miércoles, 16 de septiembre de 2020

Soplar las velas

Cada vez que llega esta fecha y me toca soplar las velas reflexiono sobre el paso del tiempo, sobre la velocidad e intensidad con que cada uno vive su vida. Es muy frecuente escuchar expresiones como “estos años se me han pasado volando” o recomendaciones a los más jóvenes para que aprovechen y disfruten de esos años porque “cuando te des cuenta se han pasado los años, esto va muy rápido”. Reflexiones relativas y que cada uno hacemos a nuestra manera y que dependen en gran medida del enfoque de la vida, optando entre la rutina o la búsqueda constante de nuevas vivencias o experiencias.

En todo caso, lo que sí está demostrado es que con frecuencia se vive en modo piloto automático, inmersos en la rutina, rememorando los errores cometidos en el pasado y anticipando en nuestros pensamientos los problemas que nos encontraremos en el futuro, preocupándonos por cosas que no existen y que en la mayoría de las ocasiones nunca llegan a ocurrir, y actuando así nos olvidamos de vivir y disfrutar el presente, el aquí y el ahora.

El cuento “El buscador” de Jorge Bucay nos narra la historia de un hombre para quien su vida es una búsqueda. Un día en un pueblo lejano descubrió un lugar donde habían muchas piedras blancas con inscripciones que contenían el nombre de las personas y el tiempo que habían vivido “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días” o la de “Lamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”. Se sintió conmocionado porque pudo comprobar que el que más tiempo había vivido apenas sobrepasaba 11 años. El cuidador de aquel curioso cementerio le ofreció la explicación. “Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta, y es tradición entre nosotros que, a partir de entonces, cada vez que disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anote en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado, a la derecha, cuánto tiempo duró ese gozo. Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ése es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido”.

Como dijo Jacinto Benavente “La vida es como un viaje por mar, hay días de calma y días de borrasca. Lo importante es ser un buen capitán de nuestro barco” Ahora vivimos tiempos de borrascas, pero la manera en la que como capitanes de nuestro barco afrontemos las olas y vientos serán claves para que los años vividos se acerquen a los tiempos realmente disfrutados.

Hay quien se empeña en añorar constantemente sus años de juventud, olvidando la experiencia adquirida durante el paso de los años. Los 25 años ya no vuelven pero ahora tenemos nuestras mochilas cargadas de experiencia y sabiduría. ¨La mala noticia es que el tiempo vuela, la buena noticia es que tú eres el piloto” (Michael Althuler)

Hoy me toca a mí soplar las velas de un nuevo cumpleaños. Lo quiero hacer consciente de lo que hago en el momento presente, aplicarme aquellos consejos del sabio que decía “cuando como, simplemente como; duermo cuando estoy durmiendo, y cuando hablo contigo, sólo hablo contigo.”

No hay mejor receta, ser conscientes de lo que hacemos en el momento, disfrutar cada minuto de estar vivos. Hoy soplaré las velas.

Soprar as candeas

Cada vez que chega esta data e me toca soprar as candeas reflexiono sobre o paso do tempo, sobre a velocidade e intensidade con que cada un vive a súa vida. É moi frecuente escoitar expresións como “estes anos pasáronseme voando” ou recomendacións aos máis novos para que aproveiten e gocen deses anos porque “cando te deas conta pasáronse os anos, isto vai moi rápido”. Reflexións relativas e que cada un facemos á nosa maneira e que dependen en gran medida do enfoque da vida, optando entre a rutina ou a procura constante de novas vivencias ou experiencias.

En todo caso, o que si está demostrado é que con frecuencia vívese en modo piloto automático, inmersos na rutina, rememorando os erros cometidos no pasado e anticipando nos nosos pensamentos os problemas que nos atoparemos no futuro, preocupándonos por cousas que non existen e que na maioría das ocasións nunca chegan a ocorrer, e actuando así nos esquecemos de vivir e gozar o presente, o aquí e o agora.

O conto “O buscador” de Jorge  Bucay nárranos a historia dun home para quen a súa vida é unha procura. Un día nun pobo afastado descubriu un lugar onde habían moitas pedras brancas con inscricións que contiñan o nome das persoas e o tempo que viviran “Bidueiro Tare, viviu 8 anos, 6 meses, 2 semanas e 3 días” ou a de “ Lamar  Kalib, viviu 5 anos, 8 meses e 3 semanas”. Sentiu conmocionado porque puido comprobar que o que máis tempo vivira apenas excedía 11 anos. O coidador daquel curioso cemiterio ofreceulle a explicación. “Cando un mozo cumpre quince anos, os seus pais regálanlle un caderno, e é tradición entre nós que, a partir de entón, cada vez que goza intensamente de algo, abra o caderno e anote nela: á esquerda, que foi o gozado, á dereita, canto tempo durou ese gozo. Cando alguén morre, é o noso costume abrir o seu caderno e sumar o tempo do gozado, para escribilo sobre a súa tumba. Porque ese é, para nós, o único e verdadeiro tempo vivido”.

Como dixo Jacinto Benavente “A vida é como unha viaxe por mar, hai días de calma e días de borrasca. O importante é ser un bo capitán do noso barco” Agora vivimos tempos de borrascas, pero a maneira na que como capitáns do noso barco afrontemos as ondas e ventos serán claves para que os anos vividos achéguense aos tempos realmente gozados.

Hai quen se empeña en estrañar constantemente os seus anos de mocidade, esquecendo a experiencia adquirida durante o paso dos anos. Os 25 anos xa non volven pero agora temos as nosas mochilas cargadas de experiencia e sabedoría. ¨A mala noticia é que o tempo voa, a boa noticia é que ti es o piloto” (Michael  Althuler)

Hoxe tócame a min soprar as candeas duns novos aniversarios. Quéroo facer consciente do que fago no momento presente, aplicarme aqueles consellos do sabio que dicía “cando como, simplemente como; durmo cando estou a durmir, e cando falo contigo, só falo contigo.”

Non hai mellor receita, ser conscientes do que facemos no momento, gozar cada minuto de estar vivos. Hoxe soprarei as candeas.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Lavado de manos

En su primera aparición pública tras unas inoportunas vacaciones lo único que nos dijo fue que él se quitaba de encima la principal responsabilidad de un Presidente de Gobierno, resolver la situación de emergencia que afecta a todo el territorio nacional.

San Mateo en su narración del falso e injusto juicio a Jesús subraya el acto de lavarse las manos una vez dictada sentencia de muerte por parte de Pilatos mientras se quitaba de en medio ante su pueblo, diciendo “soy inocente de la sangre de este justo. Vosotros veréis”. Aquél histórico lavado de manos de hace siglos vuelve hoy a la memoria de muchos ante la repugnante conducta de un Presidente de Gobierno que lejos de asumir sus responsabilidades constitucionales solo actúa en base a estrategias partidistas con el único fin de no sufrir desgaste y perpetuarse en el poder.

La persona que en junio nos dijo que gracias a él y a sus medidas se habían salvado 450.000 vidas y que “hemos vencido a la pandemia” animándonos a todos a “salir a la calle”, la que nos mandó ese tipo de mensajes ahora nos dice que cada palo aguante su vela, que él ya hizo todo lo que tenía que hacer y ahora son las Comunidades Autónomas las que deben adoptar las medidas que consideren oportunas y que él arrimará el hombro pero sólo bajo petición, porque la responsabilidad ya no está en sus manos limpias.

La realidad dista mucho de la propaganda gubernamental. La dura realidad sitúa a España a la cabeza de Europa en número de contagios a gran distancia de los siguientes países. La caída de nuestra riqueza nacional ha batido todos los récords, y mientas el paro se dispara las prometidas ayudas no llegan a los que las necesitan. Todavía son miles de trabajadores en ERTE los que no han cobrado desde marzo.

Frente a este panorama y en el puente de mando del barco donde vamos todos no hay más que un aspirante a capitán, sin conocimientos y sin ganas de dejarse ayudar, preocupado solamente de su imagen. Ante las grandes olas que ya nos azotan y las que asoman por el horizonte, algo que él mismo en su día calificó como “la peor crisis sanitaria de la historia”, ha renunciado a ejercer sus funciones de coordinación y ha lanzado 17 botes salvavidas para que cada uno de sus responsables adopte las medidas oportunas mientras él, parapetado en la Moncloa, sigue mirándose en el espejito “Redondo” y preguntándose si habrá en la faz de la tierra alguien más guapo que él.

Sólo las personas sin escrúpulos son capaces de, en situaciones de emergencia, ante graves crisis sociales y económicas, adoptar la práctica del lavado de manos, escabullir sus responsabilidades y dejarnos al albur de las tormentas.

Quiero recordar hoy una de sus celebres frases pronunciada el 4 de abril desde todas las pantallas de televisión en aquellas interminables alocuciones: “Estamos aprendiendo, los niños de este país se lavan ahora más las manos que hace tres semanas”. Con aquella frase trababa de vender uno de sus “logros” de gestión, y hoy recobra actualidad porque nos hemos dado cuenta de que ha sido él el que mejor aprendió a lavarse las manos en estos meses.

Espero que los niños de hoy, los hombres de mañana, no hayan aprendido de este Presidente la forma de lavarse las manos. 


Lavado de mans

Na súa primeira aparición pública tras unhas inoportunas vacacións o único que nos dixo foi que el se quitaba de encima a principal responsabilidade dun Presidente de Goberno, resolver a situación de emerxencia que afecta a todo o territorio nacional.

San Mateo na súa narración do falso e inxusto xuízo a Jesús subliña o acto de lavarse as mans unha vez ditada sentenza de morte por parte de Pilatos mentres se quitaba de no medio fronte o seu pobo, dicindo “son inocente do sangue deste xusto. Vós veredes”. Aquel histórico lavado de mans de hai séculos volve hoxe á memoria de moitos fronte a repugnante conduta dun Presidente de Goberno que lonxe de asumir as súas responsabilidades constitucionais só actúa en base a estratexias partidistas co único fin de non sufrir desgaste e perpetuarse no poder.

A persoa que en xuño nos dixo que grazas a el e ás súas medidas salváronse 450.000 vidas e que “vencemos á pandemia” animándonos a todos a “saír á rúa”, a que nos mandou ese tipo de mensaxes agora dinos que cada pau aguante a súa vela, que el xa fixo todo o que tiña que facer e agora son as Comunidades Autónomas as que deben adoptar as medidas que consideren oportunas e que el arrimará o ombreiro pero só baixo petición, porque a responsabilidade xa non está nas súas mans limpas.

A realidade dista moito da propaganda gobernamental. A dura realidade sitúa a España á cabeza de Europa en número de contaxios a gran distancia dos seguintes países. A caída da nosa riqueza nacional ha batido todos os récords, e mintas o paro dispárase as prometidas axudas non chegan aos que as necesitan. Aínda son miles de traballadores en ERTE os que non cobraron desde marzo.

Fronte a este panorama e na ponte de mando do barco onde imos todos non hai máis que un aspirante a capitán, sen coñecementos e sen ganas de deixarse axudar, preocupado soamente da súa imaxe. Fronte as grandes ondas que xa nos azoutan e as que asoman polo horizonte, algo que el mesmo no seu día cualificou como “a peor crise sanitaria da historia”, renunciou a exercer as súas funcións de coordinación e lanzou 17 botes salvavidas para que cada un dos seus responsables adopte as medidas oportunas mentres el, parapetado na Moncloa, segue mirándose no espelliño “Redondo” e preguntándose se haberá na face da terra alguén máis guapo que el.

Só as persoas sen escrúpulos son capaces de, en situacións de emerxencia, fronte ás graves crises sociais e económicas, adoptar a práctica do lavado de mans, fuxir d as súas responsabilidades e deixarnos ao azar das tormentas.

Quero lembrar hoxe una dos seus celebres frases pronunciada o 4 de abril desde todas as pantallas de televisión naquelas interminables alocucións: “Estamos a aprender, os nenos deste país lávanse agora máis as mans que fai tres semanas”. Con aquela frase trababa de vender un dos seus “logros” de xestión, e hoxe recobra actualidade porque nos demos conta de que foi el o que mellor aprendeu a lavarse as mans nestes meses.

Espero que os nenos de hoxe, os homes de mañá, non aprendesen deste Presidente a forma de lavarse as mans.