar saír cos menores danos posibles.

Primeiro centrémonos en colaborar acatando as instrucións que se nos están dando para que os problemas de saúde, os autenticamente prioritarios, atállense eficazmente e para que a curva de contaxios e falecidos invístase canto antes. Nesta fase cumprir coas indicacións do Goberno está nas nosas mans.

A reclusión nos fogares, para aqueles que non teñan a obrigación de acudir a centros de traballo ou a prestar servizos esenciais, é unha tarefa que non representa un castigo, tan só unha incomodidade. Non se está pedindo moito máis. Se con seguir estas normas liberamos os hospitais para que os seus profesionais centren todos os seus esforzos e recursos en atender aos verdadeiramente enfermos, será moito o conseguido.

Superada a parte relativa á nosa saúde, deberemos facer fronte ás graves consecuencias económicas provocadas pola paralización de moitas actividades, algo que pode levar por diante miles de postos de traballo, especialmente de autónomos e pequenos negocios. O custo será moi alto e as medidas para palialo non deben facerse esperar.

Os bos mariñeiros saben perfectamente como facer fronte ás malas condicións da mar. Hoxe enfrontámonos a un escenario similar á tormenta perfecta, e só obedecendo ordénelas e remando todos na mesma dirección poderemos saír co menor dano posible para nós e cuantos rodéannos. Xa o fixemos antes, fagámolo unha vez máis.