miércoles, 14 de abril de 2021

Todavía estamos a tiempo

No siempre resulta fácil opinar públicamente de asuntos controvertidos o en los que el debate social y político permanece abierto durante tiempo. Es el caso que acontece con las decisiones de diferentes administraciones y gobiernos en relación a la demolición de la actual estación de autobuses y la extrema modificación de la del tren y sustituirlas por una nueva construcción bajo el nombre de estación intermodal ubicada donde actualmente se encuentra la del ferrocarril.

En estos últimos días los medios de comunicación se hacían eco de nuevos anuncios. El administrador de infraestructuras ferroviarias (ADIF) anunciaba su intención de seguir adelante y acortar plazos para adjudicar la construcción de una nueva estación de tren que costará mas de 31 millones de euros, a los que se tendrán que añadir los costes del parking subterráneo y los de la nueva estación de autobuses.

Dicho de manera más clara, se sigue avanzando en derribar, destruir, mutilar o como quieran llamarlo, dos edificaciones en buen estado y con capacidad para seguir dando servicio con las necesarias mejoras de ampliación y mantenimiento. Una de ellas ubicada en posición privilegiada, a 50 metros de nuestra Muralla, es decir, en el centro de la ciudad y a una cómoda altura respecto a casi toda la ciudad, y que una vez demolida ya no se construiría ahí sino que se integraría en la nueva para el tren, a casi un kilometro y con un fuerte desnivel para acceder a la mayoría del casco urbano.

Si nos detenemos a pensar que el tráfico ferroviario es escaso y a medio plazo esto no va a cambiar, basándome en los planes que anuncia el mismo gobierno que quiere construir una nueva estación; que la mayoría de los viajeros que llegan a Lugo sin utilizar su coche particular lo hacen en autobuses; que la mayor parte de estos vienen a realizar gestiones en actividades públicas o privadas en su mayor parte ubicadas en el centro o en las proximidades del casco amurallado; que la conexión entre ambas estaciones se puede resolver fácilmente mediante un bus urbano que acerque a los viajeros desde la estación ferroviaria a la bien situada de autobuses. Si reflexionamos sobre estas y otras argumentaciones que no tiene espacio aquí, deberíamos coincidir en que los planes gubernamentales no van en la buena dirección.

Todos conocemos estaciones y aeropuertos de muchas ciudades europeas y en la mayoría de ellas y con el paso de los años se mantienen esas edificaciones con las mejoras necesarias de conservación y accesibilidad. Aquí actuamos despreciando lo que va cumpliendo años y construyendo nuevos aeropuertos al lado de los no tan viejos, caso de Santiago. Como si el dinero sobrara.

Lugo no debería permitirse nuevas demoliciones para justificar infraestructuras sobredimensionadas o peor situadas. Con 10 veces menos de gasto se puede renovar la estación de autobuses sin perder su privilegiada ubicación, además de ampliar la del tren, que seguramente seguiría guardando su encanto y cubriendo con creces el escaso incremento previsto de viajeros en décadas.

Hago este llamamiento a la reflexión colectiva de los lucenses y de manera especial de quienes tienen la capacidad de decidir y financiar estos proyectos. Lugo no puede pararse, pero tampoco caminar en sentido contrario a lo que el sentido común indica. Todavía estamos a tiempo.

Aínda estamos a tempo

Non sempre resulta fácil opinar publicamente de asuntos controvertidos ou nos que o debate social e político permanece aberto durante tempo. É o caso que acontece coas decisións de diferentes administracións e gobernos en relación á demolición da actual estación de autobuses e a extrema modificación da do tren e substituílas por unha nova construción baixo o nome de estación intermodal situada onde actualmente atópase a do ferrocarril.

Nestes últimos días os medios de comunicación facíanse eco de novos anuncios. O administrador de infraestruturas ferroviarias (ADIF) anunciaba a súa intención de seguir adiante e acurtar prazos para adxudicar a construción dunha nova estación de tren que custará mais de 31 millóns de euros, aos que se terán que engadir os custos do aparcadoiro subterráneo e os da nova estación de autobuses.

Dito de maneira máis clara, séguese avanzando en derrubar, destruír, mutilar ou como queiran chamalo, dúas edificacións en bo estado e con capacidade para seguir dando servizo coas necesarias melloras de ampliación e mantemento. Unha delas situada en posición privilexiada, a 50 metros da nosa Muralla, é dicir, no centro da cidade e a unha cómoda altura respecto a case toda a cidade, e que unha vez demolida xa non se construiría aí senón que se integraría na nova para o tren, a case un  quilómetro e cun forte desnivel para acceder á maioría do centro urbano.

Se nos detemos a pensar que o tráfico ferroviario é escaso e a medio prazo isto non vai cambiar, baseándome nos plans que anuncia o mesmo goberno que quere construír unha nova estación; que a maioría dos viaxeiros que chegan a Lugo sen utilizar o seu coche particular fano en autobuses; que a maior parte destes veñen realizar xestións en actividades públicas ou privadas na súa maior parte situadas no centro ou nas proximidades do casco amurallado; que a conexión entre ambas as estacións pódese resolver facilmente mediante un bus urbano que achegue aos viaxeiros desde a estación ferroviaria á ben situada de autobuses. Se reflexionamos sobre estas e outras argumentacións que non ten espazo aquí, deberiamos coincidir en que os plans gobernamentais non van na boa dirección.

Todos coñecemos estacións e aeroportos de moitas cidades europeas e na maioría delas e co paso dos anos mantéñense esas edificacións coas melloras necesarias de conservación e accesibilidade. Aquí actuamos desprezando o que vai cumprindo anos e construíndo novos aeroportos á beira dos non tan vellos, caso de Santiago. Coma se o diñeiro sobrase.

Lugo non debería permitirse novas demolicións para xustificar infraestruturas  sobredimensionadas ou peor situadas. Con 10 veces menos de gasto pódese renovar a estación de autobuses sen perder a súa privilexiada localización, ademais de ampliar a do tren, que seguramente seguiría gardando o seu encanto e cubrindo con fartura o escaso incremento previsto de viaxeiros en décadas.

Fago este chamamento á reflexión colectiva dos lucenses e de maneira especial de quen ten a capacidade de decidir e financiar estes proxectos. Lugo non pode pararse, pero tampouco camiñar en sentido contrario ao que o sentido común indica. Aínda estamos a tempo.

miércoles, 31 de marzo de 2021

El armisticio

Hace unos días escuchando la radio en el coche una noticia provocó que subiera el volumen para prestarle toda la atención. Hablaban de un curioso episodio en un colegio y una de sus protagonistas, una niña de 3º de primaria, lo narraba en primera persona.

La niña contaba como su clase estaba cansada de que los niños de 5º, que salían al patio algo después que los de 3º, les deshicieran la cabaña que una y otra vez los de 3º construían en ese patio. La guerra entre ambas clases hizo mella en algunos y tuvieron la idea de proponer hacer las paces de manera un tanto original para sus edades.

Colocaron un cartel con el siguiente texto: “Por favor, no rompáis cada dos por tres la cabaña, la estamos haciendo para todos. Ya sé que estáis enfadados… pero firmemos la paz, por favor. Si queréis ayudarnos, vale, con mucho gusto, pero por favor, que nos está costando mucho”. Al lado otro cartel con el siguiente texto “Firmad si queréis hacer las paces” y en un lateral “esto nos lo dais mañana”.

Tal iniciativa me hizo pensar en su extrapolación a otros colectivos que ya dejaron 3º y 5º de primaria hace décadas y ahora tienen sobre sus hombros la responsabilidad de adoptar decisiones que nos afectan al conjunto de los ciudadanos, nuestros gobernantes.

Llevo tiempo percibiendo y compartiendo un sentimiento muy generalizado en una buena parte de nuestra sociedad, el deseo de rebajar las tensiones, los enfrentamientos, la necesidad de lograr acuerdos estables y beneficiosos para nuestro país. Algo que también requeriría un armisticio entre gobierno y oposición.

En Galicia hace unos días el presidente Feijóo se reunía con los líderes de los dos partidos de la oposición a su gobierno. Un total de 6 horas de reuniones y conversaciones, de dialogo entre tres personas con sus diferentes visiones de la política y de lo que quieren para los gallegos. Hay quienes pensarán que sólo fue un gesto y quienes verán un paso en la buena dirección de trasladar mensajes de unidad en tiempos donde los extremismos cada día tensan más la convivencia.

Cuando llevamos tanto tiempo viviendo en medio de una grave crisis sanitaria, económica y por lo tanto también social, cuando la bronca lleva instalada meses entre las bancadas de los parlamentos, cuando también alcanza al seno del Consejo de Ministros, cuando parece haberse convertido en el modus operandi de la política, la de las siglas por encima de las personas, cuando la soberbia y la mentira son las señas de identidad del Gobierno de España, cuando éstas y tantas cosas agobian cada día más a los españoles, el diálogo entre líderes políticos de diferente signo se me antoja como la mejor noticia de estos últimos días.

Que el ruido deje paso al diálogo es como ese armisticio, esa búsqueda de firmar la paz entre los niños de 3º y 5º de primaria cansados de ver como unos destruyen lo que otros levantan. Todos deseamos que cese el ruido de fondo, que los que tienen en su mano firmar lo hagan en esa hoja del colegio que decía “firmad si queréis hacer las paces”. Los niños otra vez dándonos ejemplo. Ojalá que no pierdan su incipiente capacidad de dialogar y ponerse de acuerdo. Pronto serán ellos los que tendrán que dialogar desde las instituciones, las empresas, los gobiernos. Que los niños de hoy aprendan a buscar la paz, el armisticio, será garantía de un futuro en mejor convivencia.

O armisticio

Hai uns días escoitando a radio no coche unha noticia provocou que subise o volume para prestarlle toda a atención. Falaban dun curioso episodio nun colexio e unha dos seus protagonistas, unha nena de 3º de primaria, narrábao en primeira persoa.

A nena contaba como a súa clase estaba cansada de que os nenos de 5º, que saían ao patio algo despois que os de 3º, desfixésenlles a cabana que unha e outra vez os de 3º construían nese patio. A guerra entre ambas as clases fixo efecto nalgúns e tiveron a idea de propoñer facer as paces de maneira un tanto orixinal para as súas idades.

Colocaron un cartel co seguinte texto: “Por favor, non rompades cada dous por tres a cabana, estamos a facela para todos. Xa se que estades enfadados… pero asinemos a paz, por favor. Se queredes axudarnos, vale, con moito gusto, pero por favor, que nos está custando moito”. Á beira outro cartel co seguinte texto “Asinade se queredes facer as paces” e nun lateral “isto nolo dades mañá”.

Tal iniciativa fíxome pensar na súa extrapolación a outros colectivos que xa deixaron 3º e 5º de primaria hai décadas e agora teñen sobre os seus ombreiros a responsabilidade de adoptar decisións que nos afectan ao conxunto dos cidadáns, os nosos gobernantes.

Levo tempo percibindo e compartindo un sentimento moi xeneralizado nunha boa parte da nosa sociedade, o desexo de rebaixar as tensións, os enfrontamentos, a necesidade de lograr acordos estables e beneficiosos para o noso país. Algo que tamén requiriría un armisticio entre goberno e oposición.

En Galicia hai uns días o presidente Feijóo reuníase cos líderes dos dous partidos da oposición ao seu goberno. Un total de 6 horas de reunións e conversacións, de dialogo entre tres persoas coas súas diferentes visións da política e do que queren para os galegos. Hai quen pensará que só foi un xesto e quen verá un paso na boa dirección de trasladar mensaxes de unidade en tempos onde os extremismos cada día tensan máis a convivencia.

Cando levamos tanto tempo vivindo no medio dunha grave crise sanitaria, económica e por tanto tamén social, cando a rifa leva instalada meses entre as bancadas dos parlamentos, cando tamén alcanza ao seo do Consello de Ministros, cando parece converterse no modus operandi da política, a das siglas por encima das persoas, cando a soberbia e a mentira son os acenos de identidade do Goberno de España, cando estas e tantas cousas angustian cada día máis aos españois, o diálogo entre líderes políticos de diferente signo antóllaseme como a mellor noticia destes últimos días.

Que o ruído deixe paso ao diálogo é como ese armisticio, esa procura de asinar a paz entre os nenos de 3º e 5º de primaria cansados de ver como uns destrúen o que outros levantan. Todos desexamos que cese o ruído de fondo, que os que teñen na súa man asinar fágano nesa folla do colexio que dicía “asinade se queredes facer as paces”. Os nenos outra vez dándonos exemplo. Oxalá que non perdan a súa incipiente capacidade de dialogar e poñerse de acordo. Pronto serán eles os que terán que dialogar desde as institucións, as empresas, os gobernos. Que os nenos de hoxe aprendan a buscar a paz, o armisticio, será garantía dun futuro en mellor convivencia.


miércoles, 17 de marzo de 2021

Los trenes de mentira

Si algo se ha demostrado a lo largo de la historia es el efecto del dicho “miente, que algo queda”, atribuido a Voltaire aunque probablemente su origen sea de siglos antes.

Durante los últimos días conocimos dos noticias que sin duda que nos han llamado la atención: Por un lado la referida al acto propagandístico celebrado en el Ayuntamiento de Monforte y protagonizado por su alcalde, la Presidenta del ADIF y el Secretario General de Infraestructuras, los tres lucenses. Acto para los medios y sin invitar a otras instituciones ni representaciones sociales. Y por otra parte la amplia entrevista a la Presidenta del ente ferroviario publicada el domingo en este diario.

Ambas noticias guardan relación y tienen muchas cosas en común: poner, una vez más, en conocimiento de los lucenses los planes del Gobierno de España sobre las mejoras ferroviarias en la línea Lugo-Ourense. Esa línea que o nos engancha en tiempos razonables a la alta velocidad, o nos deja aislados para siempre.

Sobre el acto de Monforte, lo allí anunciado difiere bien poco de lo que, con luz y taquígrafos y ante una amplísima representación de la sociedad lucense, había quedado dicho en mayo del 2018 por el entonces ministro de Fomento del partido Popular.

Ahora, 3 años después y casi a puerta cerrada, se repite con pequeños detalles añadidos aquel proyecto con su correspondiente cronograma y dotación presupuestaria, pero con una sensible diferencia: en el actual anuncio desaparecen las obras más importantes que posibilitaban una línea de alta velocidad, las construcciones de variantes o nuevos trazados en parte del recorrido, lo que permitiría reducir los tiempos de viaje entre ambas ciudades en 23 minutos.

Sobre la entrevista a la Presidenta de ADIF, el ente responsable de las infraestructuras ferroviarias, diré que esta reputada profesional ya ingresó en esta entidad en 2007, ocupando puestos de responsabilidad hasta llegar a la presidencia. Lo chocante es que ella fue testigo directo de todos los anuncios y proyectos presentados con todo detalle sobre esta línea, siendo ella misma la que en ocasiones se los explicó a representantes políticos de esta provincia y a miembros de la directiva de la Federación de Asociaciones de Vecinos.

Ahora o bien le falla la memoria o bien miente deliberadamente cuando en la citada entrevista dice que “cuando llegué a ADIF no había nada respecto a Lugo-Ourense…” Un dislate que no merece más comentarios.

Para los lucenses lo importante es que se han perdido 3 años, se anuncia ahora lo que ya se había explicado en 2018, con el agravante de que se eliminan de aquellos planes las obras que garantizaban una conexión rápida desde Lugo con la auténtica alta velocidad en Ourense.

La renuncia a la construcción de las variantes previstas, ese deprecio a ahorrar 23 minutos entre ambas ciudades, significa que no podremos realizar ese viaje en 60 minutos, o lo que es igual que decir que renunciamos a llegar a Madrid en 3 horas y 20m, un tiempo competitivo con el coche o el avión.

Los lucenses ya estamos cansados de tantos trenes de mentira para ahora tener que soportar mentiras como trenes.


Os trens de mentira

Se algo se demostrou ao longo da historia é o efecto do devandito “minte, que algo queda”, atribuído a Voltaire aínda que probablemente a súa orixe sexa de séculos antes.

Durante os últimos días coñecemos dúas noticias que sen dúbida que nos chamaron a atención: Por unha banda a referida ao acto propagandístico celebrado no Concello de Monforte e protagonizado polo seu alcalde, a Presidenta do ADIF e o Secretario Xeral de Infraestruturas, os tres lucenses. Acto para os medios e sen convidar a outras institucións nin representacións sociais. E por outra banda a ampla entrevista á Presidenta do ente ferroviario publicada o domingo neste diario.

Ambas as noticias gardan relación e teñen moitas cousas en común: poñer, unha vez máis, en coñecemento dos lucenses os plans do Goberno de España sobre as melloras ferroviarias na liña Lugo-Ourense. Esa liña que ou nos engancha en tempos razoables á alta velocidade, ou nos deixa illados para sempre.

Sobre o acto de Monforte, o alí anunciado difire ben pouco do que, con luz e  taquígrafos e #ante unha amplísima representación da sociedade lucense, quedara dito en maio do 2018 polo entón ministro de Fomento do partido Popular.

Agora, 3 anos despois e case a porta pechada, repítese con pequenos detalles engadidos aquel proxecto co seu correspondente cronograma e dotación orzamentaria, pero cunha sensible diferenza: no actual anuncio desaparecen as obras máis importantes que posibilitaban unha liña de alta velocidade, as construcións de variantes ou novos trazados en parte do percorrido, o que permitiría reducir os tempos de viaxe entre ambas as cidades en 23 minutos.

Sobre a entrevista á Presidenta de ADIF, o ente responsable das infraestruturas ferroviarias, direi que esta reputada profesional xa ingresou nesta entidade en 2007, ocupando postos de responsabilidade ata chegar á presidencia. O chocante é que ela foi testemuña directa de todos os anuncios e proxectos presentados con todo detalle sobre esta liña, sendo ela mesma a que en ocasións explicoullos a representantes políticos desta provincia e a membros da directiva da Federación de Asociacións de Veciños.

Agora ou ben lle falla a memoria ou ben mente deliberadamente cando na citada entrevista di que “cando cheguei a ADIF non había nada respecto a Lugo-Ourense…” Un dislate que non merece máis comentarios.

Para os lucenses o importante é que se perderon 3 anos, anúnciase agora o que xa se explicou en 2018, co agravante de que se eliminan daqueles plans as obras que garantían unha conexión rápida desde Lugo coa auténtica alta velocidade en Ourense.

A renuncia á construción das variantes previstas, ese  deprecio a aforrar 23 minutos entre ambas as cidades, significa que non poderemos realizar esa viaxe en 60 minutos, ou o que é igual que dicir que renunciamos a chegar a Madrid en 3 horas e 20 m, un tempo competitivo co coche ou o avión.

Os lucenses xa estamos cansados de tantos trens de mentira para agora ter que soportar mentiras como trens.


miércoles, 3 de marzo de 2021

Detrás de las cifras

Pronto se cumplirá un año desde que, con reacción tardía, nuestro Gobierno asumía que a España también le afectaría el virus generador de esta terrible pandemia. En pocos días pasaron de asegurarnos que aquí solo se darían un par de contagios a encerrarnos en nuestras casas en un duro confinamiento.

En todo este tiempo no hay informativo que a diario no abra con paneles llenos de cifras y estadísticas vinculadas con el virus. Nuevos contagios, pacientes en UCI, fallecido, altas hospitalarias, cantidades, números a los que de manera inconsciente nos fuimos acostumbrando y aceptando impasibles.

En el momento de escribir estas palabras las cifras gubernamentales hablan ya de 69.142 personas fallecidas mientras que el Instituto Nacional de Estadística indica que ya superan los 100.000 fallecidos.

Al margen de la indecencia que supone un Gobierno que oculta más de 30.000 fallecimientos para no encabezar los rankings internacionales, algo que evidencia la infame respuesta a la pandemia, me pregunto si nos hemos parado a pensar en lo que hay detrás de estas cifras, en los dramas que esconden, en la tragedia que ocultan todos y cada uno de los casos.

Después de las sumas de fallecidos, las que más inquietud generan son las de los cientos de miles de personas que están perdiendo su trabajo, los autónomos que no han podido aguantar, las empresas que cierran o se ven obligadas a despedir a sus trabajadores… en definitiva los innumerables proyectos de vida truncados en poco tiempo. La ultima gran empresa forzada a reducir su plantilla ha sido El Corte Inglés, una gran cadena que ante la caída de las ventas regulará el despido de 3.000 personas. Un 3 seguido de tres ceros, cifra que también esconde tras de si el incierto destino de muchas personas y de sus familias.

Como de cifras seguimos hablando, podemos referirnos a las que también generan más confusión que confianza, las relacionadas con las vacunas. Primero nos dijeron que ya estaban aquí y que todo estaba solucionando, después que no las suministrarían en los tiempos y cantidades prometidas. Hoy seguimos sin certezas ni en plazos ni en fechas para confiar en un regreso de la actividad que conlleve la ansiada recuperación. 

Finalmente, un último ejemplo numérico: el 500. Es la cifra que las autoridades piensan autorizar en cada una de las manifestaciones que se quieran organizar con motivo del próximo 8 de marzo. La misma fecha en la que hace un año, con el virus circulando por España, se autorizaron las masivas manifestaciones del 8M, lo que a juicio de expertos provocó una explosión de contagios y la rápida expansión del virus con las consecuencias ya conocidas.

Cuando en este año muchas personas no han podido despedirse de sus familiares fallecidos, otros muchos no han podido visitar a sus padres o abuelos en las residencias, y todos hemos sacrificado besos y abrazos, cuando todavía no hemos dejado atrás esta pesadilla, no parece admisible permitir concentraciones ni de 500 ni de 50 personas. No toca, no es el momento de ningún tipo de concentraciones ni de celebraciones, porque detrás de todas estas cifras y las que aquí no caben hay muchas tristes historias.


Detrás das cifras

Pronto se cumprirá un ano desde que, con reacción tardía, o noso Goberno asumía que a España tamén lle afectaría o virus xerador desta terrible pandemia. En poucos días pasaron de asegurarnos que aquí só #dar un par de contaxios a encerrarnos nas nosas casas nun duro confinamento.

En todo este tempo non hai informativo que a diario non abra con paneis cheos de cifras e estatísticas vinculadas co virus. Novos  contaxios, pacientes en UCI, falecido, altas hospitalarias, cantidades, números aos que de maneira inconsciente fomos afacendo e aceptando impasibles.

No momento de escribir estas palabras as cifras gobernamentais falan xa de 69.142 persoas falecidas mentres que o Instituto Nacional de Estatística indica que xa superan os 100.000 falecidos.

Á marxe da indecencia que supón un Goberno que oculta máis de 30.000 falecementos para non encabezar as clasificacións internacionais, algo que evidencia a infame resposta á pandemia, pregúntome se nos paramos a pensar no que hai detrás destas cifras, nos dramas que esconden, na traxedia que ocultan todos e cada un dos casos.

Despois das sumas de falecidos, as que máis inquietude xeran son as dos centos de miles de persoas que están a perder o seu traballo, os autónomos que non puideron aguantar, as empresas que pechan ou ven obrigadas a despedir aos seus traballadores… en definitiva os innumerables proxectos de vida truncados en pouco tempo. Ultímaa gran empresa forzada a reducir o seu persoal foi O Corte Inglés, unha gran cadea que #ante a caída das vendas regulará o despedimento de 3.000 persoas. Un 3 seguido de tres ceros, cifra que tamén esconde tras de se o incerto destino de moitas persoas e das súas familias.

Como de cifras seguimos falando, podemos referirnos ás que tamén xeran máis confusión que confianza, as relacionadas coas vacinas. Primeiro dixéronnos que xa estaban aquí e que todo estaba a solucionar, despois que non as fornecerían nos tempos e cantidades prometidas. Hoxe seguimos sen certezas nin en prazos nin en datas para confiar nun regreso da actividade que conleve a ansiada recuperación. 

Finalmente, un último exemplo numérico: o 500. É a cifra que as autoridades pensan autorizar en cada unha das manifestacións que se queiran organizar con motivo do próximo 8 de marzo. A mesma data na que hai un ano, co virus circulando por España, autorizáronse as masivas manifestacións do 8 M, o que a xuízo de expertos provocou unha explosión de contaxios e a rápida expansión do virus coas consecuencias xa coñecidas.

Cando neste ano moitas persoas non puideron despedirse dos seus familiares falecidos, outros moitos non puideron visitar aos seus pais ou avós nas residencias, e todos sacrificamos bicos e abrazos, cando aínda non deixamos atrás este pesadelo, non parece admisible permitir concentracións nin de 500 nin de 50 persoas. Non toca, non é o momento de ningún tipo de concentracións nin de celebracións, porque detrás de todas estas cifras e as que aquí non caben hai moitas tristes historias.


miércoles, 17 de febrero de 2021

Juntos y revueltos

Por todos es conocido el mal ambiente reinante en el seno del Consejo de Ministros, en la cocina de Moncloa. Sabíamos que el aceite no se mezcla con el agua y también que el chef de la cocina monclovita buscaría a diario recetas que permitan con ligar ambos elementos y con ello permitirle seguir al calor de esos privilegiados fogones. También sabemos que el vicepresidente Iglesias no es hombre de gestión, sino de provocación y soflamas dando espectáculo para seguir subiendo en cuota de pantalla.

Somos muchos los que pensamos que en esa cocina, por seguir con el símil, el pinche cuestiona la salubridad del establecimiento o la calidad de los ingredientes mientras que Sánchez que se las da de gran chef, guarda silencio y mira para otro lado. Es lo que con gran difusión y ningún arrepentimiento acaba de hacer Pablo Iglesias cuando hace pocos días criticó la democracia española, “en España no hay una situación de plena normalidad democrática”, dixit.

En lo que si tiene razón es en que esa imperfección de nuestra democracia le ha permitido a él y a su pareja sentarse juntos en el mismo Gobierno y pagar con cargo al dinero público la niñera que cuida de sus hijos. Esto sí que es un ejemplo de la imperfección democrática.

Los silencios del chef Sánchez ante los exabruptos de su pinche, su estrategia de que nada malo va con él ha quedado confirmada, pero olvida que quien calla otorga.

Juntos y revueltos andan todos, y no sólo entre rojos y morados sino dentro de las mismas filas socialistas donde las discrepancias son cada día más notorias. Sólo un ejemplo, no hay espacio para más: La Vicepresidenta Ribera hace bandera de la protección del lobo mientras su colega de agricultura le enseña la tarjeta roja.

El revoltijo en la cocina es muy serio, y mucho más cuando los que hablan son los que visten delantal morado. No sólo por sus cuestionamientos a la democracia, también por sus ataques a la Jefatura del Estado, a la monarquía, con la colaboración de la televisión pública, sus ataques a la Justicia en la cara del Consejo General del Poder Judicial, sus disparatadas propuestas con leyes como la ley trans, la de vivienda, la del salario mínimo o la de las pensiones. Todas ellas paralizadas por los enfrentamientos constantes dentro de esa cocina. Unos prefieren la sal, otros la pimienta, y mientras los comensales, los españoles, a pan y agua.

Este domingo 14 y con eses ambiente en la cocina, en el comedor los comensales que esperaban por sus platos se han sobresaltado al abrirse de golpe las ventanas y entrar una fuerte tramontana que levanta los manteles y lanza al suelo copas y cubiertos.

Los españoles tienen muchos motivos de preocupación, por si los efectos de la pandemia en la salud y en los trabajos no fuesen ya suficientes. A un gobierno de personas juntas y revueltas se le unirán ahora las nuevas amenazas, escenarios a día de hoy abiertos e inciertos que pueden abocar al chef a nuevas cesiones que le permitan seguir cocinando, eso sí, unos platos que a los españoles cada día se nos hacen más intragables.

Xuntos e revoltos

Por todos é coñecido o mal ambiente reinante no seo do Consello de Ministros, na cociña de Moncloa. Sabiamos que o aceite non se mestura coa auga e tamén que o chef da cociña  monclovita buscaría a diario receitas que permitan con ligar ambos os elementos e con iso permitirlle seguir á calor deses privilexiados fogóns. Tamén sabemos que o vicepresidente Iglesias non é home de xestión, senón de provocación e  soflamas dando espectáculo para seguir subindo en cota de pantalla.

Somos moitos os que pensamos que nesa cociña, por seguir co  símil, o pique cuestiona a salubridade do establecemento ou a calidade dos ingredientes mentres que Sánchez que llas dá de gran chef, garda silencio e mira para outro lado. É o que con gran difusión e ningún arrepentimento acaba de facer Pablo Iglesias cando hai poucos días criticou a democracia española, “en España non hai unha situación de plena normalidade democrática”,  dixit.

No que se ten razón é en que esa imperfección da nosa democracia permitiulle a el e á súa parella sentar xuntos no mesmo Goberno e pagar con cargo ao diñeiro público a aia que coida dos seus fillos. Isto si que é un exemplo da imperfección democrática.

Os silencios do chef Sánchez fronte os  exabruptos do seu pique, a súa estratexia de que nada malo vai con el quedou confirmada, pero esquece que quen cala outorga.

Xuntos e revoltos andan todos, e non só entre vermellos e morados senón dentro das mesmas filas socialistas onde as discrepancias son cada día máis notorias. Só un exemplo, non hai espazo para máis: A Vicepresidenta Ribeira fai bandeira da protección do lobo mentres o seu colega de agricultura ensínalle a tarxeta vermella.

O  revoltijo na cociña é moi serio, e moito máis cando os que falan son os que visten mandil morado. Non só polos seus  cuestionamientos á democracia, tamén polos seus ataques á Xefatura do Estado, á monarquía, coa colaboración da televisión pública, os seus ataques á Xustiza na cara do Consello Xeral do Poder Xudicial, as súas disparatadas propostas con leis como a lei  trans, a de vivenda, a do salario mínimo ou a das pensións. Todas elas paralizadas polos enfrontamentos constantes dentro desa cociña. Uns prefiren o sal, outros a pementa, e mentres os comensais, os españois, a pan e auga.

Este domingo 14 e con  eses ambiente na cociña, no comedor os comensais que esperaban polos seus pratos sobresaltáronse ao abrirse de golpe as xanelas e entrar unha forte  tramontana que levanta os manteis e lanza ao adoito copas e cubertos.

Os españois teñen moitos motivos de preocupación, por se os efectos da pandemia na saúde e nos traballos non fosen xa suficientes. A un goberno de persoas xuntas e revoltas uniránselle agora as novas ameazas, escenarios a día de hoxe abertos e incertos que poden abocar ao chef a novas cesións que lle permitan seguir cociñando, iso si, uns pratos que aos españois cada día fánsenos máis  intragables.

miércoles, 3 de febrero de 2021

Fatiga

Durante el fin de semana he leído varios artículos firmados por psicólogos en los que relatan lo que sus pacientes les transmiten en sus consultas.

Síntomas como la tristeza o la falta de motivación se encuentran entre los más frecuentes en una sociedad cada día más cansada. Cansada de hacer esfuerzos que el Gobierno exige y sin que a cambio acabemos de ver la salida al túnel, largo túnel de esta pandemia.

Van ya 11 meses desde que irrumpió en nuestras vidas una pesadilla que nunca antes pensamos que llegaríamos a experimentar. Además del largo período de tiempo sin obtener recompensas a tantos sacrificios personales y económicos, otro de los factores que contribuye a esta fatiga es la falta de una información clara y sincera, y transmitida con empatía desde el Gobierno.

Nos han dicho tantas mentiras (“ hemos doblegado la curva”, “ya hemos vencido al virus”, etc.), tantos mensajes contradictorios (“la mascarilla no es necesaria”, “la más carilla es la mejor manera de protegernos”), tanta incompetencia (anuncio a bombo y platillo de la llegada de la vacuna y luego los fines de semana no se vacuna o hay que dejar de hacerlo por falta de dosis), tantas cosas que lo que necesitamos más que nunca son explicaciones creíbles, claras, que sepamos a que nos enfrentamos y cual es el horizonte veraz para salir del túnel. Si esto no se produce tengan la seguridad de que cada día serán más los que encuentren cobijo entre los negacionistas de la pandemia y justificación a sus conductas intolerables.

Son muchos los que han perdido su trabajo y muchos más los que, en sectores como la hostelería, han cerrado sus negocios, algunos para no volver a abrir. Lo que necesitan es ayuda, no solo consuelo, ayuda económica ya. Y aquí en Galicia tenemos un ejemplo de cómo no se debe actuar. Si lo urgente para este sector es la ayuda económica, y las distintas administraciones, desde la local a la autonómica (la central está desaparecida), decidieron crear un fondo de ayuda con aportaciones conjuntas, ¿cómo es posible que no haya acuerdo en la manera de repartir estas ayudas?, ¿cómo no entienden que debe encargarse de ello la que tenga más medios y ha demostrado más eficacia? La respuesta es bien sencilla, la foto. Todos los que exigen ayuda para que la Xunta se haga cargo de sus problemas, ahora lo que quieren y no están dispuestos a ceder, es la foto entregando el talón. La foto, esa es la respuesta, y esta respuesta es la mejor muestra del egoísmo personal que impide que salgamos de esta crisis más fortalecidos, porque con estos ejemplos el sentimiento en la sociedad es de abandono, de sálvese quien pueda.

Si ello no fuese poco, también está la incoherencia que acaba por rompernos los esquemas. Con ese cansancio social y los sanitarios agotados, con una sociedad en su mayor parte cumplidora, acabamos de ver como en Cataluña políticos presos pueden salir de la cárcel abrazarse y mitinear sin limites, a los ciudadanos confinados autorizarles para romper su confinamiento y acudir a los mítines. Todo incoherencia, también burla.

Para superar tanta fatiga todos coincidimos en la necesidad de la unión y la colaboración, todo lo contrario a lo que algunos hoy y desde el escenario político nos están ofreciendo.


Fatiga

Durante a fin de semana lin varios artigos asinados por psicólogos nos que relatan o que os seus pacientes transmítenlles nas súas consultas.

Síntomas como a tristeza ou a falta de motivación atópanse entre os máis frecuentes nunha sociedade cada día máis cansa. Cansa de facer esforzos que o Goberno esixe e sen que a cambio acabemos de ver a saída ao túnel, longo túnel desta pandemia.

Van xa 11 meses desde que irrompeu nas nosas vidas un pesadelo que nunca antes pensamos que chegariamos a experimentar. Ademais do longo período de tempo sen obter recompensas a tantos sacrificios persoais e económicos, outro dos factores que contribúe a esta fatiga é a falta dunha información clara e sincera, e transmitida con empatía desde o Goberno.

Dixéronnos tantas mentiras (“ dobregamos a curva”, “xa vencemos ao virus”, etc.), tantas mensaxes contraditorias (“a máscara non é necesaria”, “a máis cara é a mellor maneira de protexernos”), tanta incompetencia (anuncio aos catro ventos da chegada da vacina e logo as fins de semana non se vacúa ou hai que deixar de facelo por falta de dose), tantas cousas que o que necesitamos máis que nunca son explicacións cribles, claras, que saibamos a que nos enfrontamos e cal é o horizonte veraz para saír do túnel. Se isto non se produce teñan a seguridade de que cada día serán máis os que atopen acubillo entre os negacionistas da pandemia e xustificación ás súas condutas intolerables.

Son moitos os que perderon o seu traballo e moitos máis os que, en sectores como a hostalería, pecharon os seus negocios, algúns para non volver abrir. O que necesitan é axuda, non só consolo, axuda económica xa. E aquí en Galicia temos un exemplo de como non se debe actuar. Se o urxente para este sector é a axuda económica, e as distintas administracións, desde a local á autonómica (a central está desaparecida), decidiron crear un fondo de axuda con achegas conxuntas, como é posible que non haxa acordo na maneira de repartir estas axudas?, como non entenden que debe encargarse diso a que teña máis medios e demostrou máis eficacia? A resposta é ben sinxela, a foto. Todos os que esixen axuda para que a Xunta fágase cargo dos seus problemas, agora o que queren e non están dispostos a ceder, é a foto entregando o talón. A foto, esa é a resposta, e esta resposta é a mellor mostra do egoísmo persoal que impide que salgamos desta crise máis fortalecidos, porque con estes exemplos o sentimento na sociedade é de abandono, de sálvese quen poida.

Se iso non fose pouco, tamén está a incoherencia que acaba por rompernos os esquemas. Con ese cansazo social e os sanitarios esgotados, cunha sociedade na súa maior parte cumpridora, acabamos de ver como en Cataluña políticos presos poden saír do cárcere abrazarse e mitinear sen limites, aos cidadáns confinados autorizarlles para romper o seu confinamento e acudir aos mitins. Todo incoherencia, tamén burla.

Para superar tanta fatiga todos coincidimos na necesidade da unión e a colaboración, todo o contrario ao que algúns hoxe e desde o escenario político están a ofrecernos.


miércoles, 20 de enero de 2021

Lecciones de la vida

Llevamos 10 meses sometidos a una extraña vivencia en la que las cuestiones de salud, economía, y política van haciendo mella en nosotros y el cansancio emocional cobra un protagonismo muy especial en nuestras vidas. De todo ello algo deberíamos haber aprendido, pero algunos hechos me hacen dudar de esa lógica evolución.

En las cuestiones sanitarias la experiencia vivida ha demostrado que desde el primer momento los que tenían las máximas responsabilidades no supieron organizar la batalla contra un virus que ha ocasionado una gran pandemia. Primero nos dijeron que no afectaría a más de un par de casos en España, después que las mascarillas no eran necesarias para al poco tiempo ser obligatorias y su uso inadecuado motivo de fuertes sanciones. De su coste, lastrado por un IVA que primero se dijo que no se podía bajar y luego se redujo ya ni hablamos. Confinamientos ahora sí, ahora no, cierres de actividades en unos sitios, sí en otros no, horarios para encerrarse en casa diferentes en función de cada lugar, cifras gubernamentales de fallecidos que distan muchos miles de acercarse a las que facilitan las estadísticas de otros organismos también oficiales, comités de expertos que terminamos por descubrir eran inexistentes, reduciéndose a uno ya famoso por sus continuas apariciones en la pantalla y por sus erráticas predicciones. No creo necesario continuar. De todo ello deberíamos haber tomado nota y aprendido algo, como mínimo saber si volveríamos a confiar en quienes nos engañaron.

En lo económico también podría agotar el espacio de mi folio sin gran esfuerzo. Primero aquello de “no vamos a dejar a nadie atrás” que enseguida la triste y tozuda realidad acabo por convertir en un eslogan publicitario de escaso éxito. Los ERTES, denostados cuando Mariano Rajoy aprobó esa normativa por los mismos que hoy los promocionan, y los ingresos mínimos vitales colapsaron el sistema y a día de hoy son miles los afectados que no han recibido nada. Por añadir algo más, el imparable número de cierres empresariales y consecuente incremento del número de parados sumado al déficit de record de nuestra economía hace presagiar un panorama muy preocupante. De estas experiencias también deberíamos haber aprendido. Al menos a identificar a los irresponsables y mentirosos.

En la política, que también guarda relación con las cuestiones anteriores, el panorama de este último año nos deja grandes sinsabores por el empeño, quizás empecinamiento, de gobernar a golpe de Decretos huyendo de la búsqueda de los acuerdos más racionales y dando la espalda a los años donde personajes de ideologías opuestas fueron capaces de consensuar las líneas maestras de nuestra convivencia desde hace décadas. 

Los acontecimientos a los que nos enfrentamos desde que nacemos creo que a todos nos hacen reflexionar para en función de las experiencias vividas tratar de corregir errores o tomar nuevas decisiones. Así las emociones juegan un papel muy importante en nuestras vidas.

A la vista de lo que estamos viviendo querría pensar que muchos habrán diferenciado ya entre la verdad y la mentira, entre el error y el engaño, entre la esperanza y la decepción. Aprendido de las lecciones de la vida. Pero no estoy seguro.


Leccións da vida

Levamos 10 meses sometidos a unha estraña vivencia na que as cuestións de saúde, economía, e política van facendo efecto en nós e o cansazo emocional cobra un protagonismo moi especial nas nosas vidas. De todo iso algo deberiamos haber aprendido, pero algúns feitos fanme dubidar desa lóxica evolución.

Nas cuestións sanitarias a experiencia vivida ha demostrado que desde o primeiro momento os que tiñan as máximas responsabilidades non souberon organizar a batalla contra un virus que ocasionou unha gran pandemia. Primeiro dixéronnos que non afectaría a máis dun par de casos en España, despois que as máscaras non eran necesarias para ao pouco tempo ser obrigatorias e o seu uso inadecuado motivo de fortes sancións. Do seu custo, lastrado por un IVE/IVE que primeiro se dixo que non se podía baixar e logo reduciuse xa nin falamos. Confinamentos agora si, agora non, peches de actividades nuns sitios, si noutros non, horarios para encerrarse en casa diferentes en función de cada lugar, cifras gobernamentais de falecidos que distan moitos miles de achegarse ás que facilitan as estatísticas doutros organismos tamén oficiais, comités de expertos que terminamos por descubrir eran inexistentes, reducíndose a un xa famoso polas súas continuas aparicións na pantalla e polas súas erráticas predicións. Non creo necesario continuar. De todo iso deberiamos tomar nota e aprendido algo, como mínimo saber se volveriamos confiar en quen nos enganou.

No económico tamén podería esgotar o espazo do meu folio sen gran esforzo. Primeiro aquilo de “non imos deixar a ninguén atrás” que enseguida a triste e túzara realidade acabo por converter nun slogan publicitario de escaso éxito. Os ERTES, deostados cando Mariano Rajoy aprobou esa normativa polos mesmos que hoxe os promocionan, e os ingresos mínimos vitais colapsaron o sistema e a día de hoxe son miles os afectados que non recibiron nada. Por engadir algo máis, o imparable número de peches empresariais e consecuente incremento do número de parados sumado ao déficit de record da nosa economía fai presaxiar un panorama moi preocupante. Destas experiencias tamén deberiamos haber aprendido. Polo menos a identificar aos irresponsables e mentireiros.

Na política, que tamén garda relación coas cuestións anteriores, o panorama deste último ano déixanos grandes desgustos polo empeño, quizais teimosía, de gobernar a golpe de Decretos fuxindo da procura dos acordos máis racionais e dando as costas aos anos onde personaxes de ideoloxías opostas foron capaces de acordar as liñas mestras da nosa convivencia desde hai décadas. 

Os acontecementos aos que nos enfrontamos desde que nacemos creo que a todos fannos reflexionar para en función das experiencias vividas tratar de corrixir erros ou tomar novas decisións. Así as emocións xogan un papel moi importante nas nosas vidas.

Á vista do que estamos a vivir querería pensar que moitos diferenciarían xa entre a verdade e a mentira, entre o erro e o engano, entre a esperanza e a decepción. Aprendido das leccións da vida. Pero non estou seguro.

miércoles, 6 de enero de 2021

Mi carta

Si todo sale según lo programado este artículo estará en sus manos en la mañana del día 6 de enero, fecha que todavía el Gobierno no ha suprimido de nuestro calendario, la celebración de la Epifanía del Señor más conocido como el día de los Reyes Magos.

En mi carta a Sus Majestades de Oriente este año ni se me pasó por la cabeza incluir cosas materiales. En estos momentos, con una pandemia de consecuencias mortales que está afectando a tantos millones de ciudadanos y en tiempos que previsiblemente son previos a una grave crisis social no estoy para regalos que se puedan envolver. Me puse a pensar, por lo tanto, en qué otras cosas podría desear para mí y las personas a las que quiero.

Algo que espero hayamos incluido todos en nuestras misivas es la salud, la de todos. Posiblemente una de las cosas positivas de esta crisis sanitaria haya sido que muchos habremos valorado todavía mucho más lo que supone gozar de buena salud, la de cada cual y la de las personas con las que compartes tu vida. Todos lo pensamos, pero seguramente de manera especial los que ya hemos celebrado unos cuantos cumpleaños. 

Después de la salud he incluido en mi carta otra cosa que también quisiera pensar que ha formado parte de otras muchas cartas y, por lo tanto, de buenos deseos compartidos. El trabajo para todos y de manera especial para aquellos que lo han perdido en estos últimos tiempos, pero también para los más jóvenes, tantos de ellos extraordinariamente preparados que en busca de un derecho básico para vivir sus vidas han dejado sus pueblos y ciudades de origen y se han desplazado a donde las oportunidades parecían estar al alcance de la mano, aunque para muchos fue un espejismo que los ha llevado a alejarse todavía más de su punto de partida y para otros supuso la obligada vuelta a empezar.

Tras la salud y el trabajo, cuestiones que ya no son míticas, he pedido más y mejor educación para los que ahora se forman y que pronto serán las generaciones que conduzcan nuestra de sociedad. Con los años he percibido una devaluación progresiva de nuestros modelos educativos, primero en los centros de enseñanza, pero también en el seno de las familias, que al fin y al cabo son un reflejo de la manera en que somos educados y donde la pérdida de valores y respetos mutuos son el pan nuestro de cada día.

Como el espacio en blanco del papel de mi carta empezaba a llegar a su final me paré a pensar unos segundos en qué otras necesidades prioritarias debería incluir en ella y no dejar para otro año. Aquí mi vena y vocación política hizo aparición y por ello introduje aquellas cuestiones que hoy echo en falta o percibo a diario cada vez en menores dosis. He pedido para todos los que ostentamos algún tipo de responsabilidad pública o queremos representar dignamente a las personas que nos eligieron para ello, mucha más altura de miras y mucho menos cortoplacismo. Menos fotos y “tuits” y más búsqueda real de acuerdos, de soluciones a los principales retos que la sociedad demanda y necesita. Menos populismos y más realismos. Más concordia y menos enfrentamientos.

Cuando mire hoy en mis zapatos, y los demás días del año al levantarme, buscaré estos regalos y espero que a ustedes y a mi nos hayan sido concedidos estos deseos.  

A miña carta 

Se todo sae segundo o programado este artigo estará nas súas mans na mañá do día 6 de xaneiro, data que aínda o Goberno non suprimiu do noso calendario, a celebración da Epifanía do Señor máis coñecido como o día dos Reis Magos.

Na miña carta ás súas Maxestades de Oriente este ano nin se me pasou pola cabeza incluír cousas materiais. Nestes momentos, cunha pandemia de consecuencias mortais que está a afectar a tantos millóns de cidadáns e en tempos que previsiblemente son previos a unha grave crise social non estou para agasallos que se poidan envolver. Púxenme a pensar, por tanto, en que outras cousas podería desexar para min e as persoas ás que quero.

Algo que espero incluísemos todos nas nosas misivas é a saúde, a de todos. Posiblemente una das cousas positivas desta crise sanitaria fose que moitos valorariamos aínda moito máis o que supón gozar de boa saúde, a de cada cal e a das persoas coas que compartes a túa vida. Todos o pensamos, pero seguramente de maneira especial os que xa celebramos uns cuantos aniversarios. 

Despois da saúde incluín na miña carta outra cousa que tamén quixese pensar que formou parte doutras moitas cartas e, por tanto, de bos desexos compartidos. O traballo para todos e de maneira especial para aqueles que o perderon nestes últimos tempos, pero tamén para os máis novos, tantos deles extraordinariamente preparados que en busca dun dereito básico para vivir as súas vidas deixaron os seus pobos e cidades de orixe e desprazáronse onde as oportunidades parecían estar ao alcance da man, aínda que para moitos foi un espellismo que os levou a afastarse aínda máis do seu punto de partida e para outros supuxo a obrigada volta a empezar.

Tras a saúde e o traballo, cuestións que xa non son míticas, pedín máis e mellor educación para os que agora se forman e que pronto serán as xeracións que conduzan nosa de sociedade. Cos anos percibín unha desvalorización progresiva dos nosos modelos educativos, primeiro nos centros de ensino, pero tamén no seo das familias, que á fin e ao cabo son un reflexo da maneira en que somos educados e onde a perda de valores e respectos mutuos son o pan o noso de cada día.

Como o espazo en branco do papel da miña carta empezaba a chegar ao seu final parei a pensar uns segundos en que outras necesidades prioritarias debería incluír nela e non deixar para outro ano. Aquí a miña vea e vocación política fixo aparición e por iso introducín aquelas cuestións que hoxe boto en falta ou percibo a diario cada vez en menores doses. Pedín para todos os que ostentamos algún tipo de responsabilidade pública ou queremos representar dignamente ás persoas que nos elixiron para iso, moita máis altura de miras e moito menos  cortopracismo. Menos fotos e “tuits” e máis procura real de acordos, de solucións aos principais retos que a sociedade demanda e necesita. Menos populismos e máis realismos. Máis concordia e menos enfrontamentos.

Cando mire hoxe nos meus zapatos, e os demais días do ano ao levantarme, buscarei estes agasallos e espero que a vostedes e ao meu fóronnos concedidos estes desexos.